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Cartas a Martin. Los años de la pandemia, es un conjunto de 15 textos escritos durante los meses de enero y febrero de 2021, que expresa la singular relación entre un abuelo y su nieto a propósito de vivencias relacionadas con la experiencia de la pandemia de la covid 19.

En términos formales, los textos responden a una mixtura entre el género epistolar, el diario íntimo y el testimonio en modo de diálogo ficticio, con el que se pretende dar voz a los dos protagonistas, prevaleciendo la visión del niño.

Los niños son quizás la población más afectada por las condiciones de restricción originadas por las medidas de bioseguridad a las que obligó la pandemia. La interacción social quedó cortada de tajo, los procesos de aprendizaje se afectaron no sólo por la virtualidad como modo de comunicación, sino por la improvisación a la que nos vimos todos enfrentados. No sabremos hasta dónde llegarán las consecuencias (positivas y/o negativas) de esta situación excepcional, cuáles serán los efectos escolares, sociológicos o sociales, pero los chicos han sido un ejemplo de resiliencia y de adaptación increíble.

Martin en particular ha sido un niño que ha sabido sacar lo mejor de la situación. Su curiosidad, su creatividad le han servido para sobrepasar las limitaciones. El autor ha sido testigo, observador y cómplice en todo este duro proceso. Quizás el mensaje que mejor engloba el sentido y valor de estas “cartas” es el homenaje a la capacidad de convertir todo en juego. De esa forma Martín mismo ha sido capaz de sobrellevar la vida que tocó vivir y ha permitido que los que hemos tenido el privilegio de acompañarlo hayamos podido vivir un poco mejor el ambiente limitado por la pandemia

Ver cartas completas.

Atrapados, algo de arqueología

Atrapados es un fragmento narrativo de mi novela Gabriella Infinita (1994/2006). Podría ser entendido como una entrada posible al relato general de la obra, en la medida en que narra la situación final del recorrido que Gabriella ha emprendido, en medio de la guerra que ha estallado en la ciudad. y que la pone en contacto con las experiencias de otros personajes que se encuentran en el edificio donde ella ha estado las últimas horas intentando organizar la mudanza de los objetos de Federico, su amante.

Diez personajes, desconocidos entre ellos, que se encuentran en uno de los pisos del edificio (no se aclara la razón de esa convergencia) se ven obligados a intentar cooperar entre ellos, no sin tensiones y crisis, para encontrar la salida de las ruinas en que se ha convertido la construcción, tras la caída de una bomba que la ha semidestruido.

En una de las exploraciones que hacen los atrapados, dan con la habitación donde ha estado Gabriella, quien, en un estado de inestabilidad mental, se encuentra leyendo un texto que ha escrito previamente Federico y que narra justamente lo que les está sucediendo a los personajes y a ella misma (es decir, todo lo que él lector ha venido leyendo en la novela), incluida la lectura que ella hace y el encuentro con los atrapados. Un bucle que, a la manera de las pinturas imposibles de Escher, hacen del relato una suerte de cinta de Moebius.

Muchacho mirando la galeria . Escher

De otro lado, el fragmento Atrapados es un esbozo de proyecto narrativo de Federico (no es clara la razón por la que Federico no avanzó más en su elaboración, tal vez la urgencia de la guerra), quien quiere ofrecer una simbología del proyecto social y nacional de una Colombia fallida (en ruinas). Los personajes, cada uno, es la alegoría de un actor social que se ve obligado a sobrevivir y salvar al colectivo del que le ha tocado hacer parte sin proponérselo. Es decir, es el intento por mostrar un camino de transformación, bajo la lógica de los mundos posibles de la ficción, que contrasta con las acciones malogradas del revolucionario o incluso del rebelde en las que estuvo involucrado clandestinamente Federico.

Atrapados como texto «semilla«

Atrapados pudo ser en sí mismo una novela, todo un relato al rededor del cual se habría podido desplegar una narrativa más extensa. Sin embargo su carácter de boceto, insospechadamente, permitió que pudiera tener, como se verá aquí, expansiones literarias y no literarias que van desde el hipermedia hasta la realidad virtual, pasando por el juego de rol, el video juego, el cómic y la ficción interactiva (además de otras posibilidades que podrían desarrollarse como el relato audiovisual, el relato teatral, la serie televisiva y, ya delirando, el reality show).

Lo carcaterizo como «semilla», precisamente porque el texto, al ser un boceto de relato puede, a la manera del arte conceptual, desplegarse por distintas vias y plasmarse en distintos formatos y plataformas narrativas. De otro  lado, siguiendo la indicaciones de Montoya y Vásquez, (p. 220) el texto mismo contiene las tres dimensiones que lo pueden llevar a sus expansiones. De un lado, el relato contiene múltiples elipses de tiempo y/o de contenido  y aspectos que pudieran ser considerados vacíos narrativos, es decir (desde un enfoque expansivo),  oportunidades para extender el relato. De otro lado, se da lo que los autores mencionados llaman señales migratorias, es decir. elementos que son sugeridos como posibilidad de expansión tales como el contexto de las voces, las posibles explicaciones del estado mental de Gabriella  y todo tipo de caminos narrativos que el texto de alguna manea marca y que constiuyen también oportunidades de expansión del relato, especialmente asuntos como la contextualización o la profundización (narrativa y cultural) de algunos asuntos. Finalmente, como se comentó arriba, el texto en terminos formles y técnicos puede ser llevado a dstintos formatos y plataformas (agujeros de conejo). Sobre este expansividad formal se hablará en seguida como parte central del artículo.

En la versión original de Gabriella Infinita (1994 / 2006), Atrapados y otros fragmentos “satelitales” a la narración central se intercalan como breves capítulos en el cuerpo general de  la obra. Esa fue una decisión tomada con base en las limitaciones del formato lineal del libro en el que se publicó la versión  novela. En realidad, la experiencia ideal habría sido la de acceder de manera libre a los cinco nodos narrativos o incluso la lectura simultánea de todos ellos.

En la versión hipertextual de Gabriella (1999), al fragmento de Atrapados se puede acceder de dos maneras: 1) avanzando en la forma secuencial que sugiere el diseño interactivo de la página. Siguiendo ese camino, hay un momento en que la ventana con el fragmento completo emerge y desde allí se puede seguir su contenido, creando la sensación de una yuxtaposición de los dos relatos (algo que sucede también con los otros fragmentos satelitales) ; 2) abriendo, en cualquier momento la ventana del menú inferior (que da acceso directo a los fragmentos satelitales de la obra). Con esa estructura (posible Gracias al formato interactivo y no lineal de la página web) las intenciones de la experiencia lectora se acercan al ideal pensado.

Gabriella Infinita. Portada de la versión hipertextual

La versión hipermedial de Gabriella (2000), propone otra experiencia de lectura, esta vez enfatizando las posibilidades multimediales de la obra. La interactividad en este caso la ofrece, por un lado, la posibilidad de navegar en cualquier orden por los distintos fragmentos (aunque organizados para tres interfaces), esto es, interactividad selectiva como en la versión hipertextual y, por otro lado, la disposición de un espacio para los aportes escritos de los lectores, esto es, una interactividad participativa y creativa (actualmente ese dispositivo no está disponible directamente). La experiencia multimodal se organiza en función de una complejidad que avanza desde una primera interfaz (llamada Ruinas, muy narrativa en el sentido tradicional) hasta la tercera interfaz (llamada Revelaciones en la que se despliegan imágenes, vídeos y audios en consonancia con los hallazgos que va haciendo Gabriella), pasando por una interfaz intermedia, llamada Mudanza.

Es en esta tercera interfaz donde se exponen los fragmentos satelitales, incluido Atrapados. Además del contenido textual se ofrecen audios con voces de los personajes, en busca de una experiencia multimodal, propia de esta parte del hipermedia.

NOTA: para el acceso a estos contenidos hipermediales, se debe incorporar en el navegador de páginas web la extensión de la aplicación RUFFLE para que corra el hipermedia (originalmente programado sobre el extinto programa Flash).

Versión transmedia de Atrapados

Atrapados fue trasmediado en 2013, en el marco de un proyecto de investigación sobre Inteligencia colectiva (Simulador de IC) a tres formatos: videojuego (sobre una versión del motor Unity hoy sin acceso), Cómic Interactivo y Juego de rol de mesa.

La idea aquí ya no fue tanto potenciar la lectura de la novela, sino más bien tomar el fragmento de Atrapados como texto semilla de una situación de inteligencia colectiva (sobre todo el trabajo colaborativo presente en la situación inicial) y llevarlo a otros dispostivos, intentando que ellos (su lógica comunicativa) le dieran potencia y expansión al relato literario.

Video del proyecto Atrapados.

Así en el caso del cómic interactivo, la historia se tornó más drámtica y caricaturezca, el espacio antes abstracto se concretó como la planta de consultorios de un hospital, atacado por bombas de la guerra. Los caracteres de los personajes se hicieron más fuertes, El final también cambió y se diseñó en función del carácter de uno de los personajes que en el relato literario apenas esbozaba su potencial siniestro. Se mantuvo la idea de la metaficción de la novela, esa vez haciendo que el personaje artista dibujara una historia bucle de lo acontecido.

Carátula del cómic Atrapados

El  videojuego obligó a pensar en la lógica de niveles, puzles y retos. Se mantuvo la espacialidad de un hospital en ruinas y se desarrollaron seis niveles: uno para la situación incial resuelta en la salida de un grupo de cuatro personajes, gracias al aprovechamento colaborativo de sus «poderes» en juego. El segundo es un nivel intremedio que lleva a otros tres retos que sirvieron para ilustrar lo que Levy (2004) llama los «males» que afectan la inteligecia colectiva, ilustrados por tres situaciones paralelas: una para el mal del este (personajes que por dar prioridad a la burocracia no logran escapar), otro para el mal del norte (personajes que quedan atrapados y fallecen por la imposibilidad de romper la lógica del dinero) y uno para el mal del sur (personajes que se enredan con una historia de espiritus y no logran salir del anfiteatro). El úttimo nivel es un nivel similar al primero, pero adaptado a un escenario dode se deben aprovechar los aprendizajes logrados: el positivo (trabajo colaborativo) y los negativos (superación de los tres males).

Infografia del videojuego Atrapados

El video juego quedó sin aceso por los cambios en la facilidades del motor utilizado (Unity). Aquí se muestra el game play del primer nivel:

Gameplay nivel 1 (2013)

Finalmente se diseñó un juego de rol para mesa. El diseñador del juego delineó dos niveles: uno para el universo  narrativo (Anima Mundi) que esablece las reglas generales del mundo donde se desarolla el juego, y otro nivel para las campañas o aventuras concretas, una de las cuales (la que se puso en escena durante el proyecto) coincide con al situación de Atrapados, pero bajo la logica del juego de rol.

Atrapados renacido: Remediación del videojuego

Con el objetivo de probar una «remediación» del videojuego Atrapados, se desarrolló durante los años 2019 y 2020,  una “versión” del videojuego Atrapados que  incluye realidad virtual, realidad aumentada y estrategia multijugador. La remediación tiene aquí dos sentidos: por un lado «dar remedio» a la obsolescencia sufrida por la versión incial del viejuego y, por otro, llevar el artefacto a otro medio, en este caso la exploración de tecnologias AR y VR. Para crear la nueva experiencia digital, se recurrió a una metodología compleja que articuló áreas de conocimiento relacionadas con la creación de contenidos digitales multimedia e interactivos: ingenieros de sistemas para la programación; diseñadores gráficos, productores audiovisuales y animadores para toda la concepción y creación de los elementos correspondientes al componente audiovisual y diseñadores interactivos para el diseño de la experiencia y la interacción.

El resultado es una experiencia multijugador que implica la coordinación de tres actividades (sobre servidor Discord): la del jugador principal que, dotado de casco de realidad virtual, hace el recorrido por un hospital posible que está lleno de obstáculos para llegar al objetivo (una sala hermética en el ultimo piso del edificio que encierra un terrible secreto, rigurosamente custodiado), la del visualizador de los planos del hospital desde un computador ubicado en una «sala de comunicaciones» del edificio y la del operador de realidad aumentada que puede desplegar en formato 3d los espacios del hospital para guiar mejor al recorredor. La historia inicial de Atrapados sufrió fuertes variciones para ponerla a tono con las nuevas condiciones de juego, que esta vez obliga, en tiempo real (no simulado), a una inteligencia colectiva efectiva.

Fases del proyecto Atrapados Renacido

Los gamplays tutoriales corespondientes pueden verse así:

El jugador del PC

El jugador dotado de tecnologia AR

El jugador dotado de Tecnología VR

Game play integrado

Primer corolario

Hasta aquí se ilustra un camino creativo que va del ejercicio de un escritor de relatos literarios tradicionales (versión novela de Gabriella Infinita) que se enfrenta y empieza a resolver las posibilidades comunicativas que se abren con las tecnologías digitales interactivas, desplegando primero una versión hipertextual de la obra (buscando una experiencia de lectura «simulatánea y selectiva»), luego una versión hipermedial (que enfatiza en la experiencia multimodal del relato y en una interactividad partcipativa y creativa). Pasando después al diseño y desarrollo de una experiencia transmedia (basada en el fragmento Atrapados) que busca explorar distintas sensibilidades y perfiles de usuario, gracias a la diversidad de formatos y plataformas con las que se cuenta hoy (el lector de cómic interactivo, el videojugador y el jugador del rol, que se suman así al lector de libro y al lector de hipertextos e hipermedias).

La experiencia termina, por ahora, con una remediación del videojuego Atrapados que explora las tecnologías de realidad aumentada y realidad virtual y la estrategia multijugador. Está en camino una ficción interactiva que si bien puede verse como una versión retro en todo este recorrido, lo que pretnde es recuperar una lógica interactiva muy fuerte en la versión del primer videojuego: los diálogos que guian las decisiones del jugador.

Mapa de la estructura interactiva de Atrapados

En todo este recorrido, el escritor se ha ido convirtiendo en productor de contenios digitales, en director artísitico y en coordinador de procesos de creación colectiva. Esas son quizás las mutaciones más interesantes del escritor enfrentado a las nuevas exigencias creativas. Pero veamos otro ejemplo de estos recorridos: la experiencia de Lyle Skaines.

Segundo Corolario: el caso de Lyle Skains

Lyle Skaines investiga, crea y enseña escritura digital creativa. Sus estudios e indagaciones están basadas en la práctica sobre escritura, juego, narrativas digitales y transmedia.
Su ficción digital reciente incluye No World 4 Tomorrow y Only, Always, Never. Es la fundadora de Wonderbox Publishing, que publica ficción digital especulativa, con el objetivo de explorar las innovaciones en la publicación y la creatividad digitales y en línea. Su ficción digital se puede encontrar en lyleskains.com.

Lyle Skains

En su artículo The Adaptive Process of Multimodal Composition: How Developing Tacit Knowledge of Digital Tools Affects Creative Writing (2017), afirma que muchos escritores creativos están recurriendo a los medios digitales y a la composición multimodal como género emergente de la narración. Sin embargo, la mayoría no tiene suficiente familiaridad con las herramientas digitales para componer textos digitales. La alfabetización digital sigue siendo un área emergente de la pedagogía; y aunque a alfabetización en línea y la composición multimedia son cada vez más frecuentes en las aulas, una comprensión más profunda de los efectos de estas herramientas sobre los estudiantes y su trabajo es crucial para el desarrollo de la práctica docente.
El conocimiento tácito de la narración escrita por sí solo no permite al escritor creativo realizar plenamente las posibilidades narrativas inherentes a la forma multimodal. En su trabajo, Skaines  analiza sus propios  trabajos creativos antes, durante y después del desarrollo del conocimiento explícito de ficción digital y la herramienta de composición digital, y discute cómo la internalización de este conocimiento explícito altera el proceso de composición creativa . Estas observaciones tienen implicaciones no sólo para los creadores individuales, sino para los estudiantes y los profesores que se mueven en formas multimodales de la comunicación digital.

Acudiendo como referencia a Jim Porter, en su descripción de la evolución de escritor de lápiz y papel a «cyberwriter»(donde el autor afirma que el pasado tecnológico importa y da  forma al escritor), Skaines llega a la conclusión de que el escritor aprende a componer en función de las  ideas que tenga sobre las tecnologías.

Así, en su caso, la tecnología en su proceso de composición, evolucionó de la práctica monomodal a la multimodal, especialmente porque adquirió valor paa ella y en su exploración tuvo que alterar la situación retórica utilizada para  la creación de estos textos ficticios tradicionales. Los medios digitales añadieron consideraciones adicionales a sus retos creativos, tales como modos múltiples de expresión, la interacción del lector y la necesidad de desarrollar estructuras no tradicionales de la historia.

Así descubrió que lo que ayuda a guiar al escritor en este territorio desconocido es hacerlo lo más familiar posible, involucrando y comparando conocimiento de fondo. Hizo suyo el propósito de buscar activamente expandir su conocimiento explícito, para internalizarlo en el conocimiento tácito que es tan importante para componer una narrativa coherente con profundidad y significado. A medida que su conocimiento explícito de la ficción digital y de los textos multimodales se desarrolló, su comprensión tácita de la narrativa se expandió, su proceso se ajustó a las posibilidades de los nuevos medios y los textos surgidos se adaptaron más adecuadamente a sus formas multimodales. Esto afirma la escritora en sus propias palabras:


Sin codificar una ficción interactiva, mi conocimiento tácito no habría sido suficiente para diseñar una configuración y un carácter que tuviera éxito dentro de ese medio. Sin explorar lo que otros escritores digitales han creado, no tendría la alfabetización necesaria para comprometerse plenamente con los diversos sistemas semióticos de creación de significado que ofrece el medio digital… Pero no moldeé los medios de comunicación para satisfacer mis propósitos; Más bien, reorganicé mi práctica para adaptarme a los medios de comunicación y, al hacerlo, descubrí caminos completamente nuevos para crear historias. Al cambiar mi conocimiento explícito, ampliándolo para incluir nuevos métodos para crear significado, pude trazar el desconocido territorio de la ficción digital, al menos en un nivel rudimentario, de modo que «lo que quería decir» pudiera conectarse mucho mejor dentro de lo que quería comunicar como sentido«.

