Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Ejercicio artìstico’ Category

Muchachos: quizás hoy sea mi último día sobre la tierra. El deterioro ha alcanzado, por fin, órganos vitales. Es cuestión de horas, según ha dicho el médico. Así que espero acompañarlos muy pronto, donde quiera que estén ahora, para hacer el balance de las cosas que han sucedido en estos últimos tiempos. Tal vez, descarados, estén gozando de una cerveza fría, como en los viejos tiempos o, lo más seguro, de una ardorosa temporada de verano en los infiernos. Lo cierto es que la suerte que ustedes han merecido es la misma que me tocará padecer muy pronto. No existió diferencia esencial en nuestras vidas, no tiene por qué existir ahora en el más allá. La cuestión era, más bien, quién habría de llegar primero y qué ventajas tendría esa presteza. Me imagino por eso a Raúl preparando el camino y a Enrique pelando allá, sólo por llevarle la contraria. La suerte que tengo, creo, consiste en haber partido de último, en haber resistido un poco más que ustedes, muchachos, pues me evito así abrir trocha, actividad que, ustedes lo saben, nunca fue compatible ni con mi condición física ni con la espiritual.

De modo que también es la última oportunidad que tengo para notificarles (utilizando esta primitiva herramienta llamada escritura, propia de algunos de los más necios mortales que todavía habitamos la tierra) que hicimos parte de una raza en extinción: los últimos humanistas. Ni siquiera sé por qué lo hago, si ustedes ya debieron darse cuenta de tan flagrante hecho (o no habrían partido tan pronto, dejándome aquí como al último idiota). Creo que es una cuestión de consuelo (de tontos, si quieren), más que de revelaciones.

El asunto, muchachos, es que he descubierto que el fracaso de mi obra ha obedecido menos a mi propia incapacidad personal para producir resultados sublimes, que a la imposibilidad objetiva para hacerlo. Sin una confianza extrema en el poder de la escritura, sin una fe a toda prueba en el arte creador como una vocación sagrada, sin la seguridad en el poder visionario del escritor, sin la certeza de que la imaginación, la forma perfecta y la verdad del texto literario, constituyen una presencia inalienable, sin la apuesta por la superioridad epistemológica de la literatura imaginativa sobre la ciencia o sobre cualquier otra forma de discurso empírico, no hay posibilidad de llegar a resultados sublimes.

Pero hoy, por hoy, muchachos, a lo más que se puede llegar es a la basura que se produce todos los días en la televisión o en la publicidad. Nosotros los poetas y los novelistas nos encontramos a diario con circunstancias nuevas e impredecibles que están desalojando a la literatura (y sus valores) del mundo social en formas sumamente dolorosas y frustrantes. El mundo ha cambiado, pese a que nosotros pensábamos que lo estábamos impulsando con nuestros egos poderosos. Y ha cambiado de manera que ya no podemos reconocerlo, de manera que nunca esperamos y que probablemente ya no comprenderemos. El cambio es más poderoso de lo que habíamos pensado.

Por eso, muchachos, la literatura pertenece ahora a ese basurero de los sueños de la historia. Y nosotros que creíamos que estábamos haciendo una tarea importante, y nos portábamos, por eso, arrogantes y seguros, incapaces de percibir los signos verdaderos. Hoy me siento como aquél personaje de Borges (en su relato El muerto, ¿lo recuerdan?) al que por lástima (pues estaba condenado, y todos, menos él, lo sabían) le dejaron jugar a la soberbia y al poder. El pobre se sintió poderoso de verdad, pues su entorno se comportaba como respondiendo a la lógica de su autoridad. Hasta la mujer del verdadero Patrón fue su mujer, y los subalternos obedecían sin rechistar, y él no dudaba de su poder y de su influencia. Hasta que el Patrón (que él había creído muerto por sus propias manos) apareció y volvió a poner las cosas en orden. Y el desdichado fue ejecutado y enviado al basurero, de donde jamás debió salir.

¿No es eso lo que nos ha pasado, muchachos? ¿No nos creímos acaso siempre los patrones, los dueños de la verdad, mientras los otros, por lástima, leían nuestras páginas y nos hacían comentarios benévolos, y nosotros nos tragábamos entero el cuento?

