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Archive for the ‘3. Utopías’ Category

De cómo el pasado puede entenderse como deseo y el futuro como fuente.

Estas son algunas referencias utilizables para el estudio de la ciberliteratura latinoamericana


Proto hipertextualidades latinoamericanas


Sobre Borges el gran anticipador

Los estudios de Alfonso del Toro: sobre Borges:

El estudio de Antonio Pinedo Cachero sobre Caologías Borgeanas


El caso colombiano: dos escritores proto hipertextuales

Mario Mendoza: la Tesis de Maestría de Carolina Báez Peñuuela: Espacialidad, devenires y rizomas en la obra novelística de Mario Mendoza


Sobre ciberliteratura hispanoamericana y otras yerbas

Links compartidos de Claire Taylor


Algunas obras ineludibles


Sobre poesía electrónica y otras expresiones

Sobre Teatro electrónico latinoamericano
El capítulo Hallazgos, de la Tesis de Maestría de Wilson Escobar Ramirez: COMPONENTES ESCÉNICOS Y HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS SEMIOLÓGICO DE LOS ESPECTÁCULOS TEATRALES MEDIADOS POR LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

A Manteles, Teatro La Candelaria: Bogotá-Colombia

Santos Inocentes. Mapa Teatro: Bogotá-Colombia

Automóvil Gris: Teatro Ciertos Habitantes: México

MusiCall: YLLANA e IMPREBÍS

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A propósito del texto: La intmidad como espectáculo de Paula Sibilia y de su debate en el seminario

Lo primero es contrastar el énfasis en la dimensión capitalista mercantil que hace  Sibilia en su análisis, con la advertencia que hace Lévy en relación con su teoría de los espacios antropológicos:

1. Ningún espacio antropológico puede destruir los que están “por debajo” de él sin arriesgarse a suprimirse él mismo

2. En el Norte, finalmente, la Mercancía pretende dirigir el Espacio del conocimiento. Es el mal de los países ricos, la sociedad del Espectáculo, el pensamiento ahogado en los medios, en la publicidad. En lugar de intelectos colectivos el Norte solo puede exhibir la tecnociencia, la finanza y los medios, la locura de las multitudes y de la velocidad, la deterritorialización sin freno, exterior, violenta, sin recuperación subjetiva. Este Norte se ha expandido por todo el planeta.

3. ¿De dónde proviene la desorientación actual? De que los descontentos del Norte, los heridos de la deterritorialización, no encuentran otra salida que el llamado a una trascendencia, a un regreso a las jerarquías, a las tradiciones, a la historia, a los “valores” del Territorio. Solo se sabe abandonar el Norte para ir al Este, un Este que no acaba de sobrevivirse y de diseminarse. En cuanto a los decepcionados del Este, se les lleva de nuevo al Norte. Se oscila entre el Estado y el Capital, como si solo hubiera esos dos en el mundo. Otros se viran hacia el Sur, imaginan un dominio de la Tierra que hace temblar. ¿Pero quién ve la cuarta dirección? Poca gente, porque está desierta, porque los que ya la tomaron no dejaron huellas.

En últimas lo que hace Sibilia es describir una de las manifestaciones del “Mal del norte”: la capitalización que hace el mercado y su lenguaje inmanente, el espectáculo de las potencias emergentes del ciberespacio.

A propósito de ese “mal” del norte, estas palabras de Alejandro Queen Medina:

“El mercado habla entonces su propio lenguaje en la proliferación indefinida de imágenes; la sociedad del espectáculo no es sólo el punto de universalización del proceso de fetichización de la mercancía, sino la mutación misma de dicho proceso en la versión verdadera de lo real, esto es, en un plano de inmanencia del mercado”.

Pero quizá hay otro modo de ver las cosas: el que ofrece José Luis Brea en el libro

 Cultura Ram con su concepto de economía_RAM: el capitalismo cultural electrónico:

“Digamos que también ella (la economía)  deviene RAM, se hace economía_RAM.Y ello en virtud de una transformación muy evidente y decisiva: que poco a poco –y al igual que ocurría en el registro de los dispositivos-memoria– ella abandona el territorio del objeto, de la inscripción de objeto (podríamos decir), para articularse en exclusiva sobre el flujo, sobre la distribución red, sobre la pura tensión en línea –en tiempo real– de la libre circulación de los flujos de significancia, inmateriales.
Por supuesto que esto señala un tránsito –que ya es lugar común reconocer– hacia las que se denominan economías del conocimiento, economías en las que los procesos de generación de riqueza tienden de modo creciente a centrarse en la producción de conocimiento, cognitiva (y el capitalismo se hace, de hecho, cognitivo, cultural).
Pero señala al mismo tiempo una transición –no tan evidente– desde las clásicas economías de comercio y mercancía (sentenciadas por el intercambio lucrado de objetos) a las nuevas economías de distribución,economías red,en las que lo único regulable es el accesoa los flujos circulantes de cantidades discretas de información,de contenido”

En relación con la idea de que hay una relación entre la evolución de las tecnologías y la evolución de sujetos (capaces de), esta tabla de Lévy puede dar luces acerca del cambio cualitativo que implican las llamadas tecnologías digitales interactivas: de lo molar a lo molecular:


Habría una especie de refiguración de las funciones de la ficción en tanto artefacto de alteridad: estaríamos pasando de la necesidad de modelos a la exposición directa; lo que llevaría a pensar que los mecanismos de media e intermediación se estaría flexibilizando en favor de una cierta autonomía.

En cuanto a la idea de que lo que cambia son las velocidades “tecnológicas”, estas esclarecedoras palabras de Lévy en relación con las velocidades de los espacios antropológicos:

“Las situaciones y los seres concretos están sumidos en varias frecuencias antropológicas a la vez. Se puede decir que los espacios antropológicos dependen unos de otros porque ningún ser real subsiste en un solo éter, o sin que ninguna comunicación entre espacios venga a alimentarlo. Pero considerado en sí mismo, cada espacio gira sobre él de manera absolutamente autónoma y solo no percibe ni modifica jamás a los otros que según sus principios específicos, trayendo todo a él, solo encontrando en todas partes su propia figura. Seres, entidades concretas, máquinas cosmopolitas atraviesan las cuatro velocidades, pero ninguna puede causar efecto directo en la otra, no puede tocarla. Los espacios antropológicos están en relación, pero según una causalidad sin contacto”

En últimas estamos atravesando siempre y continuamente distintas velocidades, habitamos frecuencias.