Al final, Skaines, afirma que estas conclusiones tienen implicaciones significativas para los escritores en su trabajo creativo, así como los estudiantes que aprenden métodos de composición. Los estudiantes en la era digital están cada vez más infuenciados por los medios digitales, su cognición y los estilos de comunicación están afectados por su inmersión digital. Pero mientras la exposición extensiva de los estudiantes a las nuevas tecnologías ha permitido desarrollar capacidades particulares en ellos, a enseñanza convencional de la composición no se pone a punto y se crea asi una brecha que cosnsituye el mayor reto pedgógico y educativo paa el campo de las ecrituras creativas.

Corolario Final: el proyecto Magis/Xanadú

Justamente estas expectativas pedagógicas, conectan con el propósito de mi ultimo proyecto: Magis/Xanadú. 

A pesar del esfuerzo realizado desde instancias oficiales como el Ministerio de Educación, que expresamente presenta la necesidad de fomentar prácticas lectoras multimodales en los cursos de educación básica e incluso ofrece escenarios de estímulo para la creación de contenidos transmedia y para la promoción de la lecto escritura multimodal, lo cierto es que en Colombia existe un retraso real con relación a la vinculación curricular efectiva de dichas prácticas, que incluso se extiende al caso de los programas de pregrado de Educación y de Literatura en la educación superior.

El problema es claramente multidimensional, pero en términos curriculares, lo más evidente es que los responsables no tienen claridad sobre asuntos como criterios para seleccionar corpus de contenidos o formas de introducir pedagógicamente  las nuevas prácticas lectoras, todo lo cuál se resume en la inquietud concreta del profesor de literatura que se pregunta por la obras digitales a incorporar y por las pautas para atenderlas pedagógicamente.

La aplicación web Magis/Xanadu (juego de rol) desarrollada en el marco del proyecto de Investigación: Interficies literarias (Jaime Alejandro Rodríguez, 2018-2021), se ha propuesto ofrecer a los profesores de literatura de educación media y primeros cursos de educación superior un recurso y una metodología para la incorporación pedagógica de experiencias de lecto escritura transmedia y multimodal.

Magis/Xanadú consta de dos portales, uno para el Máster o gestor de la aplicación y otro para el jugador-usuario

El rol del Máster consiste en inscribir a los participantes, crear grupos y asignar puntajes a los productos de sus jugadores y en general, acompañar y guiar a sus jugadores- usuarios por el trayecto crossmedia del relato y en sus actividades prosumer.

El rol del jugador consiste en avanzar por el universo narrativo y apuntar a obtener el nivel de Magis e ingresar al «santuario» como paso final del juego.

Estas son las URL de cada uno de los portales

Portal ( Rol) del máster http://master.magisxanadu.com:4100/

Portal (Rol) de jugador http://player.magisxanadu.com:4000/

La narrativa de este proyecto se distribuye en cuatro dimensiones: el juego, el cómic, la novela corta y las expansiones.

El juego

El juego consiste en una estrategia de retos, acciones, premios y progresos que depende de unas condiciones iniciales (el perfil de personaje seleccionado y las reglas), pero cuya trayectoria y desarrollo van a depender de las decisiones y desempeños del usuario. El relato resultante está en función del progreso por niveles que haga el usuario que va potenciando su perfil y las posibilidades de protagonismo.

El cómic

Complot en Xanadú, es el título del relato en formato cómic que le da mundo a toda la experiencia. Se trata de un relato futurista: los acontecimientos se desarrollan durante el año 2055 en un espacio indeterminado pero cercano a nuestras experiencias locales.

La novela corta

Secretos en Xanadú, es una secuela del cómic, ocurre en el año 2099 y si bien tiene autonomía narrativa, conecta constantemente con la idea de Xanadú y tomas algunos referentes del cómic.

Las expansiones

Si bien el juego da el ambiente interactivo al usuario, su interactividad se concreta en acciones de expansión narrativa (creación de hipertextos, podcasts, videos y juegos), convirtiendo al jugador en co-creador (prosumer) de la obra.

El enfoque narrativo de la aplicación es “futurológico”, pues queremos que nuestros usuarios (jóvenes que hoy tienen entre 15 y 20 años y que para la época narrada tendrán alrededor de 40 años) se comprometan con la imaginación de ciertos mundos posibles, los que vivirán en una edad en la que serán (ciber) ciudadanos activos. En este sentido hacemos nuestro el: “El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”.

Conclusión

¿Es importante reconocer y explorar las posibilidades expresivas y estéticas que se abren con el uso ya extendido de las tecnologías digitales interactivas? La respuesta pasa por la idea que cada uno tenga de las tecnologías. Si se sienten como herméticas, engorrosas o inútiles, la respuesta es no, no vale la pena el esfuerzo. Pero si se considera que efectivamente es una fuente de cualificación de la expresión y se entra con confianza y expectativas positivas, el camino será más fácil y posiblemente lleno de hallazgos capitalizables para el proceso creativo.

¿Es muy difícil enfrentar el reto de explorar y ajustar los intereses expresivos al escenario estético de las nuevas tecnologías? Yo respondería si, pero vale la pena. Es difícil porque, por un lado, implica trasegar el camino que va del conocimiento tácito, práctico e intuitivo de las tecnologías a uno más sistemático y porque, de otro lado, exige una reconfigracion de las funciones del creador que debe agregar a su ejercicio solitario de escritura capacidades como la de productor de contenidos (consecución de recursos), coordinación de equipos de creación colectiva y dirección de arte (ya no solo del destino literario del relato, sino de sus gramáticas multimodales e interactivas).

Finalmente: ¿el camino para la creación de contenidos digitales literarios depende solo de mi decisión? No, depende de mi trayectoria personal con las tecnologías, pero también de un aprovechamiento de la capacidad del dispositivo cultural vinculado ala prácticas, valores y actores relacionados con el ecosistema de las TIC. Y uno de esos actores es el campo educativo que, a pesar de todo, sigue desfasado con respecto a su funcionalidad alfabetizadora.

Es ahí, dónde proyectos como el de Magis/Xanadu cumplen un rol fundamental. Al menos esa es mi convicción, convicción confirmada con la reciente aceptación del reporte de la experiencia en el próximo congreso de la Electrónic Literature Organización, cuyo tema es precisamente Literatura electrónica y educación.

Uno de los primeros retos que me impuso la lectura de #Membrana fue comprender el código retórico que plantea la narración en primera persona plural en femenino con que arranca y se sostiene el relato prácticamente en toda su extensión. Un «nosotras'» que además incluye una fórmula reiterativa en su expresión: «nosotras nos entendemos», utilizada en momentos en que la descripción o explicación de algún asunto técnico o reflexivo se hace arduo.

Fui descifrando lo que implicaba esa fórmula, pero inicialmente la vinculé a una especie de código o lenguaje secreto y resonó la experiencia que tuve en Madrid, cuando cursaba mis seminarios de doctorado, uno de los cuales se llamaba: La condicion femenina en la literatura.

Como el seminario era un curso a distancia no conocí a mis colegas sino hasta el día que expuse presencialmente mi trabajo final. Narro la anécdota extensamente en otro lado, pero aquí la recuerdo para conectarla con mi fenomenología de la lectura de la obra de Carrion.

Aquel día, en que tuve que sustentar mi trabajo final (un análisis de la novela de Cela: Mrs Cadwell habla con su hijo), llegué tarde por culpa del taxista que me transportó a la Universidad, quien se pegó la enredada del siglo por las calles congestionadas de los alrededores de La Moncloa. De modo que sudoroso y molesto, entré estrepitosamente al salón, un salón para treinta personas, colmado completamente de mujeres, solamente mujeres (!).

Entro con ese afán y se hace un silencio absoluto y 62 ojos tornan todos hacia mí y yo vislumbro el último asiento vacío, justo al otro extremo, al lado de la profesora, que en ese momento hacía la inducción a la sesión, y entonces camino aplastado por esas treinta y un miradas y por ese silencio ensordecedor, como diría Borges, y logro por fin llegar, empapado, al asiento, al que me agarro como tabla en un naufragio. Y aún después de mi acomodo, el silencio se prolonga y entonces tengo la certeza de que la profesora estaba despotricando a sus anchas del pobre y débil género masculino, pues la oigo balbucear, intentando, no ya retomar el hilo, sino fundar otro, otro que poco a poco llevó a lo mismo: a despotricar de nosotros los pobrecitos hombres.

No es paranoia, afirmaba entonces y lo reitero ahora, pero si nos atenemos a la idea de que las mujeres tienen un código de habla que sólo se desarrolla cuando están solas y que para nosotros los hombres permanece vedado, esa situación de la anécdota es la comprobación de que ellas han desarrollado, quizás genéticamente, después de incontables mutaciones, una forma de resistencia, una condición refractaria que les permite safarce del yugo patriarcal, que les da libertad y revancha y que nos excluye a nosotros los pobrecitos hombres, que debemos contentarnos con un insulso «ellas se entienden, ellas son así».

Pero esto que parece una situación singular o una experiencia excepcional, en realidad está presente en la (mi. ¿solo mía?) cotidianidad. De hecho, se repite en cada reunión de mis cuñadas, mi mujer y mi suegra, 6 mujeres, siempre que se encuentran en algún sitio por una celebración de cumpleaños o cualquier otra excusa y que yo no dudo en llamar los aquelarres. Entonces, en algún rincón del apartamento de acogida, preferiblemnte en la cocina, la seis se reúnen y enpiezan a secretear ellas (a veces por extensos minutos) y los demás, los pobrecitos hombres quedamos estupefactos y sobre todo excluídos.

Nada más oportuno a este situación que traer la noticia del Nü shu, que significa literalmente “escritura de mujeres”, un lenguaje desarrollado en la China rural como vía de escape, acto de rebeldía y desahogo frente a una sociedad brutalmente machista.

Aunque fue descubierto en el año 1983 por el profesor Gong Zhebing cuando escuchó a dos mujeres comunicándose en una lengua extraña, se cree que existe desde el Ssiglo III, aunque los estudiosos no se ponen totalmente de acuerdo sobre la fecha del origen. Lo cierto es que el Nü shu ha logrado esquivar el control masculino durante varios siglos.

Nos cuenta Sonsoles Lozano que hace mucho tiempo las mujeres de la región de Jiangyong en Hunan, al sur de China, destinadas a ser analfabetas toda su vida, inventaron su propio alfabeto, creando un lenguaje propio muy complejo que ha pasado totalmente desapercibido para los hombres durante siglos. A diferencia del chino escrito que es logográfico donde cada carácter representa una palabra, el nü shu es fonético y cuenta con alrededor de 600 caracteres que representan sílabas. Los lingüistas lo consideran un sistema de comunicación único en el mundo porque no tiene ningún paralelo hablado. Eso sí, al igual que el chino se escribe de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

Se usó para expresar sentimientos, reflexiones, descripciones de hechos cotidianos tales como guerras y bombardeos. También servía para transcribir canciones folklóricas, acertijos y traducciones de antiguos poemas chinos, así como un medio para enviar correspondencia secreta entre las casas. Se trataba de mensajes camuflados como dibujos abstractos estampados en jarrones, abanicos y pinturas.

La escritora Lisa See acaba de publicar en España ‘El abanico de seda’ (Salamandra/Grup 62), un libro intimista en el que describe la relación durante décadas de dos mujeres chinas de finales del siglo XIX a través del código secreto femenino, el ‘nu shu’.

En la novela estas dos protagonistas muestran dos caras de cómo se enfrentaban las mujeres a la tradición patriarcal. Por un lado, Lirio Blanco «hace exactamente» lo que manda la tradición, mientras que Flor de Nieve es más rebelde y siempre piensa en salir de su reclusión, identificándose a menudo con el vuelo de los pájaros.

Volviendo a #Membrana, y ya reconocida la función narrativa de la primera persona del plural femenino (una persona que corresponde a la «voz» de inteligencias artificiales que guían el recorrido por el Museo del Siglo XXI y cuentan la historia que leemos) surge un nuevo sentido para la expresión «nosotras nos entendemos».

Sólo nosotras nos entendemos, resulta ser una expresión que remite a la hermeticidad del meta-meta lenguaje de la programación informática. Claro, la mayoría de nosoros los no informáticos, tenemos dificultades para entender los lenguajes de programación, con lo cual quedamos excluídos (es la advertencia) de las «intimidades» de las Inteligencias artificiales. Pero creo que el aunto va má allá.

Para planearlo recurro a la inquientae propuesta que hace Keneth Goldsmith en el epílogo de su libro: Uncreative writing, en el que ,a propósito del fenómeno llamado Internet de las cosas, advierte lo siguiente (cito largamante, no hay alternativa):

… ejércitos de refrigeradores y lavapatos comunicádose con los servidores quizá no parezca tener mucho que ver con la literatura, pero si lo enfocamos desde la perspectiva de la gestión de la información, estas máquinas están a punto de ser reprogramadas para producir una literarura, que será solo legible para otras máquinas… Como resultado, se podría producir un sofisticado discurso literario que evolucionará sin cesar y que no solo será invisible para nosotros, sino que nos excluirá por completo…

En seguida Goldsmith recurre a la idea de una Robopoética, tomada de las refexiones de Christian Bok, quien no duda en darle este título a esta condición en la que el involucramineto del autor será discrecional, es decir estaríamos ante el fin de la literatura conocida. Susan Blacamore, otra referencia a la que acude Goldsmith para reforzar desde esta perspectiva sus ideas de escrituras no creativas, describe u escenario evolutivo en el que seremos desplazados por las máquinas y su capacidad de mover infomación y le da otro título a esta situación: el tercer replicante (más allá de los genes y de los memes, los primeros replicantes evolutivos).

Así que estamos excluídos (los humanos) de doble manera: por la hermeticidad del lenguaje de maquina y por la imposibilidad de acceder a su evoución literaria o poética. Y una roboóética es lo que Carrión nos hace visible cuando le da voz y estilo «humano» a la expresión de las inteligencias artificiales que han decidido (en un acto de supervicencia) dar a conocer su épica, su robopoesía épica, no sin secretos, no sin baches, no sin dificultades, como son las que se expresan en la fórmula: «nosotras nos entedemos», es decir «todavía no hemos podido (o no hemos querido) traducir todo para que sea comprendido y acesible para el humano», es decir, hay todavía un remanente cognitivo y semántico que resulta por lo menos inquietante.

Revise la primera entrada de estas reseñas de #Membrana y espere esta otras:

Datos & Relatos: Perdón por el estilo

El imposible lector ideal de #Membrana

Post humanismo en #Membrana

Cronología del Siglo XXI

Intertextualidades carronianas

Ver también https://nomadasyrebeldes.wordpress.com/2006/04/05/en-chile-con-diamela/

Membrana de Jorge Carrión. Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2021.

La última novela del autor español desarrolla una singular muestra de su talento al imaginar un Museo del siglo XXI «curado» y descrito  por inteligencias artificiales. En eso consiste el texto que leemos, en la descripción-narración que hacen las IA de las, al menos, cincuenta salas del museo, incluidas algunas especiales por lo grandes y significativas. 

Podría decirse que lo que leemos es la transcripción de las audioguías de las salas, enriquecidas por una narración de fondo: el conflicto global entre humanidad y tecnologías que, traspasado el mítico quiebre de la singularidad, pareciera haber generado un escenario tan complejo como inesperadamente previsible: la decisión de exterminar (si se quiere, masacrar) las inteligencias artificiales, acabar con la tecnología, tarea llevada a cabo por una suerte de nuevos luditas que son denunciados por estas inteligencias artificiales a medida que avanzamos (ese es el compromiso inmersivo que se nos pide) por las distintas salas.

Un auténtico viaje al futuro distópico que nos espera si no somos capaces de configurar una inteligencia colaborativa entre humanos y máquinas (es decir, un futuro posthumano)

El trabajo de Carrión despliega toda una reflexión fundamentada (basta escuchar el Podcast Solaris del propio autor) en su interés y conocimiento de los hitos culturales más contemporáneos y en su reflexiones y experimentos de lo que él mismo ha llamado «el nuevo realismo»: la ciencia ficción.

A la extensión del relato, a la imposibilidad de darle un cierre a la trama a la que nos expone la novela, se suma un artificio más: la publicación de un relato autoficcional (Todos los museos son novelas de ciencia ficción, Galaxia Gutemberg, 2022) a modo de secuela que en realidad resulta ser la precuela de la narrativa que hemos leído antes. En esta secuela, el ejercicio expresivo es muy atrevido. No solo por la experiencia narrada (un viaje al futuro que en realidad es la visita de Mare, una IA, desde el futuro al presente del protagonista), sino por los recursos expuestos: texto, si, pero también un cómic vectorial (Roberto Massó), visualizaciones de datos, «videos», gráficos y otros recursos que hacen de este libro-objeto todo un Mashup literario.

Cómo curiosidad para el lector, ofrezco la inquietante cronología del siglo XXI extraída de la novela reseñada: 

https://drive.google.com/file/d/1kiB22ZLhxyHQnqX3nuItJs08tKtHbFK9/view?usp=drivesdk

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Intertextualidades carronianas

Una Saga: la gran familia IA (por la dudas y por las deudas)

¿Tiene la literatura algún rol relevante en los escenarios creativos contemporáneos?

Este texto corresponde a la ponencia presentada para el I Encuentro de programas de creación literaria y escrituras creativas,  Bogotá 24-27 de marzo, 2015

Constituye una de las síntesis más claras del trabajo investigativo reflexivo de JAR sobre los destinos de la palabra literaria en tiempos digitales.