La verdad, muchachos, es que durante los últimos años hemos vivido, sin darnos cuenta, una época de disturbios radicales: los valores del romanticismo y del modernismo han sido completamente trastocados. Al autor, cuya imaginación creadora se la tenía como fuente de la literatura, se le declara muerto o un simple ensamblador de diversos retazos de lenguaje y de cultura; los escritos ya no son más que collages o textos. A la gran tradición literaria se la ha descompuesto de diversas maneras. La propia historia queda descartada como pura ilusión. Se sostiene que la influencia de los grandes poetas no sólo no es benéfica, sino más bien una fuente de angustia y debilidad. Las grandes obras carecen de sentido: están plagadas de infinidad de sentidos, pues todo sentido es siempre provisional. La literatura, en vez de ser vehículo y modelo de experiencias, se la considera un discurso autoritario: la ideología de un patriarcado etnocentrista. La crítica, otrora la sirvienta de la literatura, ha proclamado su independencia e insiste en que ella es también literatura.

Como sobrevivientes del viejo orden, se nos vio desconcertados, refunfuñones y furiosos, pues para nosotros el cambio no era más que otra traición de los escribanos, a los cuales identificábamos a menudo (¿o no?) como un grupo de críticos radicales que practicaban la hermenéutica de la sospecha, y entre los cuales incluíamos a los estructuralistas y a los posestructuralistas; a todo proclamador del supuesto engaño de las concepciones tradicionales de la literatura, a todo promotor de una poética militante, destinada a atacar la sociedad burguesa, socavar su ideología y denunciar toda autoridad como ilegítima y represiva. Entre los escribanos englobábamos también a las feministas quienes denunciaban nuestra literatura como instrumento del dominio masculino. Pero también a los neomarxistas (otros más de la lista), para quienes la literatura era una institución capitalista, un aparato disfrazado de su hegemonía. Y, finalmente a los freudianos, para quienes la literatura era una forma de represión de la libido y de los instintos revolucionarios. Pero, muchachos: pese a nuestras pataletas y a nuestro discurso reaccionario, estábamos más empotrados en medio de ese mundo de escribanos, los verdaderos dueños del poder, quienes nos miraban con rareza y benévola compasión, pero que, a la hora de la verdad, a la hora de cortarnos el paso, actuaban sin la menor piedad.

La sospecha no sólo florece en las universidades o en las academias, y tú, Raúl, lo sabes muy bien; al fin y al cabo ésa fue la causa de tu desgracia. Hace parte de un cambio cultural mucho más profundo y extenso: no sólo las artes, sino nuestras instituciones tradicionales, la familia, la ley, la religión y el estado, se han descompuesto. Y la gravedad de estos cambios hacen que la muerte de la literatura romántica parezca baladí. Lo que pasa es que observar qué le ha ocurrido a la literatura como parte de la revolución social llamada laxamente posindustrialismo, que ha venido transformando la vida moderna en occidente, proporciona a la vez un marco histórico para entender el cambio literario y una escala que mide con precisión el papel interesante pero limitado que ha desempeñado en lo que está ocurriendo. Es cierto, muchachos, admitámoslo, la muerte de la literatura podría resultar interesante sólo por la manera esquemática y precisa en que representa cambios que suceden en otros escenarios (la familia por ejemplo) en formas más complicadas y menos obvias. Ofrece casi un ejemplo de laboratorio del modelo de cambio institucional (la extraña y compleja inversión de valores, por ejemplo) y del viraje paradigmático de nuestros tiempos.

De ese dramático viraje que nos ha dejado por fuera, conocemos los síntomas: la transformación de la economía manufacturera en una de servicios, el paso de un modo de almacenar y obtener información basado en la imprenta a un modo electrónico, de una economía de la escasez y el ahorro a la “sociedad de la abundancia” consumista, de una política de la representación a una política del activismo social individual y grupal, de una concepción positivista de los hechos a una concepción relativista de la imagen, de una aceptación de la autoridad a la libertad individual de elegir, y de una disciplinada autonegación del hedonismo, a la permisividad, la autoindulgencia y el culto del narcisismo.

Un dato más, muchachos: la pérdida de la confianza artística (del artista, del sentido de sus actos), empieza ya a reflejarse en las obras mismas, como en esa imagen terrible de la novela de Bernard Malamud: The Tenants, en la que la indiferencia del público y el sentimiento cada vez más fuerte de que el escritor no tiene nada que decir, sume al protagonista-escritor de la novela en el silencio. De ahí que los narradores seamos ahora tan proclives a inventar cuentos humanistas sobre cómo los literatos se encuentran con circunstancias nuevas e impredecibles que los están desalojando del mundo social.