Insisto en la necesidad de atender las transformaciones en curso y sus actitudes concomitantes: las barreras (Según Fumero estas se agruparían en:  dificultades ante lo intangible, lo hermético y lo discontinuo y en nuestra tendencia a lo feudal)

Frente a la problemática de lo  continuo/discontinuo o lo viejo/nuevo, dos tonos: en uno (forma de resistencia) se niegan las transformaciones, afirmando que se trata de cosas viejas con ropajes nuevos, en el otro se aceptan esas transformaciones como base para tender puentes.

Levy (2007) sostiene que las innovaciones técnicas no permiten solamente hacer “la misma cosa” más rápido, más fuerte o a mayor escala. Autorizan sobre todo a hacer, a sentir o a organizarse de otra manera. “La problemática de la sustitución impide pensar, acoger o hacer advenir lo cualitativamente nuevo, es decir, los nuevos planos de existencia virtualmente aportados por la innovación técnica” (Levy, 2007, p. 192).

La lección de O´Donnel: Frente a la innovación tecnológica: podemos resistirmos como el monje Trithemius o hacer futurología como  Mc Luhan o desarrollar, deseablemente, una actitud pragmática como Casiodoro, personaje medioeval que  le sirvió a O´Donnel de modelo intelectual para aplicar frente a los recientes cambios tecnológicos. Ese modelo pragmático que habla incluso teóricamente, incluso críticamente a condición de hacerlo con el fundamento de un  contacto práctico con la innovación tecnológica.  El peligro de no hacerlo así es que terminamos hablando desde la especulación retrógrada o desde la especulación futurista.

Si: la imagen también evoluciona, lo ha previsto Roman Gubern en su libro: Del bizonte a la realidad virtual:
Y si: también cambian los modos de producción de conocimiento

¿Es el pensamiento el ultimo refugio de nuestra intimidad o es justamete la posibilidad de compartirlo la que hace revolucionaria la cibercultura? Del Manifiesto de John Perry Barlow:

“El Ciberespacio esta formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en si mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo esta a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no esta donde viven los cuerpos. Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento. Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo”

Ver Además:  comunidades Telepáticas (Pedro Barbosa):

A hiperestesia, a telepatia e a percepção remota, a serem devidamente estudadas e manipuladas, poderiam configurar precisamente esse anseio de uma comunicação universal ideal, mente-a-mente. E isto tanto a nível interhumano e como extra-humano: já porque se prescinde de quaisquer sistemas de signos culturalizados, já porque tudo parece acontecer fora do tempo e do espaço, onde por conseguinte as distâncias, quaisquer que sejam, não constituem obstáculo.

La hiperestesia, la telepatía y la percepción remota, bien estudiadas y manejadas adecuadamente, podrían crear precisamente ese deseo de comunicar un ideal universal,de mente a mente. Y esto tanto a nivel interhumano como extra-humano: ya que carece de sistemas de signos culturalizados, porque ahora todo parece suceder fuera del tiempo y del espacio, donde las distancias, por lo tanto, no son obstácul0.

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Según el interaccionismo simbólico, lo más importante de la vida cotidiana se da en la relación cara a cara

Ahí ya veo una dificultad, frente a la cibercultura (de nuevo: Fumero, transformaciones)

Lo que los interaccionistas piden atender: creación de significados, definición de la situación, interpretación de  lo que ocurre y cómo se forma la idea de los otros y de ellos mismos. Todo significa algo para quien observa una situación, un  objeto o una persona y ese significado depende de lo que la persona intenta hacer frente a esa situación, objeto, persona. Antes de actuar hay una intención y un significado concomitantes.

Proceso de interpretación: al observar escogemos, entre varias opciones posibles, la que se acomode más a mi intención. Pero el significado final que le damos a la situación, objeto o persona es resultado de la trama de interacciones en medio de la situación, de esta firma se refiguraciones los significados previos (Gadamer).

Resonancias:

Algo parecido a lo que Gumbrecht  dice: antes de leer un libro, hay un contacto singular con el objeto, pero ¿se trata de interpretar o de reconocer el acontecimiento?

Kerchove: ¿qué se pierde con la ausencia de una situación cara a cara?

La objeción de Tomas Medina para la democracia participativa

Del protocolo de Rosa Elena

Cabe anotar que la interacción en el ciberespacio y la comunicación mediada por dispositivos tecnológicos, no fácilmente se puede considerar como interacción cara a cara en el sentido del interaccionismo simbólico pero sí responde a uno órdenes relacionales que definitivamente atraviesan y organizan modos particulares de relación entre los sujetos. Se menciona que el hecho que se interactúe con otros, así sea por medio de una interfaz (¿marcos “sueltos”, y “flexibles”?, es una interacción que puede jugar un papel importante en la construcción de significados sobre el mundo, aunque hay cosas que no se perciben por la web, como aquellos elementos más analógicos de la respiración, el olor, la mirada, etc.

Poceso comunicativo en dos sentidos, el digital y el analógico, condicionantes clave de la vida cotidiana. En cuanto a lo digital, cada expresión verbal es susceptible de muchas interpretaciones, el contenido de la conversación permite trayectorias de significado que dependiendo de los focos de interpretación de cada participante de la interacción, derivarán en diversidad de posibilidades en la construcción de los hechos. La vía analógica, también susceptible de muchas interpretaciones, tiene que ver con el encuadre emocional de las relaciones. El gesto, la comunicación no verbal, las posturas, la mirada, todo lo paralingüístico entra a jugar un papel importante como convicción y posibilidad de acción. La interacción humana requiere de lo analógico para pautar modos de interacción que retan los supuestos más racionales de decisión.

Sin embargo, es importante dejar abierto el interrogante acerca de cómo sería la posibilidad de proyectar las comprensiones del Interaccionismo Simbólico acerca de las interacciones cara-cara cuando éstas se dan en la interacciones pantalla-pantalla.

Resonancia Chrsitina HINE y su Etnografía virtual (o virtualizada)

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Resonancias a la sesión del seminario sobre vida cotidiana dedicada a Goffman

Un aspecto especifico del interaccionismo simbólico: La vida = dramatización de roles

Interpretación de varios tipos de información: hacia el conocimiento del otro

Vivimos por inferencias

Técnicas y contingencias de la “actuación”

De la relatoría:

-El actor debe creer en el papel que está desempeñando, si no lo hace, se le califica como cínico

.-El actor debe ser capaz de dramatizar el estatus y las intenciones que quiere comunicar, de lo contrario se habla de problemas de dramatización, como los que enfrentaría un profesor que no lograra hacer creer que transmite conocimiento.