Introducción.

Hace más de 20 años, Alvin Kernan en su libro: «La muerte de la literatura» (1996), anunciaba el rezago de la literatura romántica y modernista frente a las condiciones de una sociedad que iba dejando atrás, cada vez más globalmente, las formas de producción fondistas, para entrar de lleno en lo que algunos autores anunciaban ya como la era posmoderna. El llamado de Kernan era de doble índole. De un lado, planteaba la necesidad de encontrar maneras de conservar los tesoros y valores literarios clásicos y modernistas (que se habían visto atacados casi hasta su disolución por una feroz crítica relativista y deconstruccionista), pero, de otro, y más centrado en las posibilidades de la producción literaria, Kernan pedía a los creadores un arte literario más acorde con estos tiempos posmodernos.

Ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces y no solo se han consolidado los procesos de globalización y de posmodernización, sino que el ambiente socio técnico (especialmente por la irrupción avasalladora de Internet) se ha transformado dramáticamente, poniendo en escena lo que algunos autores han denominado una eclosión mediática sin precedentes, la cual ha venido afectando no solo el destino, sino las formas de hacer y entender la literatura.

Estas transformaciones han obligado a repensar todo el sistema literario (Aguirre, 1997). El lector se ha convertido en lectoespectador (Mora, 2012) e incluso en lector-espectador- internauta (García Canclini, 2009), configurando toda una cultura post lectora (Piscitelli, 2009). Buena parte de la actividad académica que antes se dedicaba exclusivamente al estudio de la literatura ha seguido el camino más global, más estratégico, de los estudios culturales que consideran la obra literaria una práctica social más y no el centro de la cultura. El libro ha dejado de ser el principal soporte de contenidos y sus sucedáneos han generado prácticas y formas de producción y creación inéditas que han cambiado definitivamente el paisaje artístico y cultural. La novela ha dejado de ser la forma de ficción privilegiada y tiene cada vez más que competir con artefactos como los videojuegos y las nuevas formas audiovisuales e interactivas. El proceso de des hegemonización de las formas escriturales que comenzó con el advenimiento y crecimiento del cine y de la televisión se extendido, gracias al poder de los nuevos dispositivos interactivos.

En este ambiente, lo creadores literarios se ven enfrentados a tres alternativas: o mantienen y defienden formas tradicionales de hacer literatura, con el peligro de «aislar» definitivamente la práctica literaria, o migran y/o mutan a otros escenarios más vinculados con las posibilidades que han abierto las nuevas condiciones socio técnicas, o reinventan finalmente el ejercicio literario, incorporando, a su modo, los contenidos, las problemáticas y las formas expresivas mismas de la sociedad contemporánea.

  1. Novela, posmodernidad y cibercultura.

Una mirada retrospectiva de los estudios y prácticas de la llamada literatura posmoderna ha permitido aclarar que dicha literatura con su pretensión carnavalesca (promoción de lo indecidible, de la fragmentación, de la ironía, del pastiche y de la hibridación) y su búsqueda de una doble productividad (de la actividad co-creativa del lector), configuró una estética que consiste en simular el carnaval y la performance, sin lograr ponerlos en escena real, debido a que desarrolla sus estrategias en un dispositivo inadecuado (el texto lineal soportado en libro y una comunicación, la escrita, que es esencialmente una comunicación en diferido, y por lo tanto alejada de la performance de tiempo real como tal).

En efecto, los nuevos dispositivos digitales interactivos permiten más naturalmente la realización concreta de los propósitos posmodernos. Las exploraciones posmodernas, al restringirse al espacio de la ficción impresa, si bien constituyen imágenes de algo irrealizable en ese medio, pero deseado como posibilidad, son claros ejemplos de cómo la literatura se vio forzada a trabajar contra su medio. Podemos considerar muchas de las obras posmodernas como ficciones interactivas que operan bajo las limitaciones impuestas por la imprenta. La ficción digital, en cambio, logra sin esfuerzo aquello que los escritores experimentales sólo conseguían con grandes dificultades. Así, el medio electrónico proporciona un nuevo conjunto de técnicas para transmitir la tensión (explorada y prevista por la ficción impresa) entre la corriente lineal de la narración y la serie de pensamientos asociativos provocados por ésta. La escritura electrónica, no finge al autor múltiple o al lector participativo: los exige. La ficción digital en fin, reelabora, reevalúa y potencia técnicas que ya había desarrollado la ficción impresa (Bolter, 2006).

Todas estas circunstancias nos permiten afirmar, a modo de síntesis, que es bajo un nuevo dispositivo técnico (ciberespacio), enunciativo (hipertexto) y cultural (cibercultura) como se pueden realizar mejor y más eficazmente muchas de las anticipaciones, deseos y figuras del programa posmoderno de la escritura; lo cual no quiere decir que los hallazgos de la estética posmoderna no puedan potenciarse y hasta capitalizarse para un ejercicio más tradicional, como veremos más adelante.

  • La ficción literaria. Una más entre muchas.

Es en el marco de este orden de ideas que se hace legítimo y necesario hablar de otra relativización de la literatura: considerarla como una más de las artes de la ficción. Siguiendo a Schaeffer (2002) y su planteamiento de los dispositivos ficcionales, la literatura haría parte de ese tipo de arte, el arte de la ficción, que se caracteriza por proponer efectos de inmersión a un lector que se dispone a aceptar un juego en particular, el juego del «como si». De este modo las

ficciones, según Schaeffer, garantizan sus tres funciones fundamentales; generar algún tipo de conocimiento (función cognitiva), generar gusto por el relato (función estética) y generar efectos de re figuración (función trascendente).

Schaeffer propone siete dispositivos ficcionales, cada uno de los cuales dispone un vector de inmersión (juego «como si» particular) y exige a su vez una postura de inmersión (implicaciones del lector o usuario). Los tres primeros dispositivos son quizá los más utilizados por las ficciones literarias (como si estuviera escuchando un narrador, como si estuviera escuchando las palabras y actos de habla de las personas protagonistas del relato, como si pudiera acceder a la mente de alguien). Los otros cuatro dispositivos se alejan de las posibilidades de la literatura: como si estuviera viendo algo real (pintura, fotografía), como si estuviera viendo- escuchando algo real en movimiento (cine, animación), como si estuviera observando un acontecimiento real (teatro), como si estuviera manipulando los acontecimientos (ficciones digitales interactivas).

  • Literatura amplificada, literatura transmediada, literatura enriquecida.

La literatura, es cierto, ha desarrollado y cualificado a lo largo de varios siglos de práctica sociocultural sus estrategias de ficcionalización, llevando a niveles insospechados su particular poder de representación en complicidad, claro, con lectores que han aprendido a actualizar en su mente con mucha habilidad las imágenes de mundos posibles propuestos por el texto literario; sin embargo su apuesta a esa pragmática tan dependiente del proceso comunicativo escritura/lectura la inhabilita para incorporar procesos y efectos de percepción que otros medios han venido afinando recientemente como los que describe Scheaffer: la imagen, la animación audiovisual, la presentación de acontecimientos y la interactividad tecnológica. Es lo que Julia Kristeva alguna vez denunció como la falsa volumetría de la novela (Kristeva, 1974).

Para Kristeva la pretensión fallida de la novela de dar cuenta de la totalidad de lo real (pretensión volumétrica, según sus palabras) inaugura.lo que ella llama el espacio curvo de la comunicación. En efecto, la novela no presenta, no puede presentar la realidad (imposibilidad volumétrica), así que la re-presenta (espacio curvo), esto es, usa una plataforma que de manera indirecta (escritura, lectura, entonces actualizacion mental del mundo posible sugerido) expone la realidad, muy en la línea escolástica de promover el esfuerzo mental antes que la experiencia perceptiva. La reivindicación contemporánea de la imagen y la sofistificacion tecnológica de los sistemas de presentación perceptual (Bolter, 1998), sin embargo, han vuelto a poner sobre la mesa las posibilidades de la presentación volumétrica (articulación de morfológicas como la palabra, la imagen fija y en movimiento, el audio, etc.) en un camino que, es la promesa, debería conducirnos a la realidad virtual; y esto abre la necesidad de pensar otra literatura, abre todo un campo de posibilidades intermediales e interdiscursivas que quiero desplegar a través de tres conceptos.

De un lado, el que se ha empezado a denominar como “literatura amplificada o expandida” y que consiste en afinar la mirada y en ampliar los marcos conceptuales de lo literario para empezar a incluir crítica y creativamente como “literarias” producciones de otros ámbitos como los cómics, las novelas gráficas, las hipernovelas, los videojuegos, los weblogs y en general los

artefactos que expanden el poder de lo ficcional, a través de distintas plataformas y medios. Esta alternativa implica extender la noción tradicional de lo literario hasta hacerla coincidir plenamente con lo que Scheaffer llama lo ficcional, es decir, implica entender la literatura como la ficción en general, implica entenderla como expresión volumétrica.

En segundo lugar, y para abordar el problema que consiste en rehacer (deconstruir) el discurso literario en función de las potencias comunicativas, técnicas y estéticas de los nuevos medios, propongo el término «literatura transmediada”, que tiene en el concepto de “trasvase cinematográfico” un antecedente imprescindible, pero relativo a la hora de asumir esas transformaciones. Re-mediar, hiper-mediar, trans-mediar y crear colectivamente son apenas cuatro de las derivaciones necesarias de este ejercicio que exige una capacidad inter discursiva e inter semiótica y una mirada práctica interdisciplinar que favorezca esa otra expansión de lo literario: su adaptación a la potencia de los medios interactivos.

Finalmente propongo el término “literatura enriquecida”, para cubrir esa literatura que capitaliza los hallazgos técnicos, estéticos y cognitivos de los nuevos medios en el ejercicio tradicional literario y que tiene aquí, de nuevo, un antecedente en la fuerza influenciadora de lo cinematográfico sobre la práctica narrativa literaria, pero que va más allá, hacia la búsqueda de nuevas potencias creativas y críticas para la escritura literaria tradicional, a partir de lo que emerge de la práctica estética concreta que se deriva de la comunicabilidad interpelativa de los nuevos medios.

Quizá la mejor ilustración de lo que aquí llamamos literatura expandida es el festival Kosmopolis que bienalmente realiza en Barcelona, España, el Centro de cultura contemporánea. En la presentación de su página web, se lee:

En Kosmopolis la literatura es la protagonista en todas sus vertientes: apostamos por un concepto de literatura amplificada, en todas aquellas manifestaciones de la palabra –oral, impresa y electrónica– que erosionan las divisiones entre géneros, asumen la evolución de los soportes de lectoescritura y sortean las sucesivas muertes anunciadas.

Desde su primera edición, Kosmopolis ha reunido a escritores, poetas, filósofos, cientificos, músicos, cineastas, dramaturgos, cuentacuentos, dibujantes de cómic, guionistas, periodistas, actores, bibliotecarios y editores dispuestos a debatir sobre temas clave de nuestra actualidad y a celebrar un discurso universalista, una fiesta para emancipar lectores, estimular la mutación del canon, agitar los géneros, interactuar con las ciencias, navegar en lenguas y revisar mitos, tradiciones e identidades (http://www.cccb.org/kosmopolis/es/projecte)

Como se ve aquí, hay claramente una actitud que aprovecha de algún modo el nicho literario para abrir desde allí, desde el prestigio de lo literario, la práctica cultural a campos diversos. Lo amplificado es estratégico, es un modo de «sortear la muerte de la literatura» estableciendo alianzas con prácticas que, aunque técnica y materialmente diferentes, tendrían en común la textualidad, entendida de un modo amplio (evolución de los soportes de lecto/escritura).

Palabra oral, impresa, electrónica y más recientemente, palabra audiovisual se juntan en Kosmopolis, se hibridan, se auto reconocen y dialogan de forma extensa.

Para ilustrar el concepto de literatura transmediada, quiero exponer brevemente, con su excusa, mi propia obra. Escribí mi ópera prima, la novela Gabriella Infinita, al final de los años ochenta (trabajaba entonces, tanto en el frente teórico crítico como en el artístico, la noción de posmodernidad).y la publiqué en 1994, convencido precisamente de haber logrado una obra posmoderna.. Al final de aquel año tuve la oportunidad de conocer los planteamientos de George Landow sobre hipertexto y me di cuenta de que Gabriella debía ser un hipertexto.

Hacia el año 96 emprendí la tarea de reconvertir la novela en hipertexto y dos años más tarde, gracias a una beca del ministerio de cultura, ya como productor, reuní un equipo junto con Carlos Torres, para transformarla en hipermedia. El testimonio de su creación (el.artículo Del texto al hipermedia) fue incorporado a mi Tesis Doctoral: El Relato digital. Una vio la luz en el año 2000 y la otra en el 2002.

Con el aprendizaje de la re-mediación (adaptación a hipertexto-media de una obra literaria) de Gabriella, emprendimos la tarea de desarrollar ya no una obra digital a partir de una obra literaria, sino un hipermedia desde sus condiciones intrínsecas (proceso de hipermediación como tal). El resultado fue Golpe de gracia en 2006, que tuvo un subproducto literario: La novela El infierno de Amaury,

El siguiente reto, fue construir y dinamizar una plataforma ya no para albergar una obra, como para facilitar la intervención creativa de usuarios, es decir,para elevar el nivel de participación de los usuarios desde lo que Ryan (2004) llama interactividad selectiva a una interactividad participativa y creativa. El resultado de este trabajo recibió el nombre de Narratopedia, plataforma para la creación digital colectiva, la cual ha venido funcionando desde el año 2010. Al final del 2013 en el marco de una investigación sobre inteligencia colectiva, desarrollamos un ejercicio de transmediación de un texto literario, curiosamente un fragmento de Gabriella infinita (Atrapados) que se convirtió a la vez en (web)cómic, en videojuego y en juego de rol. Con esto alcanzamos quizá un final de ciclo que cubrió sucesivamente cuatro formas de desarrollo de obras digitales interactivas: re-mediación, hipermediacion, creación colectiva y trans-mediación.

Quiero ilustrar ahora el concepto de «literatura enriquecida», refiriéndome finalmente a tres jóvenes autores españoles de reciente reconocimiento, que han emprendido obras muy vinculadas a las prácticas mediáticas contemporáneas. Uno es Jorge Carrión autor de una trilogía novelesca conformada por las obras Los muertos (2010), Los huérfanos (2014) y Los turistas ((2015). En Los muertos, Carrión ofrece un texto escrito al modo del lenguaje de las teleseries, con tema y reflexión sobre este género televisivo, ambientado en un escenario ligeramente futurista, muy influenciado por prácticas culturales contemporáneos como las redes sociales, el medio del espectáculo y una geopolítica compleja.

Otra obra que puede incluirse en este marco es Alba Cromm, de Vicente Luis Mora (2010), novela que incluye el chat, el blog, el correo electrónico y la dinámica de las redes sociales, como parte y extensión del marco narrativo propio: una investigación de un caso de pederastia (relato policiaco). La obra de Mora presenta así, una serie de materiales que completan la historia y añaden nuevas perspectivas, es decir, desarrolla una estructura expandida por otros contenidos complementarios, Además, como aparece reflejado en el blog (ficticio, claro) que escribe la protagonista, los lectores (reales, claro) pueden acceder al universo ficcional de Alba Cromm a través de la novela y, posteriormente, dirigirse a las entradas del blog para descubrir

matices del personaje, o convertirse también en protagonistas del relato. Esta heterogeneidad del material (además del.blog de Cromm, también esta disponible el blog de Luis Ramírez el otro protagonista), obliga al lector a adoptar los códigos de cada discurso, y de algún modo a abandonar los moldes de los géneros literarios para optar por el zapping.

Finalmente quiero mencionar la novela Providence de Juan Francisco Ferré. Una novela que adopta la estructura del videojuego (las partes se llaman niveles, por ejemplo, como las partes de los muertos de llaman temporadas)) así como su lenguaje y una temática bastante truculenta que la aproxima a las dinámicas híbridas de la eclosión mediática contemporánea. En Providence, un director cinematográfico se ve obligado a trabajar por primera vez en su carrera a partir de un guión que no es suyo. Pronto descubrimos que el guión original se basa en una novela rusa que a su vez habla del caso enigmático de un videojuego con el que la desesperada dirigencia soviética de los años de la disolución trataban de ganar la mente de sus ciudadanos, trabajando así uno de los mitos sobre los videojuegos, según el cual, estos artefactos tienen el poder,, más que otros, incluidos la literatura y el cine, de arrobar el alma y la mente de sus usuarios. Pero aún más: en la novela se da que el videojuego sigue circulando clandestinamente ahora en Estados Unidos, en un ambiente que pronto convierte la novela , en una de sus tantas facetas, en thriller de espionaje deliciosamente truculento. La novela, según el propio autor, responde a una manera (muy posmoderna por cierto), de sobrevivencia literaria: si la novela no tiene nada que hacer frente a artefactos ficcionales como el cine o el videojuego, si puede hacer de este hecho su tema y su reto estético . Providence y la obra de Ferré, en general, se configura así como una versión contemporánea de la literatura del agotamiento, propuesta y desarrollada en los años 70 por John Barth (1967)

Conclusión

Ya podríamos responderle a Kernan, aunque no tengamos obligación de hacerlo. ¿Cómo conservar lo literario? No encerrándolo en bibliotecas, no destrozándo en aburridas clases, no trivializándolo en festivales y espectáculos varios, sino transmediándolo, llevando sus potencias a los artefactos y escenarios donde hoy es posible dinamizarlo, expandirlo. Al fin y al cabo, la literatura, con su larga historia es la mejor fuente de ficciones y problemas de lo humano que alguien pudiera encontrar. ¿Cómo hacer literatura para nuestros tiempos? Renovando el imperativo posmoderno de incorporar en el ejercicio propio, aquello que parecería su enemigo natural: los hallazgos técnicos, estéticos y cognitivos provenientes de otras prácticas culturales, de otros dispositivos ficcionales.Y/o ampliando la práctica y expandiendo la noción de lo literario de modo que coincida con la más general de ficción contemporánea en tiempos de eclosión mediática.

