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Posts Tagged ‘Ramón Olvera’

Llegó un día de mayo proveniente de México en la época en que ser mexicano era más o menos ser portador de la peste bubónica por efecto de la perversa propaganda alrededor de la gripe AH1N1. No voy a decir que no tuve prevención cuando lo saludé por primera vez, pero la magia de las afinidades y el calor de su trato disolvieron para siempre los escrúpulos. Me pareció muy joven para lo que imaginé que era por las conversaciones virtuales previas, pero detrás de esa apariencia real (un chino de poco más de 30 años), fui descubriendo a un hombre sorprendente, maduro, cordial, tierno, un poco asustadizo y consentido, pero culto, muy culto, gran conversador y lleno de una energía que fue llenando los espacios que compartimos con tanta fraternidad.

Estuvo diez meses en esta locombia, diez meses bien vividos que le alcanzaron para estudiar, escribir, hacer muchos amigos, pasear, colaborar con las actividades en la universidad, rumbear. El primer fin de semana lo llevé a la Feria de las colonias, donde se enamoró de la música llanera, luego me acompañó a Ibagué, donde descubrimos un tema para ficcionar y reír: la tenebrosa entrada de un hostal con pretensiones de Hotel: el Hotel América.

Se fue haciendo imprescindible, hasta el punto de que no concebíamos una reunión o un paseo sin pensar en invitar al Ramón. Se hizo amigo de Yaneth y de mis hijos y de mis amigos y de mis estudiantes, gracias a esa capacidad de cambiar de vídeo cuando era necesario,. pues Ramón es capaz de hablar de música vieja y de rock metal o de la más fina poesía y de culinaria latinoamericana sin solución de continuidad. Eso hizo que Ramón fuera el amigo de todos

Su delgadez memorable no tuvo cambios a pesar de que aquí comió de todo: desde el más sano ajiaco bogotano hasta la fritanga más grasosa y nada, no logramos engordarlo. Y eso que se bebió la mitad de las reservas del licor bogotano: desde el wisky chiviado hasta cervecita de todas las marcas y pelajes, pasando por rones de todos los grados. Ni siquiera su sincero y pertinaz interés y práctica de un deporte tan exótico en la fría y aislada Bogotá como la natación (no salia de la piscina) hizo algún efecto sobre su escualidez. Pero su generosidad dio también para que nos ofreciera varias sesiones de maravillosa culinaria méxicana.

Pasó con nosotros la navidad y la noche de año viejo del 2009 y demostró que su estado físico no da ya para mucho, ni siquiera en su deporte favorito: el basquetbol. Pero nos enseñó más de una verdad: la verdad de la amistad sincera, de la calidez humana, del trato sin reservas, de la poesía más bella (no sólo su ya internacional Pubis al cielo, sino sus sonetos inéditos y los poemas que aquí escribió y que verán pronto la luz publica), del humor que deshace entuertos y de la paciencia; todas lecciones para la vida.

La confianza alcanzó para compartir secretos, para soñar proyectos y hasta para conocer su  vida personal, sus inquietudes, sus miedos, las dificultades familiares que no faltaron, su ser más  íntimo.

¡Y cómo despotricamos de dos cabrones tan cabrones como Calderón y Uribe!

Nos vas a hacer mucha falta cabrón, amigo, nos vas dejar muy solos, pero las puertas aquí, lo sabes, estarán siempre abiertas.

Un abrazo, y mi amistad eterna

Cuando un amigo se va…

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