– El actor debe dotarse de una fachada, es decir, de una dotación expresiva en su actuación. En el caso de la fachada personal, ésta se compone de la ropa, las insignias y el uso del lenguaje específico que le corresponde al rol. Se consideran contingencia que una misma fachada sea usada por roles distintos, como ocurre con el uso de la bata blanca entre los médicos y otros profesionales.

– El actor tiende a dramatizar una versión idealizada del rol.

-El actor puede representar algo distinto a lo que él es (tergiversación).

Características de  la interacción social: es inevitable y necesaria y puede darse de distintas formas: entre unidades deambulatorias humanas, como son las personas que caminan en el espacio público; entre unidades deambulatorias mayores, como es una fila; en situaciones convenidas, como es el caso del discurso ante la Asociación, en  ceremonias etc. De la interacción también se puede decir que es limitada, pues se da en un espacio y en un tiempo determinado, y que los sujetos se concentran en ella, invirtiendo energía para mantener los gestos, las posturas, entre otros, y de esta manera controlar la información que sobre ellos se tiene. El proceso se caracteriza por un enorme flujo de información.

En Goffman se da importancia a la fachada, siempre estoy forzado a asumir una fachada

Ojo con la categoría de “reconocimiento”,  esta categoría es diversa y compleja y los procesos de IS activan esta necesidad

¿Cómo se da esta dinámica en el ciberespacio, donde, de nuevo, el cara a cara puede ser eludido y se pueden desarrollar otras técnicas y contingencias?

Ojo: en escenarios de virtualidad, por un lado, los signos, los rastros, las señales se amplían, exigiendo estrategias nuevas de interpretación (¿producción de presencia?). Por otro lado, nos invita a “revisar” las categorías presenciales: virtualizar (la interacción) = potenciar(la) + problematizar (la)

Frente a lo virtual

Si cambiamos la noción de estructura por la de red, es posible extrapolar las consecuencias: Los actores siguen actuando en función de los significados que van apropiando, pero en una lógica de red

Resonancia: La vida en la pantalla (Turkle)

Ojo: de la  identidad a las identificaciones, ejemplo en twitter (Facebook) podemos tener varios perfiles (y en second Life varios avatares avatares)

Aquí se entiende al pavor a la simulación, si alguien simula no hay posibilidad de certezas frente a su subjetividad, pero a la vez es un derecho y una estrategia.

Ejemplo ya desde la literatura (Pessoa: heterónimos; Borges y la simulación rizomática)

La heteronimia se potencia e el ciberespacio y puede ser una estrategia de resistencia

Representación vs simulación, lo primero es más estable, lo segundo es más incierto: alteración de máscaras; multiplicidad, etc.

¿Cómo deberíamos redefinir la vida cotidiana en un contexto complejo como el de hoy con tantas opciones dadas por las expansión mediática?

¿Qué es lo propio de la situación de hoy: diversificación se identidades o múltiples identidades?

Red como dispositivo de fuga, fuga como creación o creatividad

O construcción múltiple de una identidad como algo inacabado

Ojo con la simulación como metodología (más allá de la narrativa etnográfica)

Ejemplo: simulador social

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A MODO DE GRAN CONCLUSIÓN

Hay que repensar la vida cotidiana desde cuatro tensiones:

Trascendencia / Inmanencia  (Lévy)

Tangibilidad / Intangibilidad (Gumbrecht)

Representabilidad / Simulación (Frasca)

Localía / Globalidad (Serres)

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Estas son las resonancias alrededor de la sesión del seminario sobre vida cotidiana Del doctorado, dedicada a Michelle De Certau

La operación interpretativa es fundamental a las ciencias sociales (vs.  Gumbrecht: Interpretación = sistematización del lenguaje con pretensiones universalistas)

Pero el problema estaría no en el acto interpretativo sino en su “producción”: “la pluma puede ocultar el lugar de la eeunciación”. Esto es interesante, pues cabría el mismo peligro en la producción de presencia (!!!)

De Certau, propone por eso la fábula como categoría alterna = táctica que actúa en el campo de la interpretación:

La relevancia entonces de la fábula en de Certeau, aparece en tanto ésta se construye como el motor de la interpretación.  A partir de donde es posible identificar el lugar del otro y desde dónde el otro habla. La fábula además, se presenta como una herramienta narrativa que permite articular la relación que la extrañeza mantiene con la familiaridad

El acto interpretativo logra ser dimensionado como una labor social. Es un acercamiento interdisciplinar que de Certeau hace posible desde la historia y el psicoanálisis, permitiéndole operar a partir la tensión entre ciencia y ficción, entre relaciones causales y narrativa. Se trata de un ejercicio heterológico del saber que se ocupa pertinazmente de propiciar la irrupción de lo Otro.

La cultura occidental ha buscado siempre vigilar y controlar lo  popular

Certau se aparta de Foucault del análisis de lo popular reducido al estudio de lo criminal y lo anormal

Con Duby y Aries, la vida privada  alcanza estatus histórico (¿no hay aquí un anticipo al show del yo?): En lo privado estamos librados de las teatralidades de lo público.

De la reseña de Jorge Uribe:

La vida cotidiana que se despliega en los escenarios públicos y privado, se estructura, en alguna forma, en las prácticas realizadas por los usuarios del poder, para construir subjetividades y significar el tiempo en los espacios. Prácticas, entonces, que se insertan en una ritualidad individual y colectiva.

Las prácticas se componen, cada día, de historias múltiples; se entrecruzan en las calles y en el servicio masivo de transporte; en los pasillos de la prisión y del hospital… Narraciones “sin autor ni espectador” (2004:263), dice De Certeau.

Las prácticas están en las actividades humanas como en el trabajo, la escuela, la casa, la calle… Cada práctica, entonces, implica un tipo de interacción con el otro. Las prácticas son maneras producir y de hacer en el mundo

La obra de Michel de Certeau, es fuente de análisis de diversos temas. Proulx hace, por ejemplo, un balance de los diferentes estudios de comunicación que aplicaron elaboraciones conceptuales elaboradas por el pensador francés. El primer estudio que acota es la implantación de la telemática en Francia, en la cual, se inspeccionó la proliferación de mensajes (estrategias) y el comportamiento de los usuarios (tácticas). El segundo estudio es sobre la navegación por diferentes canales de televisión o zapping. Un navegar que es, entonces, en estos estudios, una táctica de los usuarios. De manera que, el zapping es, dentro de estos estudios es una táctica porque “la práctica del zapping puede ser considerada como sintomática de una transformación de la relación global del telespectador respecto a los medios” (Poulx, 1994:41).