He dejado intencionalmente por fuera de este análisis otro de los componentes del sistema literario: su enseñanza. No quiero, no puedo, exponer aquí una propuesta concreta (aunque sí debo aclarar que estamos trabajando en este asunto en mi Universidad), no es tan sencillo como incluir estos temas en el currículo de los programas de escrituras creativas o abrir nuevos programas especializados, no. Por eso quiero terminar con el relato de dos anécdotas. Las quiero dejar ahí, aquí, para que ustedes saquen sus propias conclusiones.

La primera proviene de una entrada del blog del escritor mexicano Jorge Volpi de principios del año 2011, titulada «Una modesta propuesta educativa». Allí Volpi propone que la única manera de recuperar el interés por la literatura entre los jóvenes es ponerla a dialogar con otras formas

de la ficción, y para ello plantea la necesidad de cambiar la asignatura de Literatura por la de Ficción contemporánea. La pregunta que nos deja Volpi es tan sencilla como inquietante:

¿quién está preparado para impartir esta asignatura?

La segunda anécdota me gustaría llamarla: «Secretos de un poema escrito en una servilleta». En una reciente conferencia que tuve el honor de impartir en el Master de literatura creativa de la universidad Pompeu Fabra, en Barcelona España, uno de los estudiantes me dijo lo siguiente: «transmediar literatura implica mucha parafernalia técnica, en cambio yo puedo escribir un poema casi en cualquier momento, casi sobre cualquier superficie, no necesito más que una imagen o una situación inspiradora y ya». Lo único que se me ocurrió decirle fue que las cosas no son tan sencillas como parecen. En realidad, detrás de lo que hay al escribir un poema sobre una servilleta es toda esa parafernalia técnica, cultural y hasta económica en qué consisten los procesos de alfabetización: ¿cuánto tiempo, dinero, historia, cuántos dispositivos institucionales no han tenido que moverse para que alguien despliegue un ejercicio poético sobre una servilleta? No se trata de autonomía, de genialidad individual, sino de un esfuerzo social y colectivo que hemos invisibilizado.

Claro, esta imagen sirve también para mostrarnos cuánto falta para que los nuevos paradigmas creativos, que pasan seguramente por una consolidación de la creación colectiva como valor, se hagan naturales, es decir, valiosos y necesarios: cambios en las estrategias de alfabetización (Gutiérrez, 2008), formación de nuevas subjetividades (Eldwell, 2013),, nuevos paradigmas educativos (Amador, 2014), políticas adecuadas y desarrollo compatible de la innovación (Medina, 2007) y un largo etc, que se haría arduo enumerar.

Referencias (en orden de aparición en el.texto)

Kernan, Alvin (1996). La muerte de la literatura. Caracas: Monte Ávila, 1996

Aguirre R., Joaquín María (1997) La incidencia de las Redes de comunicación en el Sistema literario. Espéculo, nº 7, Dpto. Filología Española III (Universidad Complutense). https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero7/sistemal.htm

Mora, Vicente Luis (2012). El lectoespectador. Barcelona: Seix Barral

García Canclini (2009). Lectores, espectadores e internautas, Gedisa, Barcelona Pisciltelli, Alejandro (2009). Nativos Digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de participación. Madrid: Santillana

Bolter.J.D. (2006) Ficción interactiva. En: Vilariño, Mª.T. y abuín, A. (comp.). Teoría del hipertexto. La literatura en la era electrónica. Madrid: Editorial Arco Libro.

Schaeffer,Jean-Marie (2002). ¿Por qué la ficción?. Madrid: Ediciones Lengua de Trapo

Kristeva, Julia. El texto de la novela. Barcelona: Editorial Lumen, 1974

Bolter, JD (1998). Ekphrasis, realidad virtual y el futuro de la escritura. En: Nunberg, Geoffrey. El futuro del libr. ¿Esto matará eso?. Barcelona: Gedisa

Kosmopolis. La fiesta de la literatura amplificada. http://www.cccb.org/kosmopolis/es/ Rodríguez, Jaime Alejandro. Obras digitales mencionadas: Gabriella infinita (2000) http://www.javeriana.edu.co/gabriella_infinita/. Golpe de gracia (2006) http://collection.eliterature.org/2/works/rodriguez_golpe_de_gracia/index.html. Narratopedia (2010) http://narratopedia.net. Atrapados (2014) http://atrapados.co

del texto

Carrión, Jorge (2010). Los muertos. Barcelona: Random House Mondadori Mora, Vicente Luis (2010). Alba Cromm. Barcelona: Seix Barral

Ferre, Juan Francisco (2009). Providence. Barcelona: editorial Anagrama

Barth. John (1967). La literatura del agotamiento. En: The Atlantic Monthly, vol. 220, núm. 2, Agosto de 1967.

Gutierrez, Alfonso (2003). Alfabetización digital. Algo más que botones y teclas. Barcelona:Gedisa

Elwell, J Sage (2014) The transmediated self: Life between the digital and the analog. Convergence 2014 20: 233 originally published online 12 September 2013. http://con.sagepub.com/content/20/2/233

Amador. Juan Carlos. Aprendizaje transmedia en la era de la convergencia cultural interactiva. En: Revista educación y ciudad no. 25. Julio-Diciembre de 2013.

Medina. Manuel (2007). Prólogo. En: Lévy, Pierre. Cibercultura. La cultura de la sociedad digital. Barcelona: Anthropos

Nota Introductora

Este documento fue leido en el marco del evento ognizado por El Banco de la República, el dia 14 de octubre de 2021: Seminario “La cultura desde las humanidades digitales”, orientado por el interés por dialogar sobre las Humanidades digitales y su incidencia en los procesos culturales. La pregunta qe se me pidió resonder fue: ¿Cómo emplear las nuevas tecnologías de información y comunicación para fortalecer la preservación de las lenguas y tradiciones culturales?

¿Cómo dar respuesta a la pregunta sobre las maneras de emplear las nuevas tecnologías de información y comunicación para fortalecer la preservación de las lenguas y tradiciones culturales?

Bajo el condicionamiento personal de no conocer sino muy anecdótica y tangencialmente (básicamente por referencias, conversaciones y ejercicios académicos de colegas), las tradiciones del mundo de los pueblos originarios, se me ocurre pasar por algunos asuntos que podrían ofrecer pistas (y más preguntas) para intentar una respuesta, desde una mirada que es externa (los estudios literarios y las humanidades digitales) pero que, quizá por eso mismo, se permite especular sobre las posibilidades de aplicación de las Tic en el tema sugerido.

1 Los espacios antropológicos

Propongo como primer asunto, atender la propuesta de Pierre Levy en su libro Inteligencia colectiva (por una antropología del ciberespacio), según la cual la evolución humana se puede comprender desde la perspectiva de una cadena de 4 espacios antropológicos. Un espacio antropológico es un sistema de proximidad propio del mundo humano y por consiguiente, dependiente de técnicas, significaciones, lenguaje, cultura, convenciones, representaciones y emociones. Los espacios antropológicos son entonces planos de existencia donde se desenvuelve el ser humano, que están dotados de ciertas velocidades culturales y a los que se les puede dotar de frecuencias en el mundo personal. Deben ser entendidos como mundos de significación y no tanto como categorías.

El primer espacio corresponde a la Tierra, que es la frecuencia de base, caracterizado porque el lenguaje es de tipo oral, la técnica es de tipo arcaico y las formas de organización están basadas en las tribus. Los modos de conocimiento corresponden a mitos y ritos que garantizan una participación en el cosmos y la identidad se da por la relación del nombre con la posición en la tierra. Es en este espacio donde se instaura una velocidad humana caracterizada como superior a la de la vida animal.

El siguiente espacio es el Territorio. Corresponde históricamente al período neolítico, que ve nacer la agricultura, las ciudades, el estado y sobre todo la escritura. Su calidad es sedentaria y se da forma a la domesticación. El modo de conocimiento es derivado de la escritura, comienza la historia, el conocimiento sistemático, la hermenéutica. El vínculo se da en relación con una entidad territorial y aparece como dato fundamental de identidad la dirección (posición en el territorio). Se establecen fronteras, imperios, así como gobiernos y en general las primeras instituciones modernas. Aquí el ser humano logra diseñar y medir las velocidades mecánicas.

El tercer espacio es el de la Mercancía, ubicable a partir del siglo xvi, cuando se da apertura a las dinámicas del mercado mundial. El principio organizativo ya no es la frontera sino el flujo: todo se organiza para que fluya: energía, materias primas, capitales, mano de obra, informaciones,. Otra condición es la desterritorialización, es decir, la subordinación de territorios a los flujos económicos. No se trata de controlar fronteras como de controlar flujos. Se consolida la industria, la ciencia experimental, la tecnociencia (investigación en función de la innovación económica). La identidad y el vínculo social, se dan por la profesión (posición en el espacio mercantil). El espacio de la Mercancía inventa la aceleración, producto de una circulación incesante de bienes, mercancías y migraciones, cada vez más densa, cada vez más rápida. Es el espacio hegemónico, es decir, es capaz de subordinar los espacios previos y modela de alguna manera el espacio emergente del saber.

Finalmente está el espacio del Saber, también llamado por Levy, espacio del Conocimiento o de la inteligencia colectiva: Se caracteriza por la exigencia de una capacidad de aprendizaje rápido e imaginación colectiva, por el aumento de la velocidad de evolución de conocimientos, por la masa de personas llamadas a aprender y producir, por la aparición de nuevos instrumentos (la infraestructura del ciberespacio) y por la invención de instrumentos para filtrar información pertinente, para realizar aproximaciones según significaciones y necesidades subjetivas (personalización), para localizarnos dentro del flujo de información y reconocer a los demás en función de los intereses, las competencias, los proyectos, los medios y las identidades mutuas. El espacio del saber corresponde a la cibercultura, es un espacio emergente y por eso se considera utópico, está habitado y animado por intelectos colectivos y aún está en búsqueda de su autonomía.

Una pregunta que se puede hacer aquí es cuál es la condición en la que se mueven las dinámicas culturales tradicionales, cuál podría ser su espacio antropológico predominante.

Pero para comprender mejor esta pregunta podemos pasar a un segundo asunto, derivado de este primero: Las relaciones entre los espacios, pues la condición humana contemporánea se caracteriza, como veremos, justamente por una experiencia de yuxtaposición de los espacios antropológicos:

2.  Dinámicas entre espacios antropológicos

Los espacios antropológicos están vinculados y responden a dos tipos de relaciones: las relaciones armónicas, esto es, los deseos de ser superiores de los espacios inferiores y los derrames o expansiones del espacio superior sobre el inferior. Y, por otro lado, las relaciones cacofónicas entre los espacios (resistencias o perversiones de lo inferior sobre lo superior).

Todo sucede, nos dice Lévy, como si dos corrientes, una ascendente y otra descendente, ordenaran las relaciones entre espacios. De abajo hacia arriba, los espacios más lentos, más profundos, son atraídos por los más altos, los más rápidos, mientras que los espacios inferiores son movidos o conmovidos por los espacios superiores. Lo ideal, según Lévy, sería que los espacios de arriba expandan su sustancia sobre los de abajo (lo que él llama el derrame o baño) y que estos últimos aspiren a los primeros (deseo).

Sin embargo, las situaciones negativas surgen cuando los espacios de abajo buscan dirigir y/o violentar a los espacios de arriba, configurando una dinámica inarmónica que Lévy no duda en llamar “cacofonías”. Es cuando espacios inferiores imponen su lógica y su voluntad

sobre los espacios superiores y a esa imposición, Levy las llama también los “males”, situaciones en las que el espacio superior no es el hegemónico y el que lo es, impone su voluntad. Levy distribuye las cacofonías en cuatro males:

Mal del sur: Voluntad de la tierra de dirigir los otros espacios. El jefe de clan se convierte en jefe de gobierno, ocasionando guerras civiles, dictaduras, hambrunas. El jefe de clan se convierte en jefe de comercio, actuando por depredación en vez de intercambio y desatando el bandolerismo y la mafia. El profeta new age confunde conocimiento con fundamentalismo (ecológico, religioso, político)

Mal del Este. Voluntad del territorio de dirigir la mercancía y el conocimiento, produciendo los desastres de una economía dirigida, de una pobreza planificada, del totalitarismo, de poner el espectáculo al servicio del conocimiento. Fracaso inevitable de quienes intentan mostrar en esos ambientes las posibilidades del espacio del conocimiento. Extremismos de las burocracias, de las rutinas administrativas, del mando autoritario

Mal del Norte. La mercancía pretende dirigir el espacio del conocimiento. Superficialidad de la sociedad del espectáculo, del pensamiento ahogado en los medios, en la publicidad, en la tecnociencia; desterritorialización sin freno, locura de las multitudes y de la velocidad, sin recuperación subjetiva; expansión por todas parte del norte: solo se sabe abandonar el norte para ir al este, se oscila entre el estado y el capital o se vira hacia el sur, al deseo de dominio total de la tierra.

Aquí las preguntas que se pueden plantear son: ¿Qué puede ser identificado como una iniciativa deseante o como una influencia benéfica (derrame) a la hora de preservar lengua y tradiciones culturales? ¿Qué males estarían bloqueando tales iniciativas?

Para ayudar a responder esa pregunta voy a presentar un ejemplo de lo que he hecho en mis trabajos sobre literatura digital a la hora de vincular literatura (una práctica propia de los espacios territoriales y de mercancías) con las posibilidades que le abre la cibercultura.

3. Culturas desantes, culturas derramadas

A manera de ejemplo, propongo entonces aplicar las ideas de vinculación de los cuatro espacios antropológicos levisianos al caso de la expresión literaria para ilustrar cómo está tensionado el ejercicio social y cultural contemporáneo por estas relaciones.

Con base en las categorías vinculantes de los espacios antropológicos, podríamos reconsiderar la novela, por ejemplo, como efecto del derrame de la escritura sobre la oralidad: la novela sería, ni más ni menos, oralidad derramada por la escritura.

Un ejemplo de oralidad derramada, en este caso por la cibercultura, es el proyecto “megafone.net”, dirigido por Antoni Abad. Se trata de un dispositivo comunitario de publicación móvil en la web. Desde 2003, “megafone.net” convoca a grupos de personas en riesgo de exclusión social y cultural a expresar sus experiencias y opiniones en reuniones presenciales (narrativas insitu) y a través del uso de teléfonos móviles, los cuales permiten a los participantes crear registros de texto, sonido, vídeo e imagen y publicarlos inmediatamente en Internet, convirtiendo la web en un megáfono digital que amplifica la voz de personas y grupos a menudo ignorados o desfigurados por los medios de comunicación predominantes.

Asimismo, podríamos apreciar la llamada por algunos “blogliteratura” como caso de escritura derramada por la sustancia de la cibercultura. Parafraseando a Santiago Cortés (2006), la blogliteratura podría caracterizarse como un género de escritura personal que pone en escena un discurso vivo, en cuanto se puede transformar continuamente y en cuanto documento compuesto por elementos de distintas naturalezas que se funden en su espacio virtual, y que incluye texto, imágenes, hipervínculos, sonido, etc. así como también interactividades (comentarios) que a su vez mueven de nuevo la escritura

Pero también podemos hablar de escrituras literarias deseantes, desde tres perspectivas: la escritura que desea desde la inexistencia del dispositivo, la escritura que desea dado el dispositivo y la escritura potenciada por el dispositivo. En cuanto al primer caso, sirve perfectamente el inventario de anticipaciones que se dan en la experiencia modernista y posmodernista que ofrece Bolter.. En efecto, una mirada retrospectiva de los estudios y prácticas de la llamada literatura posmoderna ha permitido aclarar que dicha literatura con su pretensión carnavalesca (promoción de lo indecidible, de la fragmentación, de la ironía, del pastiche y de la hibridación) y su búsqueda de una doble productividad (de la actividad co-creativa del lector), configuró una estética que consiste en simular el carnaval y la performance, sin lograr ponerlos en escena real, debido a que desarrolla sus estrategias en un dispositivo inadecuado (el texto lineal soportado en libro y una comunicación, la escrita, que es esencialmente una comunicación en diferido, y por lo tanto alejada de la performance de tiempo real como tal).

Los nuevos dispositivos digitales interactivos permiten más naturalmente la realización concreta de los propósitos posmodernos. Las exploraciones posmodernas, al restringirse al espacio de la ficción impresa, si bien constituyen imágenes de algo irrealizable en ese medio, pero deseado como posibilidad, son claros ejemplos de cómo la literatura se vio forzada a trabajar contra su medio. Podemos considerar muchas de las obras posmodernas como ficciones interactivas que operan bajo las limitaciones impuestas por la imprenta. La ficción digital, en cambio, logra sin esfuerzo aquello que los escritores experimentales sólo conseguían con grandes dificultades. Así, el medio electrónico proporciona un nuevo conjunto de técnicas para transmitir la tensión (explorada y prevista por la ficción impresa) entre la corriente lineal de la narración y la serie de pensamientos asociativos provocados por ésta. La escritura electrónica, no finge al autor múltiple o al lector participativo: los exige. La ficción digital en fin, reelabora, reevalúa y potencia técnicas que ya había desarrollado la ficción impresa (Bolter, 2006).

El segundo caso se puede ilustrar con ciertas obras actuales que lo que hacen, aprovechando el carácter mimético de la novela, es poner en clave novelesca el deseo de su obra de ser hipertexto y obra de la cibercultura, con la clara conciencia de que existe un dispositivo más eficaz del que toma los modos y modelos (literatura enriquecida). Un ejemplo muy reciente es la novela futurista de Jorge Carrión que nos lleva, en el año 2100, de paseo por un museo sobre nuestra época actual de la mano, o mejor de la voz de una inteligencia artificial.