La crítica literaria reconoció la muerte de la literatura y en el mundo de todos los días el asunto se nos complicó. La vieja literatura del romanticismo y el modernismo murió en parte por suicidio, en parte por asalto criminal. Se podrían echar culpas particulares, muchachos, pero es mejor entender esto como parte de un cambio cultural, de una alteración social más amplia.

Visto este contexto no resulta extraño que la literatura se derrumbe. No se sabe que será de ella en el futuro, a lo mejor desaparezca con la imposición de una cultura electrónica o a lo mejor quede reducida a un papel ceremonial o, en tanto acontecimiento histórico, quizás termine, como lo he dicho ya, en el basurero de los sueños de la historia.

Sigue habiendo la esperanza de encontrar función a esa manera distinta de escribir y pensar, pero por ahora, los intentos han caído en una simple acción propagandista de las causas de las minorías. Los nuevos enfoques parten del desprecio de la tradición y del acervo literarios: los escribanos muestran el vacío de los textos y del lenguaje literarios, los marxistas muestran cómo las obras literarias han sido utilizadas como instrumentos de poder. De esta manera a la literatura se la vacía de contenido para servir a causas sociales y políticas consideradas más importantes que los propios textos. Hay un valor de choque en estos ataques contra la integridad del texto y contra sus valores positivos, que hacen difícil que la literatura a largo plazo pueda considerase digna de leerse o interpretarse.

Es cierto, chicos, nos tocó vivir, en pleno, la fase apocalíptica del viejo orden literario que se desmorona sobre sí mismo en una época de cambio social, y nosotros apenas si nos dimos cuenta de todo eso. Basta hacer un balance sincero de cuánto estuvieron dispuestos nuestros mejores amigos a leernos. Tendrán que perdonarme este tono solemne que he utilizado, pero era la forma menos complicada de hacerlo. La urgencia del mensaje lo exigía. Y no podía quedarme callado. Tenía que decirlo antes de emprender el viaje definitivo. Sigan riéndose muchachos de mis frasesitas: no saben ustedes cuán grato es escuchar sus risotadas desde la eternidad. Ese es mi consuelo: pensar que allá podemos seguir riéndonos de todo.

Hasta muy pronto, muchachos.

Read Full Post »

PROYECTO DE CREACIÓN COLECTIVA PARA NARRATOPEDIA

La idea es producir una narrativa (si es que se puede hablar de narrativa cuando se combina el espacio virtual y el tiempo real, pues gubern y piscitelli dudan de llamar estos ejercicios narrativos; y por eso tal vez sea mejor hablar de simulación. Ver abajo apartado sobre simulaciones) que aproveche eficazmente los distintos medios: novela (tal vez en forma de e-book), blog, wiki, google maps, second life, videojuego, facebook, twitter, narratopedia, arte en vídeo, vida real, comic y otros. El tema: la manipulación que produce un grupo o secta que aprovecha el asunto del fin del mundo 2012 para inducir a gente ingenua (dispuesta a todo por salvarse) a una loca  carrera de salvación.

espero vincular inicialmente mi “experiencia” real con  extraterrestres o contactados: américa, alicia contursi, pedro barbosa y obviamente jugar con el probable origen o carácter extraterrestre de cuatro de mis personajes históricos más queridos y estudiados: hypatia, kepler, sábato, lévy (indagar toda una saga literaria de de  inmortales: borges, shakespeare)

mucho de sur, este y norte en todo esto, pero un claro horizonte para el oeste

Tambièn mucha simulaciòn (levy), mucho performance (levy – abuin) , mucha interactividad participativa (ryan) y mucho mucho caos (abuin). Ver en seguida referentes concpetuales

Algunos referentes conceptuales:

Tomado de Lévy:

Simulaciones

Antes de hacer volar un avión por primera vez, se recomeniendahaber probado de una manera u otra la forma en que susalas reaccionaran ante los vientos. la presión del aire y las turbulenciasatmosféricas. Por rozones de coste evidentes, sería incluso preferible tener una idea de la resistencia de las alas previamentea la construcción de un prototipo. A tal efecto, se puedeconstruir tul modelo reducido del aeroplano y someterlo a vientosviolentos con un ventilador. Durante mucho tiempo, se haprocedido así. Las potencias de cálculo de los ordenadores aumentany sus costes disminuyen, yahoraes más rápido y menoscaro facilitar a un ordenadoruna descripción del avión, una descripcióndel viento, y pedirle que calcule a partir de esto unadescripción del efecto del viento sobre las superficies que lo hande soportar. Se dice entonces que el ordenador ha simulado la resistencia al aire del avión. Para que el ordenador dé una respuestacorrecta, las descripciones que se le proporcionan, tantolas del avión como las del viento, han de ser rigurosas. precisas,coherentes. Se llama modelos a estas descripciones rigurosas delos objetos o de los fenómenos que hay que simular.El resultado de la simulación se puede facilitar bajo la formade una lista de números binarios indicando, por ejemplo, la presión máxima sobre cada cm- de las alas. Pero el mismo resultado puede obtenerse con imágenes fijas que representan el vientre y la espalda del avión. coloreándose cada cuadrado de la superficie en [unción de la mayor presión experimentada. Más que una imagen fija, el sistema de simulación puede proponeruna representación en tres dimensiones, el ingeniero puede entonces hacer girar a voluntad la imagen del avión en la pantalla para observar su superficie desde todos los puntos de vista posibles. El sistema de simulación puede igualmente proponer una representación dinámica, de tipo dibujo animado, visualizando los fenómenos de remolino, la presión sufrida, la temperatura Yotras variables importantes (según elecciones) a medida que el viento sopla más fuerte.

Finalmente, el sistema de simulación puede autorizar al ingeniero a modificar fácilmente ciertos parámetros de la descripción del viento, o la forma y las dimensiones del avión, y a visualizar inmediatamente el efecto de éstas modificaciones. Hemos pasado insensiblemente de la noción sencilla de simulación digital a la nación de simulación gráfica interactiva. El fenómeno simulado es visualizado, se puede actuaren tiempo real sobre las variables del modelo y observar inmediatamente en la pantalla las transformaciones que esto provoca. Se pueden simular de manera gráfica e interactiva fenómenos muy complejos o abstractos, de los que no existe ninguna «imagen» natural: dinámicas demográficas, evolución de especies biológicas, ecosistemas, guerras, crisis económicas, crecimiento de una empresa, presupuestos, etcétera. En este caso, la modelización traduce de maneravisual y dinámica aspectos ordinariamente no visibles de la realidad y tiene que ver, pues, con una especie particular de realización escénira.

Estas simulaciones pueden servir para ohseIvar fenómenos o situaciones según todas las variaciones imaginables, para afrontar el conjunto de consecuencias e implicaciones de una hipótesis, para conocer mejor objetos o sistemas complejos o explorar universos ficticios sobre un modelo lúdico. Repitamos que todas las simuladones reposan en descripciones o modelos digitales de los fenómenos simulados y que no valen más que lo que valen estas descripciones.

Inmanencia

Así, la pragmática de la comunicación en el ciberespacio difumina los dos grandes factores clásicos de totalización de las obras: totalizacíón en intención por el autor, totalización en extensión por la grabación. Con el rizoma y el plan de inmanencia, Deleuze y Guattari han descrito filosóficamente un esquema abstracto que comprende:- la proliferación, sin límites a priori, de conexiones entre nudos heterogéneos y la multiplicidad móvil de los centros en una red abierta;- el hervidero de las jerarquías enmarañadas, los efectos holográficos de envoltorios parciales y en todos sitios diferentes de conjuntos en sus partes;-la dinámica autopoiétíca y autoorganizadora de pobladores mutantes que extienden, crean, transforman un espacio cualitativamente variado, un paisaje lleno de singularidades.

Éste esquema se actualiza socialmente a través de la vida de las comunidades virtuales, cognitivamente por los procesos de inteligencia colectiva, semióticamente bajo la forma del gran hipertexto o del metamundo virtual de la web. La obra de la cibercultura participa en estos rizomas, en este plan de inmanencia del ciberespacio. Por lo tanto, desde el principio está llena de túneles o fallas que la abren hacia un exterior inasignable y está conectada por naturaleza (o en espera de conexión) a unas personas, a unos flujos de datos.