Aproximaciones más elaboradas sobre prácticas comunicativas en relación con los medios han sido abordadas, desde los planteamientos de de Certeau, por Maronna y Sánchez Vilela, quienes consideran que la significación y el poder de un medio sólo pueden ser comprendidos en su relación con la multiplicidad de discursos de la cotidianidad. Ellos no se explican en forma absoluta desde el medio y sus rasgos tecnológicos, tampoco desde sus contenidos.  Esta relación es fruto de un entramado de intervenciones más o menos sobredeterminantes. Y al estudiar las prácticas culturales escrutando en sus rincones, estas autoras identifican cómo los receptores organizan y dan sentido a loque escuchan y miran. Y aunque si bien admiten, se requiere ponerse en resguardo de la tentación de suponer que estos actos o ritos están siempre libres de presiones o poderes, también supone admitir que la vida cotidiana no permanece inmutable ni es la misma para todos.  No se trata por lo tanto de lectores oyentes o televidentes como un todo homogéneo

Respecto al zapping como práctica que anticipa y prepara la práctica del navegante, al  internauta, he Dicho:

Todo lo dicho para el zapping vale también para el lector de hipertextos, en la medida en que el hipertexto, basado en la conexión de fragmentos, promueve y facilita la navegación por el discurso. Sería posible encontrar al lector inconsciente, al intencional, al nihilista y al productivo, etc. Pero sobre todo, a un lector preparado y sensibilizado a las exigencias y competencias que están implícitas en la práctica hipertextual.

Ojo con esto: apropiación tecnológica como práctica de resistencia 


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De la relatoría preparada por Carlos Parra, esta síntesis:

(Destaco) algunas ideas de Heller sobre los seis esquemas de comportamiento y de conocimiento más corrientes en la vida cotidiana. Los cuales se ocupan menos de la estructura de las objetivaciones en-sí, para enfatizar en las maneras en que los hombres se apropian de éstas.

El pragmatismo refiere a una actitud requerida por el mundo de la vida cotidiana, en la que poco se cuestionan y teorizan las objetivaciones en-sí, dado que sus significados (funciones) se presentan en el uso, de allí que esta actitud representa una “unidad inmediata entre teoría y praxis”.

 

La probabilidad tiene como basamento objetivo el hábito y la costumbre, por tanto, es la concreción de la repetición en las acciones cotidianas, lo que permite anticipar su resultado en situaciones familiares e intentar prever la eventualidad.

 

La imitación es un esquema de comportamiento que Heller, desglosa en la imitación de acciones (el aprendizaje), la imitación del comportamiento la imitación evocativa, aunque advierte la interrelación entre ellas, así como señala que varían en función de la especificidad de las objetivaciones en-sí. En el caso de la imitación de acciones, sobresale el concepto de acción, que en los humanos consiste en la diferencia entre el objeto y la motivación de la actividad. Esto se refleja, en general, en que ni en el objeto, ni en el uso social, ni en el lenguaje objetivado estáncontenidos los significados o funciones relevantes en cada situación, sino que estos son dados por el contexto social. De este modo, las características del aprendizaje están sujetas a qué se aprende(objetivaciones en-sí), aunque para llevarse a cabo son decisivas la invención y la repetición conscientemente intencionada. La imitación del comportamiento no refiere tanto la imitación de conductas específicas y aisladas, sino que se asemeja a la apropiación de roles, aunque no entendidos como estereotipos fijos. Por eso, el comportamiento imitado está dotado de valores y “una carga más o menos ideológica”. Finalmente, la imitación evocativa deriva de la elaboración conceptualizada de los recuerdos y episodios vividos que se traen al presente.

 

– La analogía contiene algunos rasgos de la imitación, pero la diferencia reside en que si en ésta se imita para producir con exactitud el uso, el objeto o el lenguaje, mediante la analogía se produce algo similar, ofreciendo así la posibilidad de articular lo dado con lo nuevo. La analogía resultadeterminante para el pensamiento y las decisiones cotidianas, en tanto integra el control propio de los significados acumulados y la solución concreta que precisan las situaciones específicas que enfrentan los hombres.

– Finalmente, la hipergeneralización y el tratamiento aproximativo de la singularidadarticulan los anteriores esquemas, pero orientados a la puesta en escena de las objetivaciones en-sí luego de ser apropiadas. La generalización es una forma de aproximación a la singularidad de situaciones concretas para la toma de decisiones, aunque sin cuestionarse mucho la fuente de esas generalizaciones. De allí que se corre siempre el riesgo de errar. Lo que constituye, para Heller,una fuente de catástrofes de la vida cotidiana, pues “se hace inevitable que en el curso de la praxis y del pensamiento repetitivo surjan generalizaciones exageradas” (p. 307), susceptibles de convertirse en prejuicios. Sin embargo, la hipergeneralización tiene la función de concretar el economismo propio de la vida cotidiana, pero, precisamente, “la superación de la hipergeneralización de los juicios preconstruidos es, por tanto, (según los casos particulares) un interés social (y no solamente relativo al particular).” (p. 308). De lo contrario, lahipergeneralización resultará en un obstáculo para la libertad de movimiento y acción, o sea, para la asunción de las objetivaciones para-sí. En tal perspectiva, la manifestación de la particularidad en la vida cotidiana es posible en la personalidad, un espacio fértil para la singularidadsiempre y cuando confronte la rigidez de las regulaciones de las objetivaciones en-sí, a través de la toma de consciencia y la aplicación del pensamiento y de la praxis inventiva e intuitiva.

Algunas preguntas para la discusión

Atendiendo los planteamientos de Berger y Luckmann, de que el tiempo y el espacio constituyen la  estructura de la vida cotidiana, ¿valdría la pena revisar cómo los cambios en la temporalidad y la espacialidad asociados a las relaciones intersubjetivas mediadas por las TIC afectan la estructura de la vida cotidiana?