La pregunta aquí sería: ¿Qué prácticas y qué iniciativas se pueden vincular a los derrames desde las condiciones territoriales, mercantiles y ciberculturales y que prácticas e iniciativas en relación con la preservación de lengua y tradiciones pueden identificarse con el potencial de prácticas deseantes?

El tercer modo de escritura deseante lo quisiera ilustrar con el proyecto «Releituras» del investigador y poeta digital Rui Torres de la Universidad Fernando Pessoa (Oporto/Portugal), quien con su equipo ha desarrollado una potenciación para el ciberespacio de un modo de la poesía brasileña llamada “poesía concreta”, que, como se sabe, buscaba para la poesía lírica incorporar y poner al mismo nivel del ritmo y la rima lo visual y lo espacial, sólo que bajo la limitación del dispositivo libro. La tarea de Torres consiste en hacer la “relectura” de poetas concretistas, revisando minuciosamente su obra y su estética en busca de potencialidades digitales que luego traduce y desarrolla en su laboratorio, transformando la obra inicial en obra de la cibercultura.

Quiero plantear ahora lo que quiero llamar la gran cacofonía: la denuncia de lo que Anita Chan ha llamado el peligro de los universalismos tecnológicos

4 Atención a los riesgos de un unversalismo tecnológico.

Precisamente, la situación en la que espacios periféricos (con difícil acceso tecnológico) pudieran ser bañados por las facilidades virtuales y digitales es el objeto de análisis de la investigadora Anita Say Chan, Profesora Asistente en la Facultad de Estudios de Media y Cinema de la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign.

Shang utiliza un término para sus estudios al que bien puede dársele un valor postdigital: la necesidad de hackear el universalismo digital. Su idea consiste en mostrar que, en la promesa de interconexión global, lo digital muestra dos caras: por un lado, ha llegado a representar el camino hacia el futuro para diversas naciones y economías internacionales. Pero, por otro lado, se empiezan a desplegar distintos imaginarios alrededor de la cultura digital y conexiones globales fuera de los centros dominantes de tecnocultura. Los estudios de Chan incluyen la observación de distintas iniciativas que, como el desarrollo de hacklabs rurales en los Andes, interrumpen la lógica dominante y reorientan los objetivos de los proyectos digitales imaginados desde los centros de innovación.

Los activistas indígenas de estas regiones imaginan y proponen otro futuro digital, apropiando la tecnología y activando la colaboración entre redes de software libre, entre otras estrategias. En el libro Networking Peripheries (2013), obra que condensa los estudios de Chan, se expone cómo son los diferentes matices y las contradicciones implicadas en la adopción o apropiación de nuevas tecnologías en contextos del sur global. El libro se nutre de un rico material etnográfico en un periodo bastante significativo, y detalla varios contextos peruanos en los cuales confluyen los compromisos tanto con lo viejo como con lo nuevo, con lo rural como con lo urbano.

Chan examina lo digital en estos contextos y detalla las prácticas cotidianas que los caracterizan. Señala cómo la periferia es vista como una zona de difusión y consumo de diseños que brotan de Silicon Valley, o de lugares similares, razón por la cual hace suya la estrategia de rastrear micronarrativas que den cuenta de los modos en que son hackeadas estas ideas. En los estudios de casos e historias contadas por la autora, se pueden apreciar múltiples perspectivas y puntos de vista discordantes que luchan por emerger y establecerse como un contexto de desarrollo y crecimiento.

Atender las prácticas económicas socioculturales propias de la retórica del acceso digital que se muestran como estrategias de salvación del tercer mundo permite ver las grietas en las denominadas políticas de acceso universal y en los discursos sobre la difusión de la innovación que nacen en Occidente y se proyectan al resto del mundo. “¿Qué tipo de inclusión global resulta importante para las poblaciones subalternas de cara al emergente entorno mundial de microinclusión que está cambiando la idea del acceso universal como un asunto meramente discursivo de la inclusión digital?”, se pregunta Chan.

La insistencia en la idea de la igualdad de condiciones hace a veces difícil el cuestionamiento de la figura de autoridad de los centros de innovación, de donde sale el diseño y la invención hacia la periferia. Sin embargo, la periferia no es tan pasiva como esta perspectiva sugiere, y Chan descubre las alternativas tecnológicas, las apropiaciones, incluso las improvisaciones en el paisaje tecnológico de la periferia y su vitalidad, rompiendo así la idea de una unidireccionalidad de la inclusión.

Las observaciones de Chan iluminan asuntos como las colaboraciones en el marco del software libre, las autorías colectivas de código abierto,las negociaciones entre artesanos rurales con los mercados globales a través de tecnoespacios, sí como la traducción de manuales a lenguas indígenas, entre otras dimensiones post digitales de la apropiación. También nos permiten entender cómo se implementaron localmente programas como el One Laptop per Child del MIT, y cómo, a pesar de todo, se producen nuevas afinidades, simpatías y afectos.

Esto ha dicho Chan a propósito de sus estudios de la periferia tecnológica

Yo he estudiado mucho el caso de Perú e hice un libro al respecto. Perú fue uno de los primeros países del mundo donde se hizo una ley para promover el software libre en el gobierno. Fue una sorpresa, porque todo el mundo lo veía como periferia y lo promovió un senador indígena, que hablaba quechua. También en Perú nació Laboratoria, una empresa social que forma a mujeres jóvenes con pocos recursos como programadoras y desarrolladoras web para insertarlas en el mercado laboral y que se ha ido extendiendo a otros países de América Latina.

Aquí la preguna que surge es: ¿como han sido, cómo deben ser, las experiencias de apropiación tecnológica por parte de las comunidades indígenas y tradicionales?

Esta pregunta se puede comprender mejor a la luz de las reflexiones que se vienen haciendo sobre estrategias de apropiación tecnológica.

5. Apropación tecnológica como estrategia para allnar el camino.

A propósito del tema de apropiaciones tecnológicas comento aquí brevemente la reflexión que una alumna mía del doctorado en Ciencias sociales de la Universidad Javeriana (Silvia Buitrago) incluyó como hipótesis y también como práctica en los casos estudiados de apropiación tecnológica que ella desarrolló en su tesis doctoral . Muy brevemente, resumo en una frase provocadora lo que ella propuso y puso en práctica: pensar futuros especulativos con  las  comunidades  locales,  a  fin  de  imaginar  colectivamente  la tecnología que sirve a un bien común y refuerza la identidad local.

Otros términos que ella usa y explica en su trabajo sobre apropiaciones y que pueden ser muy sugerentes para este caso son tecnologías entrañables, apropiación social,

co-diseño y re-apropiación tecnológica. Dinámicas que buscan justamente explorar colectivamente las posibilidades, caminos y viabilidades de un acercamiento pertinente y significativo a las tecnologías en general y a las digitales interactivas en particular.

Todas estas estrategias de apropiación buscan comprender cómo experiencias singulares y colectivas, en interacción con diversas tecnologías, están configurando entramados tecnosociales de formas alternativas de compartir el saber, de estar y actuar juntos, esto es, otras formas de vida. Esas nuevas formas de vincularse constituyen prácticas políticas incidentales, donde prevalece una política de la amistad y de los afectos que convoca a la acción, lo cual obliga a pensarse una nueva forma de ver a los actores colectivos organizados incluyendo la misma noción de organización.

Estimo que esta vía de la exploración de estrategias de apropiación es una pista fundamental para dar respuesta a la pregunta planteada y plantea a su vez preguntas del tipo: ¿se ha previsto y/o se ha puesto en marcha algún tipo de estrategia de apropiación como es el de imaginar colectivamente mundos posibles de apropiación e incluso incorporación de las tecnologías digitales interactivas?

Creo firmemente que las posibilidades de aprovechamiento de las TIC en problemas tan pertinentes como la preservación de lenguas y culturas tradicionales, sólo puede vislumbrada y desarrolladas por las propias comunidades.

Veamos qué expectativas se abren cuando se plantea la necesidad y el valor de involucrar tecnologías digitales interactivas para potenciar el entramado social y cultural y darle potencia comunicativa con otras experiencias.

6. TIC y tradiiciones culturales

Hace poco se reunió un grupo de hablantes de lenguas originarias en en la Ciudad de Guatemala para discutir cómo aprovechar al máximo la oportunidad que brinda la democratización del internet al reconocimiento, revitalización y promoción de sus idiomas. Algunas de las conclusiones incluyen el reconocimiento de la importancia de las tecnologías en tanto contribuyen a fortalecer las lenguas indígenas a través de plataformas, aplicaciones y herramientas digitales, especialmente porque estas plataformas y aplicaciones ponen al alcance de nuevas generaciones de hablantes contenidos en sus propias lenguas.

Una de las motivaciones de los distintos proyectos es sumar al carácter ya multi lingüístico de internet la presencia de lenguas originarias.

Una de las afirmaciones más interesantes del encuentro es la advertencia de que se requiere tener claro que si el uso de las tecnologías es el uso de herramienta, habría que asegurarse de que esa herramienta sea útil a los propósitos acordados y no caer en la trampa de convertirse en ser útiles a la herramienta.

El otro tema discutido y expuesto es la dificultad que produce la brecha digital para una extensión de las distintas iniciativas. Muchas comunidades tienen problema con el acceso a la conectividad y el uso de dispositivos adecuados.

Finalmente hay una observación muy interesante: Todas estas dificultades no detienen el interés y la actividad, especialmente para los jóvenes: (los jóvenes) “Son optimistas y responden con entusiasmo y trabajo. Los jóvenes indígenas participantes en el festival tienen la mira puesta en hacer que las tecnologías de la información estén al servicio de las lenguas originarias.”

Esto último plantea una pregunta: ¿cómo mantener la energía de estas iniciativas, incluyendo en la que estamos participando, de modo que no se quede en un hecho aislado, sino que tenga continuidad, memoria y proyección?

Una pista la da la consolidación de redes y la puesta en marcha de una inteligencia colectiva sólida y permanente.

7. Algunas posibilidades. Redes de trabajo

En términos prácticos, quizá una de las facilidades y prácticas más convenientes para un trabajo en red desde y para las comunidades sea la de desarrollar ejercicios de información y comunicación compartida basados en facilidades técnicas como blogs, wikis y servicios de almacenamiento en la nube, pasando por grupos WhatsApp (u otros servicios de mensajería como telegram o signal), páginas en Facebook o cuentas en instagram y YouTube hasta servicios de micribloggins como Tumblr (que conectan contenidos de distintas fuentes), vinculación a otras redes o incluso disposición de salas para encuentro virtual.

Todas estas facilidades y prácticas están cada vez más instaladas en nuestra cotidianidad (especialmente tras la experiencia a la que nos obligó a todos la pandemia), pero habría que aprovecharlas y diseñarlas para propósitos de la red,

1.

El ejercicio literario (entiéndase: crear, leer, estudiar, poner en circulación objetos literarios como cuentos, poemas, novelas, pero también crónicas, testimonios y ensayos) es un tipo de práctica que hasta hace muy poco se centraba exclusivamente en la gestión de estructuras propias del lenguaje escrito (narratologías y funciones sugestivas y sintagmáticas del modo poético, por citar dos de ellas), con el fin de generar cierto tipo de efectos de tipo cognitivo, estético y de refiguración de la experiencia, propios de lo que JM Schaeffer llama los dispositivos de la ficción


2.


Es quizá una de las prácticas ficcionales más longevas, cuyos antecedentes coinciden con la invención y desarrollo de la escritura en la era clásica (y para comprobarlo basta con releer nada menos que la obra aristotélica dedicada a su descripción, valoración y prescripción, me refero a La Poética, o desde otro extremo, la condena platónica de sus efectos que valió para el destierro de los poetas en La República).


3.


Recibe, no sin crisis y conflictos, su gran impulso con la invención de la imprenta, que permitió su circulación masiva, y que vinculó definitivamente su producción a condiciones mecánicas y tecnológicas.


4.


Sus funciones culturales y sociales han estado muy condicionadas por el devenir histórico, pasando por considerarla un servicio cortesano en el renacimiento, un referente de expresión totalizante con la consolidación de la novela (y la consecuente novelización de los demás los géneros) durante el advenimiento y desarrollo de la época moderna, una funcionalidad ideológica contra cultural en sus
momentos románticos y modernistas y finalmente objeto de revisiones constantes y transformaciones profundas de sus propósitos, modos, formas y materialidades a lo largo del siglo XX y especialmente en esta parte del XXI, con la emergencia de una cultura digital que a la vez la reta grandemente y le abre posibilidades de expansión.


5.


En tanto ejercicio de escritura, responde a una tradición, la escolástica, que confía en la palabra escrita como el modo más efectivo para poner en juego habilidades mentales vinculadas con la abstracción y la imaginación, que tanto coadyuvaría en el destierro de formas paganas y naturalistas de adoración espiritual para favorecer en cambio el modo moderno de la religiosidad que necesita de la fe en lo intangible.


6.


Pasada la primera mitad del siglo XX, como efecto de la reacción post estructuralista y posmoderna, algunos pensadores culturales predicen su «muerte» y la atacan en tanto artefacto anacrónico, vinculado con formas políticas de exclusión y portadora de mensajes que favorecen un logos particular y un modo de ver el mundo unidimensional: la visión falocéntrica del patriarcado, dejando por fuera la expresión de otros actores sociales: las mujeres, los marginados, etc .


7.


No obstante, la respuesta de algunos ejercicios literarios logran recoger esas denuncias y demostraron que la literatura no solo es capaz de hacer de su propio agotamiento una oportunidad formal, temática e incluso política, sino que se convierte en una práctica discursiva eficaz para hacer circular la voz de los
silenciados a través de testimonios literarios y autoficciones y para experimentar con paradigmas tan innovadores como la corriente post humana y otras de avanzada contemporánea.


8.


El ejercicio y práctica literarias no responden a un solo modo hegemónico de expresión. Tiene también sus geografías, depende de las geografías, no puede ser reducida a una sola manera de escribir, es sensible a su contexto. El viejo sueño de configurar y estudiar una literatura mundial se desbarata apenas entramos en las particularidades nacionales y regionales. Y sin embargo, no pueden desconocer las tendencias globales.

En eso consistió, por ejemplo, el proyecto literario garciamarqueciano, cocinado al interior del llamado grupo de Barranquilla y alineado con los propósitos latinoamericanas de darle universalidad a la expresión literaria del área: narrar nuestra realidad aprovechando lo mejor de los hallazgos literarios en el mundo. Siempre hay riesgos. De un lado, hacerse ilegible para el lector local, o incomprensible para el foráneo. Incluso el tremendo éxito de Macondo produjo un efecto indeseable: reducir el modelo literario latinoamericano al realismo mágico.

9.


Descubrimos un modo de ser escuchados globalmente, de dar a conocer nuestra realidad singular, pero como consecuencia la percepción de nuestra realidad se redujo y las exigencias de los lectores del mundo impidieron el desarrollo de otras posibilidades como las muy sensatas de mostrar que también somos ciudadanos del mundo.


10.


Volvamos ahora al escenario más reciente de la globalización: la cultura digital, la condición digital o como algunos lo llaman: la Cibercultura. Si bien hoy, y sobre después de la terrible experiencia, también global, de la pandemia, pareciera que el modo de comunicación a través de tecnologías digitales interactivas se hubiera instalado irreversiblemente en nuestra cotidianidad, las necesidades de interacción
personal física y el recurso a dispositivos de tipo analógico han empezado a ser revalorizados.


11.


La hiperconexión ha limitado, ha reducido nuestras interacciones personales. Lo digital coloniza no sólo la información, la comunicación, los espacios y las cosas, sino que busca colonizar las personas, los lazos sociales y también los comportamientos. Denuncias como la que hace Jorge Carrión en su Manifiesto contra Amazon, son claves en ese sentido: no se trata sólo de aceptar las facilidades digitales como valiosas y necesarias, sino de entender eso que Juan Luis Suarez llama la digitalidad, un nuevo universalismo tecno-ideológico que busca imponer las formas digitales de vivir (plataformas para todo, aplicativos para todo, servicios online en todo), rentable y factible que estaría poniendo en crisis valores tradicionales, modos más personales de interacción, depósitos culturales y hasta ejercicios expresivos.


12.


Como vemos, ha corrido mucha agua bajo el puente y no solo se han consolidado los procesos de globalización y de posmodernización, sino que el ambiente socio técnico (especialmente por la irrupción avasalladora de Internet) nos ha transformado dramáticamente, poniendo en escena lo que algunos autores han denominado una eclosión mediática sin precedentes, la cual ha venido afectando no solo el destino, sino las formas de hacer y entender la literatura.


13.


Estas transformaciones han obligado a repensar todo el sistema literario. El lector se ha convertido en lectoespectador e incluso en lector-espectadorinternauta, configurando toda una cultura post lectora. Buena parte de la actividad académica que antes se dedicaba exclusivamente al estudio de la literatura ha seguido el camino más global, más estratégico, de los estudios culturales que consideran la obra literaria una práctica social más y no el centro de la cultura. El libro ha dejado de ser el principal soporte de contenidos y sus sucedáneos han generado prácticas y formas de producción y creación inéditas que han cambiado definitivamente el paisaje artístico y cultural.


14.


La novela ha dejado de ser la forma de ficción privilegiada y tiene cada vez más que competir con artefactos como los videojuegos y las nuevas formas audiovisuales e interactivas. El proceso de des hegemonización de las formas escriturales que comenzó con el advenimiento y crecimiento del cine y de la televisión se ha extendido, gracias al poder de los nuevos dispositivos interactivos.


15.


Todos estos asuntos decididamente afectan el ejercicio de la escritura creativa.