He aquí el hipertexto global, el metamundo virtual en metamorfosís perpetua, el flujo musical o íconíco en crecimiento. Todo el mundo está llamado a convertirse en un operador singular; cualitativamente diferente, en la transformación del hiperdocumento universal e intotalizador. Entre el ingeniero y el visitante del mundo virtual se extiende todo un continuo. Los que aquí se limiten a pasearse, allí quizás inventarán unos sistemas o formarán unos datos. Esta reciprocidad no está garantizada para nada por la evolución técnica, no es más que una posibilidad favorable abierta por nuevos dispositivos de comunicación. Les toca alos actores sociales, a los activistas culturales asirla con el fin de no reproducir en el ciberespacio la mortal asimetría del sistemade los medios de comunicación de masas.

Performance

Los géneros de la cibercultura pertenecen al ámbito de la perfonnance (actuación), como el baile y el teatro, como las improvisaciones colectivas del jaz, de la comedia dell’ane, o los concursos de poesía de la tradición japonesa. En la línea de las instalaciones, solicitan la implicación activa del receptor, su desplazamiento en un espacio simbólico o real, la participación consciente de su memona en la constitución del mensaje. Su centrode gravedad es un proceso subjetivo, lo que los libera de todo cierre espaciotemporaI.Los géneros de la cibercultura pertenecen al ámbito de la perfonnance (actuación), como el baile y el teatro, como las improvisaciones colectivas del jaz, de la comedia dell’ane, o los concursos de poesía de la tradición japonesa. En la línea de las instalaciones, solicitan la implicación activa del receptor, su desplazamiento en un espacio simbólico o real, la participación consciente de su memona en la constitución del mensaje. Su centrode gravedad es un proceso subjetivo, lo que los libera de todo cierre espaciotemporal.

Mientras organizan la participación en acontecimientos más bien que en espectáculos, las artes de la cibercultura vuelven a encontrar la gran tradición del juego y del ritual. Lo más contemporáneo remite así a lo más arcaico, al mismo origen del arte en sus fundamentos antropológicos. La esencia de las grandes rupturas o de los verdaderos “progresos», ¿no consistía -llevando acabo la critica en acto de la tradición con la cual rompen- en una vuelta paradójica al inicio?

Tanto en el juego como en el ritual, ni el autor ni la grabación son importantes, sino más bien el acto colectivo aquí y ahora.Precursor de los ingenieros de mundos, Leonardo da Vinci organizaba unas fiestas principescas que las multitudes animaban con sus trajes, sus danzas y sus vidas ardientes, y de las que no queda nada. ¿A quién no le hubiera gustado participar en ellas? Otras fiestas se preparan para el futuro.

De Abuin (Escenarios del caos):

En la performance, la impredecibilidad es un factor central; en la performance un pequeño cambio en las condiciones iniciales acarrera la irrupción de itinerarios alternativos (el acto performativo es efímero y profundamente variable). En  la performance, la realidad no se representa, sino que se genera: la obra de arte se vuelve flotante, el espectador se convierte en un viajero muy especial, que estructura con sus decisiones la cartografía del conjunto.

Por eso este proyecto no puede ser sino narrativa desnaturalizada, donde le lenguaje se vuelve autorreflexivo, el tiempo se aplana y el cuerpo se libera de lo humano y se hibridiza

La performance se caracteriza por ser lúdica, liminal y liberadora: puede infiltrarse en el texto, desposeerlo y desplazar el poder autorial hacia los márgenes

Aceptación del yo como lugar de transformación y de multiplicidad de identidades; la performance depende del repertorio que circula en vivo a través de gestos, narraciones orales, movimiento (¿cómo traducir esto al mundo virtual, sólo con second life?)

El arte de la cibercultura::  Cuando las formas estéticas se adecuan a los dispositivos de la cibercultura

Los conceptos de género. autor, espectador y obra artística son refigurados en el ámbito de la cibercultura. En primer lugar, siguiendo a Lévy (2007), el género canónico de la cibercultura es el mundo virtual, entendido como la reserva digital de virtualidades sensoriales y de información que no se actualizan más que con la interacción con los seres humanos y que pueden ser eventualmente enriquecidos y recorridos colectivamente. En ese escenario, el artista se convierte en ingeniero de mundo, y pasa a ocuparse de la virtualidades, es decir, se encarga de dar forma arquitectónica a los espacios de comunicación, de coordinar los equipos colectivos de cognición y memoria y de estructurar la interacción.