Así mismo, conviene preguntar por la vigencia de algunas categorías para derivar los ajustes que requieren o recrear otras preguntas, en función de las condiciones contemporáneas de la vida cotidiana. Es el caso de la interacción cara a cara “como prototipo del que se derivan todos los demás casos de interacción, en la cual el otro es completamente real”, en tal sentido, ¿cómo afectarían, o no, los espacios virtuales de interacción (desde redes sociales, juegos masivos en línea hasta second life) la construcción de tipificaciones para relacionarnos con los asociados, contemporáneos, antecesores y sucesores?, ¿o cómo afectarían las categorías y modos para estudiar el pensamiento y el mundo de la vida cotidiana? Finalmente, ¿la categoría de espacio dejaría de ser periférica en este entorno de virtualización acelerada e intensa de las interacciones? (Ver Post-ontología. Wolfang Janke)

Resonancias:

El discurso sociológico de Heller, Berger y Luckman corresponde a otro momento que tal vez ya no sirva de marco para explicar lo que hoy es la vida cotidiana. En efecto no sólo los medios de comunicación sino sobre todo el nuevo entorno socio técnico de los nativos digitales (p. 299) hacen que los presupuestos y consecuencias derivadas de esos presupuestos se desvirtúen.

Castells ha dicho, por ejemplo que las relaciones interpersonales han cambiado (p. 138) y las que antes eran relaciones débiles (los amigos, frente a las mas socializantes, la familia, por ejemplo) se han hecho fuertes, gracias a las redes sociales.

Aquí de nuevo la idea de “no me predetermines todo”, déjenme ensamblar mis órdenes, mis espacios, mis relaciones”.

En relación con las nuevas modalidades de trabajo, resuena Lévy, así: la desterritorialización comenzada en el espacio mercantil, se ha radicalizado por efecto del dispositivo digital y esto puede a la vez ser aprovechado por las instituciones de ese espacio mercantil (nuevas formas formas de trabajo, mal del norte)  o llevada a una nueva lógica: la del espacio del saber y de la inteligencia colectiva, donde la conectividad deseada y extrañada en la posmodernidad cuenta con artefacto (el ciberespacio) que favorece una cibercultura.

En cuanto a la discusión sobre el trabajo, tener en cuenta el concepto de trabajo humano liberado que según Rocío Gómez (p. 84)) se está recuperando entre los jóvenes que encuentran en las prácticas del ciberespacio posibilidades de poetización del mundo y superación del nihilismo:

 

 ¿Por qué tantos jóvenes en las ciudades dedican parte de su tiempo a realizar este tipo de obras? ¿Por qué mantener, actualizar y trabajar con denuedo en el blog o en el propio perfil en Facebook?

Jóvenes como Y.P. suelen esgrimir dos tipos de argumentos generales acerca de las razones por las cuales obtienen un placer particular realizando este tipo de actividades: en primer lugar, afirman que de esta manera “comparten exp riencias y se comunican con otras personas”; y, en segundo lugar, sie ten que “recuperan algo de dom nio y potencia” al trabajar su página electrónica, su blog o al manipular las fotografías de su celular usando un software gráfico . A nuestro juicio, estos dos tipos de argumentos expresan la forma particular en que estos jóvenes viven lo que Morin ha llamado el malestar del bienestar, un malestar “difuso, intermitente, vivido de diversas maneras” por quienes, en! en principio, gozan de aceptables y ade- cuadas condiciones de vida.

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De la reciente visita a Bogotá de Michel Mafessoli (semana del 5 al 8 de marzo de 2012), estas perlas:

1. El profesor universitario no debe perder su escencía “universitas”, es decir, no hay nada más dañino para el profesor universitario  que quedar “adscrito” por restricción institucional o incluso por voluntad a un solo claustro: el profesor universitas es nómada no sólo en un sentido laboral sino sobre todo en un sentido cognitivo y profesional

T2.  La modernidad funciona como “reducción al uno”, es decir tiene una tendencia totalizante y hasta totalitaria, en el sentido de que busca la homogeneización a toda costa, asunto que ya había explicado de bella manera Marshall Berman en el análisis que hace de El Fausto de Goethe (p. 59), cuando muestra a Fausto obsesionado porque la ciudad que ha planeado no corresponde a lo que ve construido. Esto lo hace tan  obsesivo que le pide a Mefistófeles que destruya la casa de campo que se interpone en el paisaje. Una casa que resulta ser la de los ancianos que antes lo habían salvado. Como corolario, Mafessoli plantea que la modernidad se hace paranoica con el tema de la identidad

A diferencia de esta actitud obsesiva y paranoica, la posmodernidad promueve no la identidad, sino las identificaciones, una flexibilidad subjetiva, una capacidad de metamorfosis y de vagabundeo, una valoración de la diferencia (asunto que analicé en mi libro sobre posmodernidad)

3. Lo que propone la posmodernidad es que para que haya orden tiene que haber primero desorden, el posmoderno desordena, desconecta, descanoniza para favorecer un orden ya no único, sino construido colectivamente, un pluralismo crítico: “déjame ensamblar los fragmentos, no me impongas órdenes, macro relatos , totalidades predeterminadas, ideologías”.

4. El ciberespacio y la cibercultura (la cibernética, en términos de Mafessoli) constituyen un dispositivo muy oportuno para encarnar los deseos, resolver las denuncias y para favorecer las actitudes de metamórfosis y vagabundeo planteados por la posmodernidad.  Favorecen un nuevo nomadismo. La cibernética produce un reencantamiento y una remagización del mundo, en el sentido de que volvemos a contar con un tótem: el artefacto cultural, frente al cual nos encantamos y frente al cual actuamos “mágicamente”, sólo que en otro nivel (figura de la espiral)

5. La cibernética favorece también una Razón sensible, en el sentido en que recupera la imagen y con ella un  cierto sentido del proscrito onanismo. Para Mafessoli, Internet es una gran masturbación colectiva, en el sentido de que buena parte de las prácticas ligadas a Internet requieren imaginar al otro, al otro que no está conmigo.

Algunos vídeos:

El reencantamiento del mundo:

Juventud y medios:

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La conferencia con la que el poeta y profesor Carlos Fajardo Fajardo inauguró el primer semestre académico del 2011 del posgrado en educación y comunicación de la Universidad Distrital, me dejó a la vez impresionado e inquieto. Impresionado por la manera como Fajardo demuestra que lo sublime en arte no es, como lo afirmara Lyotard, una prerrogativa de lo moderno, sino que llega incluso hasta lo mediático (lo “sublime mediático”), siempre y cuando se admita que el hombre (moderno) necesita “sublimar” (atrapar, finitizar) aquéllo que lo sobrepasa: la naturaleza y la historia (hasta  ahí lo usual, lo consabido), pero también la condición sobrecogedora del mercado, de lo mediático y espectacular.

En efecto, el artista “sublima”, domestica lo que al hombre (occidental) sobrepasa y nosotros, los espectadores del arte, sentimos y admiramos (¿cómo dudarlo?) esa capacidad del artista y de alguna manera, también aliviamos nuestra pequeñez.