16.


Una primera observación relacionada con las geografías de la ficción. Claramente, los países desarrollados reúnen la capacidad y la producción de los productos del entretenimiento masivo global. Y cada vez más también, incluso la producción local (léase: producción y circulación de libros, piezas audiovisuales y qué decir de artefactos más sofisticados como los videojuegos) solo son viables si se financian o articulan con recursos de la llamada industria del entretenimiento. Esto explica también la diferencia en los programas formales e informales de escritura creativa.
Mientras en los países donde se desarrolla o financia la producción, la capacitación en escrituras creativas cubre por lo menos los campos literario, cinematográfico interactivo y transmedia, pues la demanda de escritores es igualmente diversa, en nuestras región, la formación en escritura creativa se enfoca casi exclusivamente en escritura literaria y escasamente en la producción de guiones para piezas audiovisuales.


17.


No obstante, se piensa cada vez más en la necesidad de formar escritores que puedan ejercer eventualmente como creadores para los distintos dispositivos de la ficción.


18.


Más allá del autor junta palabras
De ahí que tenga sentido hablar de un más allá del autor junta palabras, una expresión que uso aquí, siguiendo lo expuesto en el artículo que escribió el español Jorge Carrión al día siguiente de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan en el año 2017. Carrión habla allí de dos tipos de figuras literarias, una que él llamó el autor junta-palabras vinculada al escritor tradicional que hace poesía, teatro, novela e incluso crónica o testimonio, y la otra que amplía el término hacia las alternativas de futuro para la literatura: el autor, junta-palabras, sonoridades, algoritmos, lúdicas e interactividades, tratando de recoger con él un poco de lo que es hoy un panorama muy amplio de las posibilidades de escritura creativa en Europa, Estados Unidos y muy posiblemente también en nuestro medio, que no es inmune a estas tendencias globales: el de la literatura expandida. Formar autores más allá de la función juntapalabras es entonces un reto, pues implica no sólo y no tanto formar creadores para cada medio, sino formarlos para la literatura expandida.


19.


Mundos posibles, mundos expandidos.
Los creadores literarios, y por extensión, los creadores de ficción, somos generadores de mundos posibles compartidos, entendidos como conjunto de objetos y sujetos conectados por actividades que se proyectan desde la realidad empírica y son creados por la imaginación de los autores y luego materializados en algún artefacto que los hace comunicables a sus usuarios.
Estos mundos posibles se modelan a partir de la realidad, pero se configuran como versiones flexibles y posibles que permiten a sus usuarios sumergirse en sus lógicas y en sus proyecciones.
En eso consiste nuestra actividad creadora, seamos escritores, cineastas, diseñadores de juegos o de artefactos transmedia: en generar ese juego que consiste en compartir ideas, imágenes y acciones en mundos posibles no empíricos.
Gracias a esa función, la realidad es modelada, puesta en tela de juicio, criticada o enriquecida con el efecto de generar conocimiento o aprendizaje que luego puede ser aplicado a la vida real por parte de quienes consumen esos mundos.
Se trata de la expansión del mundo empírico, gracias a la ficción. En principio, la literatura es un dispositivo de expansión fundamental, aunque no único. Sin embargo es más común hablar de mundos expandidos cuando en el paso del mundo real al de las ficciones, se utilizan posibilidades tecnológicas y estrategias comunicativas singulares, sobre todo las del ámbito digital interactivo.
En la expansión de mundos entonces utilizamos medios técnicos. Ahora, la expansión literaria, la que usa la palabra escrita, ya es una tecnología, esto es, una manera de provocar alcances distintos a los de la palabra oral, natural, y que se soporta en tecnologías materiales, como la palabra impresa y el libro, y tecnologías intelectuales, como lo son las capacidades de escribir, de leer, y de crear mundos posibles); pero los medios digitales hacen más explícitos esos alcances.
El relato digital, por ejemplo, se suele definir como un modo de narrar, una forma de contar historias (característica base), que hace uso articulado y solidario de la multimedialidad y de la interactividad y se dispone en un espacio o plataforma digital (característica «material»). Busca o produce efectos particulares de inmersión, participación y transformación (característica funcional).


20.


Narrativas transmedia
Y un caso a la vez complejo y actual es el de la expansión transmedia. La cual consiste en la expansión simultánea de una obra a distintas plataformas y formatos.
A diferencia de la adaptación, que pasa una obra a otro medio (como en la adaptación cinematográfica de obras literarias), en el transmedia, la obra puede se  llevada desde un mismo contenido de origen a varios formatos, por ejemplo: llevar una obra literaria a su versión audiovisual o a videojuego, a comic, a realidad aumentada o virtual, etc. La transmediación generalmente exige como estrategia pensar desde el comienzo los destinos de la obra a partir de un formato original. Así, por ejemplo, se diseña una novela para que diga de la mejor manera lo que puede decir como novela, pero silencie lo que pueden decir mejor el cine o el videojuego, etc.

Estrategias para desarrollar el efecto transmedia pueden ser, desenvolver efectos dramáticos de la trama en el cómic o diseñar retos y premios y poderes de los personajes en el videojuego o escenificar audiovisualmente el espacio en la versión cinematográfica. El Transmedia también se diseña para que los usuarios expandan y refiguren contenidos narrativos como el el caso de las precuelas, las secuelas o la profundización de personajes marginales.


21.


Transmediación de un texto literario
Desde hace ya varios años en los proyectos transmedia se incluyen escritores en el equipo y esto ha hecho que los programas de escritura creativa diseñen un módulo correspondiente.
En mis talleres siempre activo un doble ejercicio transmedia (un módulo al final del taller,). En un primer momento, les pido a los talleristas que a partir de un texto literario (generalmente de los producidos por ellos) reflexionen sobre su potencial transmedia y discutamos sus posibles expansiones. Después, por grupos, los talleristas trabajan en la producción colectiva de un texto narrativo base para su paso a uno de los medios específicos vislumbrados como mundo expandibles (por lo general, comic, hipermedia, audiovisual y videojuego, aunque últimamente ha ganado terreno la narrativa crossmedia en redes sociales). Después trabajamos escaletas y guiones para cada caso. Yo actúo como productor y por eso propongo constantemente articulaciones y discusiones interequipos. Al final se hacen exposiciones en plenaria y dejamos avances para una posible producción.
El objetivo es sensibilizar sobre las posibilidades de expansión de los textos literarios y generar también sensibilidad favorable al trabajo en equipo, algo que no suele darse en el ejercicio normal del taller, pero que de alguna manera se prepara en las actividades de lectura grupal de los ejercicios previos.


22.


Diseño de textos semilla
Otro ejercicio es el de diseñar los que hemos venido llamando textos semilla. Un tipo de textos que a partir de una historia puedan ser llevados a múltiples posibilidades de expansión. A la manera de los ejercicios de literatura conceptual, creamos colectivamente historias e indicaciones para posibles productores transmedia. La idea aquí es estimular lo que teóricos del transmedia como Carlos Scolari llaman diseño de interfaces narrativas.
Dado que la interfaz es un espacio para la interacción de actores humanos y tecnológicos, la producción transmedia se puede entender como el diseño e implementación de una estrategia de comunicación en diferentes medios y plataformas colaborativas, el diseño de mundos narrativos o, en otras palabras,
interfaces narrativas que vinculen textos, personajes, tramas, audiencias, clubs de fans, medios y lenguaje:
Pensar al creador de mundos narrativos transmedia como diseñador permitiría, en primer lugar, evidenciar el carácter arquitectónico que tiene ese proceso y, por otro, abandonar cierta idea de linealidad que subsiste en el concepto de storytelling.
Lo que Scolari llama un segundo pasaje, consistiría en dejar de ver la creación narrativa como una práctica de matriz escritural para ser considerada una disciplina vinculada al diseño:
Las palabras de Scolari en su propuesta, podrían servir de síntesis de esta propuesta: «Estoy pensando en algo que podría denominarse diseño narrativo (narrative design), una rama del diseño (como el diseño de interiores, gráfico o industrial) especializada en la creación de mundos narrativos que se despliegan en
muchos medios y plataformas, y donde los usuarios/fans tienen mucho para decir y hacer».


23.


Redes de escritura y lectura (Talleres 2.0).
Quizá una de las facilidades y prácticas más convenientes para los talleres de escrituras creativas sea la de desarrollar ejercicios de red social, desde blogs, wikis y servicios de almacenamiento en la nube, pasando por grupos WhatsApp (u otros servicios de mensajería como telegram o signal), páginas en Facebook o cuentas en instagram y YouTube hasta servicios de micribloggins como Tumblr (que conectan contenidos de distintas fuentes), vinculación a redes de lectura como Goread o de escritura como Wattpadd, o incluso salas para encuentro virtual.
Todas estas facilidades y prácticas están cada vez más instaladas en nuestra cotidianidad, pero habría que aprovecharlas y diseñarlas para propósitos del taller, como la vinculación de sus miembros (incluso más allá de su participación formal), la circulación y promoción de sus producciones, la configuración y gestión de redes de lectores y de lectura, la participación de invitados y sobre todo la comunicación entre redes y talleres.
Muchos de estos servicios son gratuitos y los hemos aprendido a usar para asuntos personales, pero el reto aquí es poder potenciarlos para efectos de expandir y enriquecer las actividades del taller e incluso contar con memoria de los procesos y aprendizajes de las distintas promociones de talleres.

Sugiero que cada taller incluya como parte de su actividad y de su infraestructurauna estructura de red social con canales propios y gestión que garantice todos los efectos deseables que se vislumbren como un plus deseable a lo que tradicionalmente se ha trabajado.
Este nivel de talleres 2.0 podrían apoyarse y financiarse desde Relata y Mincultura, ofreciendo servicios de capacitación a talleristas y coordinadores y facilitando la implementación de estrategias con cartillas, cursos y asesorías.


24.


Auto-ediciones
Una de las dificultades de circulación de las obras tanto individuales como colectivas es su dependencia a las condiciones que imponen las editoriales, que si bien cuentan en principio con capacidad de inversión, know-how editorial. y redes comerciales, también ejercen un papel prescriptor que suele desanimar a los autores: son ellas quienes eligen de entre toda la oferta disponible aquellos libros que piensan que van a interesar a su audiencia.
Sin embargo existen hoy nuevas condiciones que permiten explorar alternativas:

1) La informática y la impresión digital,han simplificado enormemente los procesos de trabajo y han permitido tirajes cortos (de 50, 100 ejemplares) a precios muy competitivos,

2) La informática también ha reducido la complejidad de todo el proceso de preimpresión de un libro

3) El formato digital, ebook, ha ampliado el escenario editorial, tanto en relación con a la producción del libro, como en relación con su circulació: nunca editar un libro fue tan barato ni ofrecerlo potencialmente a todos los lectores del mundo tan fácil

4) Las librerías online, tanto en la venta de libros en papel como en la venta de ebooks, han generado un cambio en los hábitos de compra y han transformado los parámetros de la distribución y venta de los libros tal y como se entendía hasta ahora.
Pese a la mala fama de la autoedición (no hay filtros, es para derrotados, genera libros mal editados, no da dinero),la verdad es que se ha venido consolidando una práctica frecuente, muy eficiente y muchos de los mitos alrededor de ella se han desmoronado.


25.

De hecho algunos observadores del fenómeno incluyen bondades como las siguientes: llega a nichos donde las editoriales no llegan, facilita la publicación justamente de los espacios que las editoriales han desechado, protege a los autores de malas ediciones de las editoriales, acelera los tiempos de publicación que son generalmente muy altos en las editorial y SI da dinero: Un autor en una editorial convencional cobra entre el 5 y el 10 por ciento de la precio de venta del libro; en la autoedición se pueden llegar a porcentaje de hasta el 70% en venta directa, dependiendo de lo que el mismo autor decida que es el precio de venta de su libro.
En relación con el lector, los epubs facilitan y delegan ciertas funcionalidades, lo cual puede ser muy atractivo si se sabe promocionar y si se establecen en la “maquetación” digital, las facilidades correspondientes. Por eso algunos autores llaman a los epubs textos líquidos: pueden ofrecer notas y subrayados compatibles, permiten incluir marcadores, hipervínculos e incluso diccionarios e incluso pueden ofrecer mecanismo para la valoración del texto.
La red y el Ministerio debería apostar al fomento de la autoedición, ofreciendo por ejemplo capital semilla para proyectos bien formulados desde los talleres, ofreciendo capacitación y también capacidad de negociación con tiendas on line y servicios editoriales.
Algunas editoriales que ofrecen servicios para la autoedición que se podrían explorar son:
Mirahadas
Bubook
Caligrama
Universo de Letras
Letrame Grupo Editorial
Círculo Rojo


Conclusión
Aprovechar las oportunidades que ofrecen las tecnologías digitales interactivas para potenciar las actividades y los alcances de los talleres de escritura creativa y de la red Relata misma, implica comprender los distintos retos que se abren cuando dejamos de ver la literatura exclusivamente como un ejercicio orientado a la cualificación de la escritura literaria tradicional. Para decirlo en palabras de Aníbal
Ford cuando reflexiona sobre la relación entre literatura y medios: habitamos una etapa histórica fuerte en la transformación de la percepción, de lo cognitivo, de las formas de construcción de sentido y hasta de recuperación de lo no verbal, de lo corporal, pero también de visualización de lo interactivo como horizonte expresivo y cultural. Esto afecta la escritura pero no la destruye. La literatura tiene ante sí unespacio de transformaciones, una ecología abierta y una relación con nuevas series culturales que la o bligan a repensarse constantemente y tal vez a abandonar estereotipos de creación y análisis.

Pero la forma concreta de asumir, o no, este reto inaplazable va a depender de las geografías particulares y de las trayectorias de cada espacio, de las condiciones de cada contexto, aunque también de la capacidad para poner en marcha una inteligencia colectiva, verdadera potencia de una red.
Toda innovación, y más si implica lo tecnológico, debe ser capaz de generar desarrollos compatibles, es decir , debe diseñarse y desplegarse en función de acuerdos colectivos del valor y de la comprensión del reto, debe ser capaz de equilibrar las necesidades de cambio con las formas más tradicionales de hacer las cosas, de modo que la iniciativa no acabe en el conflicto o en la parálisis.
Hoy tenemos las herramientas para poner en marcha la idea de talleres dos punto cero, que expuse antes, especialmente tenemos la capacidad de aproximarnos más allá de la fronteras físicas de tiempo y espacio, de compartir trayectorias, capacidades, proyectos y sobre todo de hacer más fluidos los mecanismos de participación y de decisión.
Compartir comprensiones de los escenarios abiertos hoy para el ejercicio creativo, construir sentido y valor colectivamente, garantizar infraestructuras y agendas comunes y viables, son acciones (diría activismos) necesarios, pero desplegar esas dimensiones, pero deben alimentarse de “energías”, es decir de condiciones de sostenibilidad,, recursos y apoyos que creo, son las responsabilidades que podría asumir la Red como ente coordinador y el Ministerio como institución patrocinadora.
Me reta sólo animarlos a hacer de Relata un colectivo inteligente y dinámico.

Hoy es 6 de mayo del 2021, llevo una semana cubriendo la información del paro en Colombia para el periódico local. El día de ayer llegué a Siloé, registrando la manifestación del 5 de mayo. Todo estaba tranquilo, se respiraba un aire de resistencia y esperanza.

Había varios colectivos musicales expresándose con tambores y bailando al son de la siempre amada salsa valluna, hasta que llegó la Policía Nacional: empezaron a congregarse encerrando a la gente, estaban desde todos los frentes montados en motocicletas, en los coloquialmente llamados matrimonios, lanzando gases lacrimógenos indiscriminadamente. Vi a varias personas correr, me llamaron la atención unas cuantas, pero no pude hacer nada, me sacaron de allí unos compañeros. La confusión era generalizada y la preocupación principal siempre era sobrevivir.

A la mañana siguiente mi jefe me indicó de la llegada de varios NN, por lo que me pidió que fuera al lugar de los hechos a descifrar lo acontecido para generar una crónica al respecto. Recorrí las calles viendo cuerpos tirados en cada curva que tomaba. Lo más escalofriante fue que todos ellos habían hablado conmigo, me cuidaron, me alimentaron y me hicieron partícipe.

Tuve una idea: llamé a mi amigo Miguel, forense, en el hospital público para que me ayudara a identificar quiénes eran los cuerpos, y tal vez, salvar su historia del olvido.

Me encuentro estacionado en la calle del hospital a la espera de las llamadas de Miguel, pensando e imaginando las diferentes posibilidades de lo que pudo ser.

Recibo la primera llamada, contesto lo más rápido que puedo. La voz de Miguel se escucha a punto de quebrarse. Me comenta que se trata de una mujer, estatura promedio, cabello rizado, su piel oscura se encuentra empapada con sangre, Miguel me comenta que puede tratarse de un aborto espontáneo, probablemente se encontraría en la semana 3. También encontró, luego de limpiar la sangre, moretones en todo su cuerpo, que parecían proceder de diversas fuentes, se intercalaban entre la fuerza de unas manos y de algún arma recta, posiblemente un bolillo. Me dice que tiene que colgar por el momento, yo mantengo el celular en mi oído, pensando qué le habrá sucedido luego de nuestra última charla, ella me comentó que estaba orgullosa de sus estudiantes, que como profesora le debía mucho a los jóvenes por no marchar antes, por permitir que todo llegara a este punto, por haber tenido miedo. Se los debía decía ella, se sentía culpable. No puedo sino sentir ironía de que las víctimas se culpen por su propio genocidio. La valentía la tuvo hasta el último momento, y le enseñó la mejor lección a sus estudiantes: luchar por sus ideales.

Miguel me vuelve a llamar, me comenta que ha encontrado la causa de su muerte… Lloro, porque me imagino lo que habrá sido vivir su historia, sus estudiantes estarán orgullosos y lucharán por su memoria.

