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Archive for the ‘Cartas de amor desde Buenos Aires’ Category

Negrita:

Te quiero mucho, muchísimo. Sólo ansío reducir el tiempo, acortar las horas, hacerle trampa a las fechas, romper los días, estirar mis brazos y alcanzarte, gritar tan fuerte que me oigas, lanzarme al vacío, perforar la tierra, meterme por el espejo, cambiar de posición en mi cama y tropezar con tus rodillas, rasgar el cielo, romper los bombillos, atar los recuerdos, meter un gol, hacer una cesta, caminar con las manos, escupir madrazos, patear las piedras, comer sancocho, repetir tus palabras, comerme tus ojos, apagar el sol, levantarme tarde, quemar mis zapatos, tomar mate, nadar, escuchar a Silvio, leer un libro, escribir un poema, electrocutar la tristeza, destrozar las cobijas, estrenar zapatos, ir al cine, cortar las persianas, rasgar el viento, atracar el frío, putearlo, fabricar combustible nuclear y lanzar una bomba, matar un gato, besar tus labios, violarte, salir por la noche a encontrarte, derrocar el gobierno, escribir un cuento, cambiar de emisora, raptar una estrella, hablarte, besarte, ansiar y ansiarte.

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Negrita Linda:

Anoche me dijo Oscar que habló con Martha Lía y que ella le contó que había desayunado contigo. Mientras Oscar describía la escena de vuestro encuentro, sentí como si de verdad hubiera estado contigo de alguna manera. Incluso creí sentir lo que habías sentido y la tristeza hizo una pequeña pausa.

Amaneció el 15 y mis ojos recorrieron rápidamente el mapa de sudamérica. Bastó un segundo para llegar de Buenos Aires a Bogotá y volver. Un escalofrío rompió mis huesos. tuve que sentarme a suspirar.

Ahora escucho música. Las imágenes del recuerdo bailan siguiendo el ritmo lento de las notas. Estás tu, bronceada generosamente por el sol. Desde tus ojos, las olas suaves de San Andrés avanzan y retornan. Me embriago, también bailo y te beso. Tu olor me sacude

Antes. en la época en que éramos creaturas, antes, mientras yo montaba algún triciclo y tu alimentabas tiernamente a tu muñeca, tuve mi primera intuición de amor. Era quizá ls brisa del destino que anunciaba el nacimiento ancestral de nuestros besos. Antes, entonces, me crei enfermo y tuve fiebre y tomé los antibióticos que, inocente, recetó el doctor.

Así, desmesurado y loco, cruzó el primer pensamiento erótico que anticipaba tu cuerpo esbelto: saltabas como el gato que, jugando, quiere atrapar la pelota que su dueño le ha regalado. Yo miraba intentando ser discreto. Imposible, tú me miraste y descubriste el fuego de mi piel en el guiño inconciente de mi ojo izquierdo. En realidad no fue tan inconciente el guiño, en realidad no descubriste mis intenciones, ya deseabas también lo mismo.

Esta noche es fría. Como aquella que nos envolvió por primera vez en el amor. Sólo que no está la ruana que nos sirvió de colchón y tampoco están tus piernas formidables para perderme en la sinuosa figura de sus rodillas espirales.

Esta noche me sumerjo en el deliriro de tu ausencia y trato de nadar a contracorriente por el agua de tus bondades. No avanzo. Me asfixio, reboto contra las piedras de tu cauce, me atrapa un remolino y termino, agotado, en la playa de mi propia nostalgia.

Esta noche tengo frio. No estás tú, no me acarician tus piernas formidables. Tus ojos esquivan mi mirada. Te amo y tú te alejas. Te amo y no me escuchas. Te miro y no me encuentras

Esta noche te amo desesperadamente.

Jaime  

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