La pregunta, sin embargo, la que “por razones de tiempo” no le pude hacer a Carlos allí, en vivo, pero le hago ahora, es: ¿hay lugar para lo sublime en esta época en la que nos sobrepasa es lo tecnológico? Una respuesta lógica es sí, claro para eso está el artista, esa es su función, estaríamos entonces (lo ha dicho Fajardo, claro), ante una estética de la cibercultura; el artista hace alianza con la tecnología de punta y así domeña la nueva dimensión sobrecogedora y nosotros, los espectadores podemos sentirnos tranquilos (pequeños, pero tranquilos); hay manera, otra vez, como siempre, para inmanentizar lo trascendente, así la tendencia hoy sea la incapacidad para el sentimiento de lo sublime.

Pero, ¿y si hoy estamos ante una nueva posibilidad?

Lo sublime implica dos cosas: admitir que hay un trascendente (aunque éste sea histórico, mutable al parecer) y que hay seres privilegiados (los artistas) que son capaces de reducirlo, sea cual sea su faceta y que, por lo tanto, nosotros, los seres normales (¿incapaces?) tenemos la estética para aliviarnos.

Ahora, si seguimos a Lévy y su teoría de los espacios antropológicos, habríamos entrado a un cuarto espacio radicalmente inmanente en el que el imperativo no es ya el alivio que nos da el genio, sino la posibilidad de que cada quien tome el toro por los cuernos: la inteligencia colectiva. La inteligencia colectiva es una fuerza inmanente que nos permite asumir la terrible impotencia ante el frenético ritmo del cambio tecnológico, y que de otro modo nos aplastaría. La inteligencia colectiva, veneno y remedio de la cibercultura

Cito largamente a Lévy:

El cíberespacío como soporte de inteligencia colectiva es una de las principales condiciones de su propio desarrollo. Toda la historia de la cibecultura testimonia ampliamente este proceso de retroacción positiva, es decir, del automantenimiento de la revolución de las redes digitales. Este fenómeno es complejo y ambivalente. En un principio, el crecimiento del ciberespacio no determina automáticamente el desarrollo de la inteligencia colectiva, solamente le facilita un entorno propicio.

En efecto, comienzan a verse en la órbita de las redes digitales interactivas toda clase de nuevas formas…

– de aislamiento y sobrecarga cognitiva (estrés de la comunicación y del trabajo en la pantalla);

– de dependencia (adicción a la navegación o al juego en mundos virtuales);

– de dominación (refuerzo de centros de decisión y de control, dominio casi monopolistico de potencias económicas sobre importantes funciones de la red, etc.);

– de explotación (en ciertos casos de teletrabajo vigilado o de deslocalización de actividades en el tercer mundo);

– e incluso de tontería colectiva (rumores, conformismo de red o de comunidades virtuales. amontonamiento de datos vacíos de información, «televisión interactiva)

Después, cuando algunos procesos de inteligencia colectiva se desarrollan efectivamente gracias al ciberespacio, tienen notablemente por efecto acelerar de nuevo el ritmo del cambio tecnosocial, lo que hace tanto o más necesaria la participación activa en la cibercultura si uno no quiere quedarse atrás, y tiende a excluir de manera aún más radical a aquellos que no han entrado en el ciclo positivo del cambio, de su comprensión y de su apropiación. Por su aspecto partícípatívo. socializante, abierto y emancipador, la inteligencia colectiva propuesta por la cibercultura constituye uno de los mejores remedios contra el ritmo desestabilizador, a veces excluyente, de la mutación técnica. Pero, con el mismo movimiento, la inteligencia colectiva trabaja activamente en la aceleración de esta mutación. En griego antiguo, la palabra pharmakon (que ha dado la palabra castellana fármaco) designa tanto el veneno como el remedio. Nuevo fármaco, la inteligencia colectiva que favorece la cibercultura es a la vez veneno para aquellos que no participan (y nadie puede participar en ella completamente por lo vasta y multiforme que es) y remedio para aquellos que se sumergen en sus remolinos y consiguen controlar su deriva en medio de esas corrientes.

Hay entonces dos caminos: 1) el recurso a lo sublime que sería el camino tradicional, el que siempre hemos tenido a la mano, pero que deja las cosas como están: sobrecogimiento ante lo trascendente, domesticación de lo sobrecogedor por parte del artista y contemplación terapéutica por parte de los demás; y 2) la inteligencia colectiva como remedio a los sentimientos de aislamiento, dependencia, explotación,  dominación e incluso trivialidad (los nuevos síntomas, la nueva cara de lo trascendente)

Se trata en últimas, de los dos modos de la apropiación: la que hacen, la que han hecho siempre, los poderosos (sublimando), o la que podemos hacer nosotros, los mortales, el hombre común (mediante actos de inteligencia colectiva, mediante la conformación de colectivos inteligentes, participando).

Sólo con este último modo, las energías que hoy emergen en el ciberespacio pueden volver (bañar) nuestra cotidianidad…

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Se equivocan quienes creen que el ciberespacio es un invento de hace unos pocos años
En 1984, casi diez años antes del desarrollo de la telaraña informática que conocemos como Internet, el escritor William Gibson utilizó el término ciberespacio en su novela Neuromante, y lo hizo anticipando lo que efectivamente hoy reconocemos como esa realidad virtual que se encuentra dentro de los ordenadores y redes del mundo.

En 1987, la holocubierta, una instalación de realidad simulada con hologramas que anticipa las actuales tecnologías de realidad virtual inmersiva, fue vista por primera vez en el primer episodio de Star Trek: la nueva generación.

En 1996, Neal Stephenson, publica la utopía novelada “La era del diamante”, en la cual imagina “la cartilla”, un artefacto de texto dinámico que se adapta contantemente a la personalidad y a las necesidades cambiantes del usuario y que le ofrece simulaciones de la vida real como estrategia educativa.

Mucho antes, en 1941, el argentino Jorge Luis Borges había ya imaginado la novela hipertexto en su famoso relato “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Allí se lee a propósito del libro laberíntico de Sui Pen: “La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Sui Pen, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan”.

Y en 1963, Julio Cortázar anticipa la escritura interactiva con la publicación de su novela “Rayuela”, en la que aboga por una creación colectiva de la literatura


Escritores y artistas imaginaron e inventaron muchas de los artefactos y prácticas que hoy configuran la llamada ciberliteratura, pero escritores y lectores tradicionales no acaban de acomodarse al nuevo panorama.