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Ir al relato sobre la mujer

Recibo la segunda llamada. Me enjuago las lágrimas. Miguel me comenta que el segundo cuerpo se trata de una persona de la tercera edad, presentaba un golpe fuerte en la cabeza, Miguel me comenta que en una de las tantas publicaciones que vio decían que buscaban a un hombre que padecía alzheimer y había escapado de su casa. Sin embargo, al haberse reenviado varias veces, era imposible saber la procedencia del mensaje. Mi amigo forense me pidió unos segundos para redactar los informes de causa de muerte y aproveché para llamar a mi jefe y buscar interceptar los mensajes… Recuerdo que anoche lo vi jovial, sacó a una muchacha a bailar y sonreía, con esos pocos dientes de fumador que le quedaban. Se movía como si le dolieran sus articulaciones y sin embargo parecía que su alma iluminaba todo el lugar. Quise ser él por unos segundos.

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Ir al relato sobre el adulto mayor

Recibo la tercera llamada. Miguel dice con voz entrecortada: era un policía infiltrado. Esta vez la voz de mi amigo forense estaba cargada de rabia y dolor. Había recibido el cuerpo de un policía, sin placa y sin número de identificación en su chaqueta. Era un hombre de unos 19 años, de unos 170 cms, ojos claros y cabello rapado. Había recibido múltiples golpes en todo el cuerpo, sin embargo, parecía que había sido producto de una caída a altas velocidades. En su autopsia encontramos sangre de al menos tres personas. Miguel me colgó abruptamente, después de comentarme que había llegado el cuerpo de otra persona y que debía atenderla. Recuerdo que hubo varios videos de policías, con las mismas características, sin placa, sin número de identificación a la vista, disparando al aire indiscriminadamente; pero cuando hablé con él no lo sentí como los otros, me comentó sobre sus sueños, que los altos mandos que le ordenaban le amenazaron con traer resultados o de lo contrario “perjudicarían a su familia”; quién diría que tiempo después pasaría lo que tuvo que pasar.

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Ir al relato sobre hombre nn

Recibí otra llamada, Miguel con un tono devastador, sin fuerza remanente, me contó la última historia; se trataba de un niño, de aparentemente 11 años, asesinado en la comuna de Siloé en Cali. Su cuerpo, pequeño y vulnerable había pasado por mucho a tan corta edad. Había recibido un impacto de bala. El tono de Miguel en la llamada me dejó frío, jamás lo había escuchado tan consternado, tan desesperado.

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Ir al relato sobre el niño

Sentía que mi amigo perdería la cordura en cualquier momento, y no era para menos. Quedamos en silencio, no había mucho que pudiéramos decir, nuestra rabia era producto de una frustración eterna, de una que nos impedía hacer nada más aparte de contar su historia. Después de un tiempo, colgamos, porque no había nada más que decir. Solo sabía que mis lágrimas brotaban y que esta crónica, tenía la sospecha, sería escrita con mis propias entrañas.

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Ir al relato sobre el forense

No tenemos armas, no podemos defendernos, pero sí podemos inmortalizar con palabras. Las memorias de los asesinados, de los desaparecidos, serán historia en la medida en que las sigamos contando.

Cada una de las muertes servirá para que la lucha continúe, para que el pueblo se una, porque pudo haber sido cualquiera de nosotros: de nuestras madres, abuelos o hijos.

Ir a la historia sobre el habitante rural

Las náuseas por fin se habían detenido. Pedro estaba sentado en el piso a mi lado y no dejaba de mirarme con preocupación. Su mano acariciaba suavemente mi espalda, era muy afortunada de tenerlo. Ya llevaba varios días con los mismos síntomas. Cuando vio que las arcadas dejaban mi cuerpo, me ayudó a levantarme. Despacio y sin apartarse de mí, me ayudó a caminar hasta la cama. Prendió la televisión, esa antigua carcacha que fue un regalo de bodas de mi suegro. La voz de la locutora inundó la habitación, las malas noticias no querían abandonar el país. El titular no era alentador: el fenómeno de la niña seguía haciendo estragos en muchos municipios. Solamente aquí en el pueblo inundó muchos hogares. La reportera relataba cómo un pequeño colegio perdió su techo en medio de una tormenta. Miré la pantalla mientras mostraban las imágenes del pequeño e insignificante edificio grisáceo. No podía dejar de pensar en los pocos recursos que tiene el sector de la educación. La tristeza nubló mi mente y me arrastró hacia el pasado.

Recordé los días cuando iba al colegio de la vereda, cómo me encantaba ver a mi niños entrar corriendo por la puerta principal, llenos de ilusiones, pero todo eso acabó con la llegada de la pandemia. Todos tuvieron que recluirse en sus hogares, el único alimento que podían tener algunas familias era dado por los subsidios del gobierno. Muchos padres perdieron sus trabajos a causa de la cuarentena y nosotros intentábamos mantener el ritmo de las clases como si nuestra vida no hubiese cambiado por completo; las de ellos, principalmente, para mal.

Muchos de mis niños no contaban con los recursos electrónicos para seguir con las clases y varios de ellos su única fuente de comida era la que ofrecía la escuela. Sin contar que algunos padecieron la desdicha de perder a sus familiares por la enfermedad y otros cuantos no tenían los medios para poder tener una buena salud. Para rematar, el gobierno propuso una reforma tributaria que fue la gota que rebosó el vaso. Las personas se cansaron y pude ver la forma en que mis estudiantes, a los que siempre veía rebosando de vida, luchaban por los derechos que les pertenecen. Era imposible que me alejara de la realidad del país y los dejara solos: fui su maestra en las aulas, ahora me convertiría en su compañera en medio de las manifestaciones.

 —¿Seguro que puedes ir a marchar hoy? —. Preguntó Pedro devolviéndome a la realidad.

En su mirada se notaba lo preocupado que estaba por mi salud. El sábado íbamos a ir a un hospital en la ciudad para poder dejar de estar tan abrumados por la situación en nuestro hogar, al menos eso podíamos hacer.

—Tengo que. No puedo quedarme con los brazos cruzados.

Con calma me levanté de la cama y comencé a arreglarme para salir. Me puse unos jeans anchos, una camiseta que tenía hace varios años, una chaqueta impermeable, por si llovía, y unos tenis para la larga caminata. Le di a Pedro un beso de despedida creyendo que nos reencontraríamos en unas pocas horas. Salí de la casa y me dirigí a la calle más cercana en donde comenzaron las manifestaciones.

Me reuní con algunos colegas y otros manifestantes con los que nos dividiríamos en grupos para abarcar más terreno. Mientras recogía unos carteles vi a una periodista tomando fotos no muy lejos de nosotros, llevaba varios días siguiendo la manifestación en nuestro pueblo. Tuve varias oportunidades de hablar con ella, es una persona maravillosa. Antes de partir la saludé efusivamente y ella me devolvió el saludo. Di media vuelta y me reuní con el grupo. Todo estaba tranquilo, la marcha empezó de forma pacífica, sin apuros, solo se escuchaban nuestras voces exigiendo justicia por nuestro país. Las arengas le brindaban vida a las calles, parecía que estuviésemos en una fiesta, llena de sueños e ilusiones, donde lo que realmente importa es el bienestar de la mayoría y no de unos pocos que se hacían con el dinero que necesitamos para vivir dignamente. A mi lado había varias madres con sus niños y no muy lejos alcancé a ver a unos ancianos bailar entre la multitud. Mi corazón rebosaba de patriotismo, estábamos haciendo la diferencia.     

De repente noté que algo nos estaba agrupando y de la nada comenzaron a sonar detonaciones. Lo único que se escuchaba eran los gritos de personas de todas las edades, todos intentando escapar de lo que sea que estuviese pasando. Los codazos no se demoraron en aparecer, había que escapar de la conmoción. Las náuseas volvieron a surgir de la misma forma en que lo habían hecho esta mañana. Tenía que llegar a casa. Quizás con Pedro tendríamos que irnos antes al hospital de la ciudad. No me sentía bien y me asustaba porque era la primera vez que el miedo recorría mi cuerpo de aquella manera. Vi a un señor que pasó por mi lado y se perdía entre todos los cuerpos que buscaban una vía de escape.

En un instante ocurrió un suceso extraño. Algo me golpeó por la espalda y caí con fuerza. Mis manos evitaron que mi cara chocará contra el suelo. Traté de levantarme, pero el mundo me daba vueltas. Vi una silueta, comencé a pedirle ayuda. Al parecer me vio y se fue acercando hacia mí. No sé lo qué pasó. Me vi rodeada por unas sombras y creo que unas manos me levantaron. Los golpes empezaron a llegar desde todas las direcciones, las patadas no se detenían, las suelas de sus botas hacían crujir mis huesos. Un objeto largo y macizo me hacía daño una y otra vez. Solo podía gritar, pero nadie vino a ayudarme. Todo a mi alrededor se volvió opaco, mis pulmones se esforzaban por inhalar aire. De nuevo me encontraba sola en medio de la calle.

Tenía que volver, Pedro me estaba esperando pero mi cuerpo no daba respuesta alguna. Algo tibio inició un recorrido a lo largo de mi rostro. Intenté hablar, gritar por Pedro, mas las palabras no salían sin importar el esfuerzo que hacía. Mi pecho se contrajo más y más, me dolía respirar. Nadie vino a mi rescate. El mundo se veía cada vez más borroso. Solo escuchaba los débiles latidos de mi corazón que parecían desvanecerse con cada segundo que pasaba. Estaba perdiendo. En un último esfuerzo empecé a arrastrarme por el asfalto, quería aferrarme a la vida pero un nuevo golpe aterrizó directo en mi espalda. Volví a caer al suelo. Unas voces murmuraban cerca de mí, mientras se iban alejando. Sentí que había perdido la batalla.

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La nicotina y el humo entraban a mis pulmones, el ardor que sentía dentro de mi se igualaba a lo que sucedía a mi alrededor; gente resistiendo, policías reprimiendo y un país roto en dos que no tenía su rumbo claro, no solo en Siloé sino en toda la nación.

Para descansar un poco, Neider me esperaba en el bar de enfrente, me iba a invitar una pola, aunque yo le dije que prefería un aguardiente o un ron, no recuerdo muy bien, sin embargo no le quería insistir más, pues ya estaba medio borracho y él es ese tipo de borrachos que reacciona bruscamente cuando van en contra de él. Apenas entré al bar saqué otro cigarro y más que tomar tenía ganas de bailar, ahora bien algo era cierto; con todo el ruido de la protesta afuera, no creía que la rocola se fuera a escuchar, pero igual me paré y me puse a bailar.   Si mal no recuerdo bailamos hasta las 10 de la noche, luego volví a mi casa, me acosté, y al día siguiente Sandra, mi hija, vino a mi casa a traerme unos medicamentos, que disque se me habia olvidado comprar, junto con una caja de huevos y una leche; ¿será que era la leche lo que olía tan mal en la cocina?

Luego de unos minutos me montó a su carro y me llevó a su casa, había una reunión familiar o algo así, íbamos a tomar onces. Recuerdo que había mucha gente, eso sí lo recuerdo, pero a mucha ni la reconocía; apenas llegué, dos hombres se acercaron a mí y me abrazaron, me asusté.

– Sí, hola…-les dije algo confundido.

– Papá son Mariano y Andrés, tus hijos -dijo Sandra.  Ahí me acordé, tenía tres hijos, ¿por qué no me lo dijeron antes de saludarme? Yo que iba a saber.

Entramos y saludé al resto de personas, de algunos me acordaba y de otros no. Cuando eran las cinco y media de la tarde, la mesa estaba servida: aborrajados, pan, una lulada, queso y una bandeja de bocadillos, un serio banquete diría. Comimos, charlamos, fue una sabrosa tarde.

– Pa’, ¿porque seguís fumando? Ya tienes vuelta nada es boca -me reprochaban mis hijos.

La verdad es que estaba intentando dejarlo, si mal no estoy me fumaba solo uno por día, pero en el barrio me decían siempre que sacaba uno “¿¡Otra vez?!, don Roberto, es como su décimo cigarro hoy”; ni idea por qué. Esa noche mis hijos no me dejaron fumar, cada vez que sacaba un cigarrillo me lo quitaban o si lo había prendido lo botaban a la caneca, hasta que me quitaron la caja que llevaba conmigo. Se hizo tarde y Mariano me devolvió a la casa.

Eran las ocho y media, Mariano me llevó a mi cuarto.

– Papá, ¿vos si te estas tomando los medicamentos que te dejó el doctor? -preguntó Mariano.

– Si carajo, ve, ¿porque tu y tu hermana se la pasan jodiendo con eso? Pues claro que me los tomo -me quité los zapatos y busqué mi pijama.

Mariano entró a mi baño y trajo al cuarto unas pastillas y un vaso de agua.

– Mira, toma -extendió su mano hacia mí, cogí las pastillas y el agua y me las tomé.

Me puse la pijama, Mariano se fue y me acosté a dormir.

Más gritos, más estruendos, más personas; Siloé se empezó a tornar algo caótico, pero bueno, todo el país lo estaba. Esa mañana desayuné más tarde, tipo diez-once de la mañana. Subí al local de Yelcy y tomé un café y un pan, aunque tenía sed. Tuve las ganas de tomarme una lulada pero supuse que eso me daría hasta más sed. Volví a casa y me puse a ver algo de televisión, el noticiero del mediodía. Reportaban sobre los abusos policiales en la ciudad y en el país, no sé por qué, pero Cali parecía una anarquía para este momento. Recuerdo del día anterior que me dijeron en casa de Sandra que no saliera por seguridad, pero la verdad es que ya vacunado uno o dos tragos y escuchar la rocola no me parecía mal ni peligroso plan, ni que la policía se fuera a meter al bar. No sé cuántas horas pasaron, pero me desperté en mi sillón, me quedé dormido. Cuando vi mi reloj eran como las dos de la tarde, me dio algo de hambre, no había almorzado, así que fui a la cocina y saqué de la nevera una pechuga de pollo para asarla en el fogón. Saqué un sartén, la mantequilla, un poco de arroz de una coca para servirme con el pollo, pero cuando fui a prender el fuego, por alguna razón no sabía muy bien cómo hacerlo. Se espichaba el botón ese…¿y después qué? Me sentía confundido, pensé en llamar a alguno de mis hijos pero el orgullo no me dejó. Más bien fui a la sala y prendí la radio, busqué una emisora que estuviera pasando alguna salsa y baile la melodía con mi cabeza, volví a la cocina y puse a calentar el arroz en el microondas, eso sí sabía bien cómo hacerlo. Disfrutando el son de la radio, me quedé mirando la sartén un rato a ver si se me venía a la cabeza cómo prender el fogón y asar el pollo, pero nada. Sonó el microondas, saqué el arroz de allí, y me puse a comer. Y en la radio, Niche, que delicia, la mejor música, sentía que era algo medio increíble que en medio de todo este caos un viejo como yo, encerrado, pudiera sacarle algo de felicidad a la tarde. Sin embargo, quedé con hambre, claramente, no había logrado cocinar mi pollo, así que salí de la casa y subí al restaurante de Julio para comer algo. Pero antes, cómo no, los malditos medicamentos.

Apagué la radio, salí de la casa y fuí al lugar, cuando estaba subiendo el son de Niche seguía en mi cabeza, y yo bailando en ella. De repente un vecino del barrio venía caminando algo rápido.

– Oe viejo, no querrá salir hoy, la situación está compleja, vayase pa’ la casa ve -me dijo el hombre. Reaccioné algo frustrado y con rabia.

– ¡¿Cómo así?! Disculpeme, tengo cosas que hacer, siga caminando usted y no y no me joda.

– Vení, ¿pa’ donde va? Déjeme y lo acompaño al menos, que hay policía por allá, ¿a donde va?

– Eee, no, no se…¡no le importa déjeme! Yo me sè cuidar solo- pasé por un lado y fui al restaurante, el hombre siguió derecho.

En el restaurante; unos aborrajados bien dulces con un ron y el primer cigarro del día y estuvo. Bajando otra vez alcancé a escuchar los televisores a la distancia y esos reportajes todos cobardes y comprados que hacían en los canales principales. Los sones de Niche se cambiaron a los de Rubencho y se empezó a alzar la rabia en mí, me entraron unas ganas de salir ahí mismo corriendo para las manifestaciones y gritar con un aliento que creía hasta perdido. Bajé el resto de las escaleras corriendo y entré a la calle en la misma corredera y la calle entonaba su resistencia y las ganas y la energía fueron creciendo, hasta el punto que ya hasta joven me sentía.

Con esa energía me uní al resto de la gente que con fuerza se estaba haciendo escuchar y estando ahí, rodeado de jóvenes y uno que otro adulto y quizás yo como el único viejo, dejé de pensar en el ron y la rocola, dejé de pensar en los cigarros y el sillón, incluso dejé de pensar en Niche y hasta en Rubencho ¿Para que la salsa en la radio y bailar en bares y discotecas cuando la calle era música del pueblo y la carretera baldosa para saltar y también bailar?.

Los tambores, las bocinas, las trompetas del estadio se unían y se unían y se complementaban con arengas a grito bien herido.

De pronto, del fondo del gentío se escuchó una trompeta o quizás un saxofón, los tambores cambiaron el ritmo y la arenga se volvió salsa; palmas y un canto unísono y después empezó el baile. La calle entera bailaba y el ritmo me tomó los pies; empecé a moverme entre la gente mientras iba bailando y los jóvenes me miraban y soreían y gritaban y me apoyaban con sus gritos mientras yo me acercaba al centro de la calle, donde se había formado un círculo de pura dicha.