Del otro lado, aparece la figura del interactuante, usuario de la obra que se implica con ella y participa en la reestructuración del mensaje que recibe. Tanto como las de los ingenieros de mundo, los mundos virtuales multiparticipantes son creaciones colectivas de sus exploradores. Los resultados (o actulizaciones) artísticos de la cibrecultura son obras-proceso, obras-flujo, obas-acontecimiento. En el ciberespacio, cada mundo está potencialmente conectado a todos los otros lo que hace que se confunda el interior y el exterior: “Muchas de las obras de la cibercultura no tienen límites netos. Son obras abiertas, no sólo porque admiten una multitud de interpretaciones, sino sobre todo porque físicamente fomentan la inmersión activa de un explorador y están materialmente entremezcladas con las otras obras de la red… cuanto más explota la obra las posibilidades ofrecidas por la interacción y los dispositivos de creación colectiva, más típica es de la cibercultura… y menos se trata de una obra en el sentido clásico del mismo” (189).

Su universalidad está dada menos por una significación que sea válida en todos los sitios como por su presencia ubicua (universalidad por contacto) y en ese orden de ideas, no se requiere de un autor como garante de significación en el sentido tradicional (el ingeniero de mundo ni firma su obra, ni entrega un entorno acabado), sino que son los exploradores los que construyen no solamente el sentido variable, múltiple e inesperado, sino también el orden de lectura y las formas sensibles.

Pero además, las obras de la cibercultura no fomentan mensajes acabados, no se cierran, son por eso obras-acontecimiento, obras-proceso, obras-metamórficas conectadas, atravesadas, infinitamente reconstruidas y el acto de creación por excelencia consiste en hacer el acontecimiento, aquí y ahora, para una comunidad; incluso en construir el colectivo para quien ocurrirá el acontecimiento.

En ese ambiente los valores de la intención del autor y de la extensión por grabación quedan desvanecidos en favor de una inmanencia radical que promueve conexiones entre mundos heterogéneos y una dinámica autoorganizadora en el que la obra se actualiza socialmente a través de la vida de las comunidades virtuales, cognitivamente por los procesos de inteligencia colectiva y semióticamente bajo la forma del metamundo virtual de la web.

Pero esa continuidad, esa reciprocidad, esa simetría entre ingeniero de mundo, obra cibercultural e interactuante no está garantizada sólo por la evolución técnica, sino que es tarea de los actores sociales, de los activistas culturales, requieren de formas humanas de acompañamiento y andamiaje, vínculos sociales entre pares, relaciones educativas escolares y no escolares, redes culturales, organizaciones comunitarias, movimientos sociales.

En cuanto a los materiales disponibles en el ciberespacio para la creación y su procesamiento, Lévy nos presenta tres formas principales: para el texto: el dispositivo hiperdocumental de lectura-escritura en red: para la música el proceso recursivo de creación y de transformación de una memoria flujo para una comunidad de cooperadores diferenciaos; y, para el caso de la definición del estado virtual de la imagen: la interacción sensoriomotriz con un conjunto de datos. Cada unos de estos materiales y formas de procesamiento se pueden combinar y son potencialmente materia prima disponible.

Ahora, la interacción y la inmersión, típicas de las realidades virtuales, ilustran un principio de inmanencia del mensaje a su receptor: “la obra no está distanciada sino al alcance de la mano… participamos de ella, la transformamos, somos potencialmente autores. La inmanencia de los mensajes a sus receptores, su abertura, la transformación continua y cooperativa de una memoria-flujo de los grupos humanos, todos estos rasgos actualizan el declive de la totalización” (123). Entretanto, el nuevo universal se realiza en la dinámica de la interconexión del hipermedia en línea: “la universalidad proviene del hecho de que todos nos bañamos en el mismo rio de informaciones y de la pérdida de la totalidad de su avenida diluviana” (124)

Los géneros de la cibercultura, nos recuerda Lévy, pertenecen al ámbito de la performance, como las instalaciones, que solicitan la implicación activa del receptor, su desplazamiento en un espacio simbólico o real, la participación consciente de su memoria en la construcción del mensaje: “Su centro de gravedad es un proceso subjetivo, lo que los libera de todo cierre espacio tempotal (128). Se trata (de nuevo), como en el juego y en el ritual del acto colectivo aquí y ahora.

 

 

Read Full Post »

El arte, Laplantine, Marcuse

Read Full Post »