En un relato de 1940, del escritor argentino Adolfo Bioy Casares que fue calificado de perfecto, Faustine es una mujer que habita una isla perdida a la que llega un fugitivo que escapa de su condena a muerte y de la cual este hombre se enamora, sin que ella reaccione a su devoción. Sorprendidos descubrimos que la bella y enigmática Faustine es apenas una imagen viviente, un simple producto de los experimentos de Morel, un científico que prefigura los investigadores de la técnica holográfica de hoy.

Un hombre administra una biblioteca singular, la biblioteca de babel: en ella se encuentra reunido todo el conocimiento.

Otro, inventa un procedimiento para desintegrar los libros en partículas elementales con las cuales se pueden ensamblar infinitamente los contenidos que antes estaban confinado a un objeto clausurado. Llama a este procedimiento los libros de arena.

Hace 70 años, Borges nos regaló este par de imágenes de lo que hoy conocemos como internet, la biblioteca universal y el libro digital o más bellamente, el libro de arena

Quizá la literatura tenga mucho más que anticipar y nos siga regalando bellas y sorprendentes imágenes e ideas para el futuro. Esa seguirá siendo su principal función. Pero hoy se han abierto para ella nuevas posibilidades culturales y de expresión y quizás así se esté cumpliendo su verdadero destino

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Muchachos: quizás hoy sea mi último día sobre la tierra. El deterioro ha alcanzado, por fin, órganos vitales. Es cuestión de horas, según ha dicho el médico. Así que espero acompañarlos muy pronto, donde quiera que estén ahora, para hacer el balance de las cosas que han sucedido en estos últimos tiempos. Tal vez, descarados, estén gozando de una cerveza fría, como en los viejos tiempos o, lo más seguro, de una ardorosa temporada de verano en los infiernos. Lo cierto es que la suerte que ustedes han merecido es la misma que me tocará padecer muy pronto. No existió diferencia esencial en nuestras vidas, no tiene por qué existir ahora en el más allá. La cuestión era, más bien, quién habría de llegar primero y qué ventajas tendría esa presteza. Me imagino por eso a Raúl preparando el camino y a Enrique pelando allá, sólo por llevarle la contraria. La suerte que tengo, creo, consiste en haber partido de último, en haber resistido un poco más que ustedes, muchachos, pues me evito así abrir trocha, actividad que, ustedes lo saben, nunca fue compatible ni con mi condición física ni con la espiritual.

De modo que también es la última oportunidad que tengo para notificarles (utilizando esta primitiva herramienta llamada escritura, propia de algunos de los más necios mortales que todavía habitamos la tierra) que hicimos parte de una raza en extinción: los últimos humanistas. Ni siquiera sé por qué lo hago, si ustedes ya debieron darse cuenta de tan flagrante hecho (o no habrían partido tan pronto, dejándome aquí como al último idiota). Creo que es una cuestión de consuelo (de tontos, si quieren), más que de revelaciones.

El asunto, muchachos, es que he descubierto que el fracaso de mi obra ha obedecido menos a mi propia incapacidad personal para producir resultados sublimes, que a la imposibilidad objetiva para hacerlo. Sin una confianza extrema en el poder de la escritura, sin una fe a toda prueba en el arte creador como una vocación sagrada, sin la seguridad en el poder visionario del escritor, sin la certeza de que la imaginación, la forma perfecta y la verdad del texto literario, constituyen una presencia inalienable, sin la apuesta por la superioridad epistemológica de la literatura imaginativa sobre la ciencia o sobre cualquier otra forma de discurso empírico, no hay posibilidad de llegar a resultados sublimes.

Pero hoy, por hoy, muchachos, a lo más que se puede llegar es a la basura que se produce todos los días en la televisión o en la publicidad. Nosotros los poetas y los novelistas nos encontramos a diario con circunstancias nuevas e impredecibles que están desalojando a la literatura (y sus valores) del mundo social en formas sumamente dolorosas y frustrantes. El mundo ha cambiado, pese a que nosotros pensábamos que lo estábamos impulsando con nuestros egos poderosos. Y ha cambiado de manera que ya no podemos reconocerlo, de manera que nunca esperamos y que probablemente ya no comprenderemos. El cambio es más poderoso de lo que habíamos pensado.

Por eso, muchachos, la literatura pertenece ahora a ese basurero de los sueños de la historia. Y nosotros que creíamos que estábamos haciendo una tarea importante, y nos portábamos, por eso, arrogantes y seguros, incapaces de percibir los signos verdaderos. Hoy me siento como aquél personaje de Borges (en su relato El muerto, ¿lo recuerdan?) al que por lástima (pues estaba condenado, y todos, menos él, lo sabían) le dejaron jugar a la soberbia y al poder. El pobre se sintió poderoso de verdad, pues su entorno se comportaba como respondiendo a la lógica de su autoridad. Hasta la mujer del verdadero Patrón fue su mujer, y los subalternos obedecían sin rechistar, y él no dudaba de su poder y de su influencia. Hasta que el Patrón (que él había creído muerto por sus propias manos) apareció y volvió a poner las cosas en orden. Y el desdichado fue ejecutado y enviado al basurero, de donde jamás debió salir.

¿No es eso lo que nos ha pasado, muchachos? ¿No nos creímos acaso siempre los patrones, los dueños de la verdad, mientras los otros, por lástima, leían nuestras páginas y nos hacían comentarios benévolos, y nosotros nos tragábamos entero el cuento?

La verdad, muchachos, es que durante los últimos años hemos vivido, sin darnos cuenta, una época de disturbios radicales: los valores del romanticismo y del modernismo han sido completamente trastocados. Al autor, cuya imaginación creadora se la tenía como fuente de la literatura, se le declara muerto o un simple ensamblador de diversos retazos de lenguaje y de cultura; los escritos ya no son más que collages o textos. A la gran tradición literaria se la ha descompuesto de diversas maneras. La propia historia queda descartada como pura ilusión. Se sostiene que la influencia de los grandes poetas no sólo no es benéfica, sino más bien una fuente de angustia y debilidad. Las grandes obras carecen de sentido: están plagadas de infinidad de sentidos, pues todo sentido es siempre provisional. La literatura, en vez de ser vehículo y modelo de experiencias, se la considera un discurso autoritario: la ideología de un patriarcado etnocentrista. La crítica, otrora la sirvienta de la literatura, ha proclamado su independencia e insiste en que ella es también literatura.

Como sobrevivientes del viejo orden, se nos vio desconcertados, refunfuñones y furiosos, pues para nosotros el cambio no era más que otra traición de los escribanos, a los cuales identificábamos a menudo (¿o no?) como un grupo de críticos radicales que practicaban la hermenéutica de la sospecha, y entre los cuales incluíamos a los estructuralistas y a los posestructuralistas; a todo proclamador del supuesto engaño de las concepciones tradicionales de la literatura, a todo promotor de una poética militante, destinada a atacar la sociedad burguesa, socavar su ideología y denunciar toda autoridad como ilegítima y represiva. Entre los escribanos englobábamos también a las feministas quienes denunciaban nuestra literatura como instrumento del dominio masculino. Pero también a los neomarxistas (otros más de la lista), para quienes la literatura era una institución capitalista, un aparato disfrazado de su hegemonía. Y, finalmente a los freudianos, para quienes la literatura era una forma de represión de la libido y de los instintos revolucionarios. Pero, muchachos: pese a nuestras pataletas y a nuestro discurso reaccionario, estábamos más empotrados en medio de ese mundo de escribanos, los verdaderos dueños del poder, quienes nos miraban con rareza y benévola compasión, pero que, a la hora de la verdad, a la hora de cortarnos el paso, actuaban sin la menor piedad.

La sospecha no sólo florece en las universidades o en las academias, y tú, Raúl, lo sabes muy bien; al fin y al cabo ésa fue la causa de tu desgracia. Hace parte de un cambio cultural mucho más profundo y extenso: no sólo las artes, sino nuestras instituciones tradicionales, la familia, la ley, la religión y el estado, se han descompuesto. Y la gravedad de estos cambios hacen que la muerte de la literatura romántica parezca baladí. Lo que pasa es que observar qué le ha ocurrido a la literatura como parte de la revolución social llamada laxamente posindustrialismo, que ha venido transformando la vida moderna en occidente, proporciona a la vez un marco histórico para entender el cambio literario y una escala que mide con precisión el papel interesante pero limitado que ha desempeñado en lo que está ocurriendo. Es cierto, muchachos, admitámoslo, la muerte de la literatura podría resultar interesante sólo por la manera esquemática y precisa en que representa cambios que suceden en otros escenarios (la familia por ejemplo) en formas más complicadas y menos obvias. Ofrece casi un ejemplo de laboratorio del modelo de cambio institucional (la extraña y compleja inversión de valores, por ejemplo) y del viraje paradigmático de nuestros tiempos.

De ese dramático viraje que nos ha dejado por fuera, conocemos los síntomas: la transformación de la economía manufacturera en una de servicios, el paso de un modo de almacenar y obtener información basado en la imprenta a un modo electrónico, de una economía de la escasez y el ahorro a la “sociedad de la abundancia” consumista, de una política de la representación a una política del activismo social individual y grupal, de una concepción positivista de los hechos a una concepción relativista de la imagen, de una aceptación de la autoridad a la libertad individual de elegir, y de una disciplinada autonegación del hedonismo, a la permisividad, la autoindulgencia y el culto del narcisismo.

Un dato más, muchachos: la pérdida de la confianza artística (del artista, del sentido de sus actos), empieza ya a reflejarse en las obras mismas, como en esa imagen terrible de la novela de Bernard Malamud: The Tenants, en la que la indiferencia del público y el sentimiento cada vez más fuerte de que el escritor no tiene nada que decir, sume al protagonista-escritor de la novela en el silencio. De ahí que los narradores seamos ahora tan proclives a inventar cuentos humanistas sobre cómo los literatos se encuentran con circunstancias nuevas e impredecibles que los están desalojando del mundo social.

La crítica literaria reconoció la muerte de la literatura y en el mundo de todos los días el asunto se nos complicó. La vieja literatura del romanticismo y el modernismo murió en parte por suicidio, en parte por asalto criminal. Se podrían echar culpas particulares, muchachos, pero es mejor entender esto como parte de un cambio cultural, de una alteración social más amplia.

Visto este contexto no resulta extraño que la literatura se derrumbe. No se sabe que será de ella en el futuro, a lo mejor desaparezca con la imposición de una cultura electrónica o a lo mejor quede reducida a un papel ceremonial o, en tanto acontecimiento histórico, quizás termine, como lo he dicho ya, en el basurero de los sueños de la historia.

Sigue habiendo la esperanza de encontrar función a esa manera distinta de escribir y pensar, pero por ahora, los intentos han caído en una simple acción propagandista de las causas de las minorías. Los nuevos enfoques parten del desprecio de la tradición y del acervo literarios: los escribanos muestran el vacío de los textos y del lenguaje literarios, los marxistas muestran cómo las obras literarias han sido utilizadas como instrumentos de poder. De esta manera a la literatura se la vacía de contenido para servir a causas sociales y políticas consideradas más importantes que los propios textos. Hay un valor de choque en estos ataques contra la integridad del texto y contra sus valores positivos, que hacen difícil que la literatura a largo plazo pueda considerase digna de leerse o interpretarse.

Es cierto, chicos, nos tocó vivir, en pleno, la fase apocalíptica del viejo orden literario que se desmorona sobre sí mismo en una época de cambio social, y nosotros apenas si nos dimos cuenta de todo eso. Basta hacer un balance sincero de cuánto estuvieron dispuestos nuestros mejores amigos a leernos. Tendrán que perdonarme este tono solemne que he utilizado, pero era la forma menos complicada de hacerlo. La urgencia del mensaje lo exigía. Y no podía quedarme callado. Tenía que decirlo antes de emprender el viaje definitivo. Sigan riéndose muchachos de mis frasesitas: no saben ustedes cuán grato es escuchar sus risotadas desde la eternidad. Ese es mi consuelo: pensar que allá podemos seguir riéndonos de todo.

Hasta muy pronto, muchachos.

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Acabo de leer esto en el blog de Babellia

“Un refugio, un lugar donde todo puede ocurrir, donde se puede reaccionar con violencia o sublimidad, donde es bueno sentir melancolía o temor, o incluso fracasar, o equivocarse, o amar a alguien, o desear algo profundamente, y no llamarlo por otro nombre, no sentir vergüenza por ello. Es un lugar para sentir profundamente”.

Es la respuesta de la premio nobel de literatura Tony Morrison a la pregunta ¿Y qué es la literatura?

Pero si no supiéremos la pregunta, la respuesta podría servir para describir el mismísimo ciberespacio, lo que confirma mi idea de que la literatura es una anticipo del arte de la cibercultura

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