Entré sin miedo al medio del círculo donde ya había tres mujeres jóvenes bailando, al verme una me agarró de la mano y quedamos los dos en el centro del círculo bailando mientras el resto del mundo gritaba y animaba; la trompeta y los tambores ya ni se alcanzaban a escuchar, pero el son y el tumbao ya estaban era en nuestros pies, como algo que corría solo y hacia su propio ritmo y mi ritmo era el mismo ritmo de ella y me deje llevar por esa música que escuchaba en mi cabeza. La calle ya no era calle sino baldosa de alguna casa de mi pasado, la música venía de una orquesta y yo bailaba con Susana, mi primera novia y bailaba con Maria, una amiga de la universidad y en mi boda abrazando fuerte a Laura mi esposa y con Sandra de 5 años, pisandome los talones, y con Sandra de 15  y con mi madre que me enseñó a bailar. Recordé las viejas fiestas de casa y el ron blanco barato y la balacera del vecino borracho, alcanzaba incluso a escuchar el boom… boom de las balas.

Pero no eran las balas, eran los cañones y los gases que empezaron a caer en medio del círculo (las balas vendrían unos segundos después). Volví a la calle y vi como la mujer paraba de bailar y empezaba a correr como lo hacía el resto de la gente. Yo me quedé paralizado por un segundo mientras la dicha y la fiesta de la resistencia desaparecían a mi alrededor; las palmas se volvían gritos. Saliendo de la nube de humo que habían dejado los gases lacrimógenos vi salir a varios hombres vestidos de negro armado y posicionados como si estuvieran preparados para la guerra; parecian pesadillas irrumpiendo y destruyendo un sueño. El miedo llenó cada nervio de mi cuerpo y fue ahi cuando empecé a correr, pero haberme quedado petrificado por unos segundos me salio caro, porque sin importar que todavia tenia en mi esa recién renovada energía de joven, no fue lo suficiente para evitar el bolillazo que golpeo mi cabeza y me dejó inmediatamente tendido en el piso. Pero no le bastó con un solo golpe a la figura negra que ahora veía acercarse borrosamente…

Sentì dos golpes más y vi el tercero sin ya ni siquiera poder sentirlo; sentí cómo la sangre escurría desde mi cabeza, sentí un último momento de pura tristeza y finalmente paré de sentir. No más Niche en la rocola…

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NN

Miguel me llamó de nuevo, ya sin rabia en su voz, casi sollozando. Me dijo que en el cuerpo del muerto habían encontrado un relicario con un dibujo rasgado, como de un niño pequeño, una mujer, dos niñas y un joven, era el dibujo de la que podría ser su familia.

“Un muerto es un muerto, sin importar quién: alguien se levantará esta mañana para llorarlo” me dijo Miguel antes de colgar.

Apenas escuché sus palabras, supe de quién estaba hablando: Kevin, con quien conversé la noche anterior y me mostró el relicario que cargaba en el cuello precisamente con un dibujo de su familia. Kevin y yo estuvimos en las manifestaciones de anoche, yo del lado de los manifestantes y él de las fuerzas armadas. Pero antes de saber que él hacía parte de la institución, lo vi junto a los muchachos de la primera línea. Apenas estaba empezando la noche y me adentré en el tumulto de gente para ver qué historias me encontraba. En el momento en el que estuve muy adentro, el ESMAD arremetió contra la multitud  golpeando a los jóvenes, tirando gases lacrimógenos y disparando, a veces hacía el cielo y a veces hacia la gente.

Me llené de miedo y caí al suelo, un muchacho encapuchado me ayudó a levantarme, me gritó que lo siguiera y me llevó con él corriendo lejos del disturbio.

Ya alejados, nos sentamos en un andén. Ansiosos y jadeando, busqué su mirada para agradecerle y presentarme, le dije que estaba aquí solo para narrar las historias del pueblo, Kevin también se presentó y me preguntó si yo estaba dispuesto a escuchar los dos lados de la historia. No entendí a qué se refería, pero le dije que sí y fue ahí cuando me contó la suya:

—Mi mamá me crió a mí y a mis hermanas sola. Tuve que rebuscar los trabajitos cada fin de semana, no pude seguir estudiando: sí o sí tenía que ayudar a mi mamá y además si yo trabajaba mis hermanas podían seguir en el colegio. Hasta ahora soy bachiller de la policía, yo sé que en unos años me va a ir mejor para ayudar a mi familia. Esta madrugada, mi comandante me llamó a mí y a un grupo pequeño de bachilleres para quitarnos el número del uniforme y ordenarnos vestirnos de civiles y armar desorden todo lo que pudiéramos. Que si lo hacíamos bien nos daba lo del almuerzo de unos días y que si no que ahí veríamos nosotros. Llevo toda la noche gritando a mis compañeros cerdos y asesinos, tirando piedras y a veces esquivando una que otra bala.

Y pensar que solo quería ascender de cargo para poder darle una mejor vida a  su familia. El sueño de una de sus hermanas es ir a estudiar a Bogotá y él me dijo que sí se podía, que había gente que ganaba bien en la policía y sobretodo haciendo este tipo de trabajos informales. Me mostró el relicario que cargaba en su cuello, cuando lo abrió salió un papel rasgado que tenía un dibujo de la familia que había hecho su hermana más pequeña. Le pregunté si no se daba cuenta de que estaba atacando a su propia gente y me respondió “yo aprieto el gatillo a veces pero siempre tengo una pistola que me apunta a la cabeza” Escuchamos a un grupo de personas marchando que se acercaban y él se despidió diciendo que tenía que continuar su tarea.

El reporte oficial dice que lo encontraron en la carretera Cristo Rey unos campesinos de la zona. Pienso ahora en su mamá, en cómo se desesperó porque Kevin no llegó anoche, en que a pesar de su rol en esta guerra, es una mamá que perdió a su hijo. Pienso en su hermana mayor que ya no va a poder ir a estudiar a Bogotá y en la pequeña, que ya no lo podrá dibujar porque su recuerdo no basta. Era solo un muchacho, siempre son solo muchachos de los que depende el futuro de este país, y como dice Quino “tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud”.

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Antes de la pandemia, era normal caminar por las calles de mi barrio y ver a la gente en los andenes o hablando con los vecinos. También, a veces, se escuchaban motos con un ruido feo, otras veces se escuchaban disparos o a los policías pasando y pidiendo papeles. Mi casa está en una de las puntas de la loma del barrio, mi mamá salía todas las mañanas con termitos llenos de tinto, avena, leche y con neveritas de icopor con arepas de huevo, empanadas y pasteles de yuca; pero por la pandemia, tuvo que quedarse en casa y hubo muchos días en los que solo podíamos comer un día. Mis hermanitos todo el tiempo le decían: “mami, tenemos hambre”, a lo que ella siempre les respondía: “iré a comprar algo para que puedan comer”. Ella salía de la casa y llegaba con la comida que ellos pedían, pero también traía sus ojos y nariz rojas por el llanto.   Como la escuela se volvió virtual y no teníamos computador, ni internet en la casa, decidí ponerme a trabajar. Mis hermanitos tenían hambre y mi mamita se estaba deslomando para traer aunque fuera pan a la casa. Bajé del barrio a la calle y me puse a limpiarle los vidrios a los carros en los semáforos. Algunos me daban dinero, otros me rechazaban la limpiada o me miraban mal.

Al final del día, me senté en el andén de la calle en donde estaba, al lado había una panadería y escuché las noticias que anunciaban el paro del 28 de abril. Decían que era por una Reforma Tributaria (no sé que es eso), pero me enojó escuchar que le iban a poner impuestos a la comida, a servicios de las casas y un montón de cosas más. Me enojé, en mi casa a duras penas estábamos comiendo una vez, los supuestos subsidios nunca llegaron y en mi barrio la gente, al ver que había familias que no tenían que comer, hacían ollas comunitarias. Esto no puede pasar.

Llegué a mi casa y mi mamá estaba con cara de preocupación viendo las noticias, apenas me vio, apagó el televisor.

— Hijito, ven y comes algo — me sonrió y se fue a la cocina.

— Gracias, ma — le respondí, mientras llevaba el plato hasta el comedor.

Recuerdo que en la escuela la profesora nos enseñó nuestros derechos. Recuerdo que dijo que teníamos derecho a una vida digna, a la educación, a la salud, entre otras cosas. Pero, ¿realmente tengo esos derechos? También escuché a la profe decir que la mayoría de los niños a mi edad jugaban con sus amigos a los carritos, a las escondidas, muchos estudiaban y comían bien. ¿Por qué yo no tengo esos derechos? Tengo once años y estoy trabajando porque no tenemos una vida digna y tampoco puedo estudiar. ¿Mis hermanitos tendrán que pasar por lo mismo? ¿Qué pasará con nosotros si a mi mamita le llega a pasar algo? Hasta que la pandemia no termine, no podré volver a estudiar y seguiré ayudando a mi mamita hasta donde pueda, pero también quiero vivir como esos niños que dice la profe o, al menos, quiero que mis hermanos vivan así..

— Hijo, ¿pasó algo? Estás muy callado — me dijo mi mamá.

— No, ma — le sonreí— estaba pensando por qué la comida te quedó tan rica — me sonrió y seguí comiendo.

Terminé mi comida, lavé el plato, me despedí de mamá, me lavé los dientes y me acosté con una determinación: saldría a marchar el 28 de abril.

Al día siguiente, me desperté, me alisté y mi mamita ya se había ido a trabajar, me despedí de mis hermanitos y salí de mi casa.

Saliendo de mi casa, me encontré con un grupo de personas del barrio, me dijeron que si iba a ir a marchar, les dije que sí, ellos también iban a marchar, así que me fui con ellos. Íbamos cantando arengas a todo pulmón, más gente se nos unía, salimos de Siloé y nos unimos a las marchas que estaban yendo para todos lados en Cali, llegamos a una de las plazas principales, estuvimos haciendo plantones, cantando, llegaron algunas personas con tambores, se respiraba un ambiente muy alegre. También se sentía el ambiente pesado, había demasiada policía.

El tiempo pasó muy rápido, así que con la gente del barrio, decidimos regresar a Siloé. Estábamos llegando, cuando empezamos a escuchar detonaciones, las sirenas se escuchaban más y más cerca. De un momento a otro, las explosiones empezaron a estar detrás de nosotros. Por instinto, salimos corriendo lo más rápido que pudimos. Estaba muy asustado, pero seguí corriendo, tenía que volver con mi mamita. Sin darme cuenta, empecé a sentir un olor raro, mis ojos estaban llorosos y, cada vez más, me costaba respirar. Escuchaba los gritos de muchas personas, empezaron a sonar tiros. Pensé que metiéndome por una de las cuadras, los perdería más fácil. Pero, por las lágrimas en mis ojos, no podía distinguir hacía donde estaba yendo. Paré un momento, el aire se me estaba yendo, al levantar mi cabeza, me di cuenta de que venían policías en moto hacía mí. Reaccioné lo más rápido que mi cuerpo me lo permitió, pero cuando me di la vuelta escuché a uno de los policías gritar: “A ese, dele a ese, papi”, y luego sonó un disparo. Mamita, perdón por no regresar a casa.

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El paro nacional no acrecienta ni disminuye mi trabajo, en realidad, solo lo hace más público para el resto del país y un poco más real para mí. Mientras me dirijo al hospital veo a los jóvenes llegando a la plaza para protestar, trato de no mirarlos mucho porque, de todas formas, uno que otro terminará en mi mesa y podré conocerlo mañana…o el día siguiente.

He visto tantos cuerpos, muertes injustas, asesinatos encubiertos, vidas desperdiciadas que mi fe por este país ha muerto poco a poco con ellos.

Recibo una llamada mientras ingreso al hospital, es la periodista que, antes de que yo entre a la morgue ya sabe que han llegado varios NN. Es tan joven y soñadora, no sabe que unas cuantas notas en el periódico o las noticias no cambiarán este país, nunca lo han hecho. Sin embargo, la ansiedad en su voz, su deseo por descubrir la verdad me intriga, aunque yo ya no tenga esperanza en el cambio no debo negárselo a otros. Prometo llamarla devuelta apenas tenga información.

Al llegar a la morgue el olor a formol me abraza, en la mesa me espera un cuerpo desconocido cubierto con una sábana blanca, de la cual sobresale una mano oscura embadurnada en sangre seca. Es una mujer negra de mediana estatura, su pelo chuto se le pega al rostro que descansa con una extraña mueca…parece triste. Sus ropas son humildes, busco entre sus bolsillos y no me sorprendo al no encontrar nada. Tomo una bolsa y, conforme la desvisto, guardo las ropas para mandarlas al laboratorio que, probablemente las refundirá o estará tan cargado de trabajo que cualquier resultado tardará meses. Veo que la mujer tiene una barriga ligeramente protuberante, estaba embarazada…la sangre en sus piernas indica un aborto espontáneo, pero parte de mi trabajo es no adelantarme a los hechos. Tomo algunas muestras de la sangre que la recubre y comienzo a limpiarla, revelando moretones recientes a lo largo y ancho de su frío cuerpo, todos hechos con un mismo objeto…un arma alargada y dura. Llamo a la joven periodista para darle las noticias, suena afligida. Tras terminar de inspeccionar redacto el informe. Causa de muerte: Perdida masiva de sangre por un aborto ocasionado a causa de múltiples golpes. Tal vez, en un par de semanas, el informe no diga lo mismo, pero mi mente está en paz porque he hecho mi trabajo y, al menos, se lo he comentado a la periodista.

El cuerpo de la mujer no lleva descansando en mi mesa más de 20 minutos cuando llega un segundo NN, un hombre de la tercera edad. Mi compañero me muestra unas publicaciones de «Se busca», en ella se encuentra la cara del hombre quien sonríe sin dientes. El hombre padecía de alzheimer y había salido de su casa el día de ayer, por la tarde. Empiezo a inspeccionar el cuerpo, parece que el hombre se dio un golpe fuerte en la cabeza, el cual lo dejó inconsciente y medio muerto en la calle, murió solo, desorientado, en el frío de la noche. El golpe que, según mis sospechas fue contra la acera, le abrió la cabeza y el pobre viejo se desangró. Ahora bien, el señor pudo haberse caído…no, la herida es muy profunda, fue un impacto fuerte…quizás lo empujaron. Llamo a la periodista y le doy la noticia.

No alcanzó a colgar cuando mi ayudante entra de repente con el tercer cuerpo: un hombre joven de apenas unos veinte años, con ropa de civil, pero su corte de cabello al ras y las botas policiales me indican otra cosa…un pobre infiltrado con el cuello roto, murió en una caída… una caída fuerte y rápida. Cojo el celular y llamo a la periodista, mientras hablo con ella veo que el joven está cubierto de moretones y sangre, pero toda esta sangre no puede ser de él.

Hablo con la periodista de lo que veo en el cuerpo del joven, pero mi celular cae al piso cuando veo a mi ayudante entrar por la puerta con un cuerpo…uno muy pequeño. El pobre niño, de unos diez años, murió por un impacto de bala, esta alma inocente se la llevó este país de desgraciado

Todos somos culpables. Con el alma pesada y el cuerpo cansado recojo el celular y llamo a la muchacha. Ella se echa a llorar de la impotencia, yo me la guardo en la garganta.

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El abuelo se demoraba más de lo usual. Era raro que no hubiera llegado al almuerzo y ya las nubes empezaban a cargarse, anunciando una lluvia tormentosa como las de los últimos días. Así que decidí ir a buscarlo. Le dije a mamá que buscaría al abuelo, tomé el paraguas y el poncho y sali a eso de la 2 de la tarde.

En otras ocasiones había acompañado al abuelo a su acostumbrado recorrido matinal. Salir apenas abre el día, sentir esa bruma todavía fría que cubre el camino como una nube perezosa, reconocer poco a poco los olores y después los colores del paisaje que íbamos trasegando, eran todas sensaciones siempre singulares para alguien que, como yo, venía a la casa de campo dos o tres veces al año. Hice memoria de las trochas que había que seguir y de las personas que había que visitar, no sin cierta sensación de agobio por el riesgo de perderse que yo había despreciado poco antes con las advertencias de mamá.

Hacia las 2 y 20 llegué a casa de doña Matilde, una viuda que el abuelo visita diariamente desde hace más de 20 años. Me contó que su amigo había estado con ella hasta pasadas las nueve. Se había tomado dos tintos bien cerreros y habían conversado de los temas de siempre: sus parejas ausentes, sus hijos y sus nietos, los muertos recientes, la pandemia que por esos lados era poco menos que una rareza y también de las noticias que venían de la ciudad sobre paros y manifestaciones.

No pude evitar la sensación de compasión y de ternura que siempre me ha producido ver a doña Matilde con ese rostro que a pesar del paso de los años sigue siendo bello. Su hablar pausado, sus palabras precisas, sus gestos sencillos se conjugan para producir un ambiente tan afable que por primera vez comprendí la razón de la rutina de mi abuelo. De verdad dan ganas de quedarse hablando con ella, de verdad yo también buscaría siempre su compañía.

Hacia las 3 de la tarde llegué, después de un par de desvíos innecesarios que hicieron más largo el camino, donde don Pablo, un antiguo compadre del abuelo, al que lo acompañan un par de nietos de mi edad que se han quedado a vivir en la finca, después de haber fracasado en su intento de hacer vida en la ciudad. Cuidan de las vacas y de los cerdos, de las gallinas y de los perros y lo hacen con tal empeño y alegría que por ratos me hacen preguntar cómo seria mi vida si no tuviera la que tengo en Cali.

Conversamos un buen rato. Volvió a salir el tema del paro, pero esta vez con un dato inquietante. Los rumores de que empezaban a aparecer por los alrededores cuerpos inertes que parecían haber sido llevados allí desde la ciudad. Sentí escalofríos con la posibilidad de que en mi recorrido de búsqueda pudiera encontrarme con uno de esos cuerpos.

Sonaron los primeros relámpagos y eso me dio la oportunidad de despedirme de don Pablo y de sus dos entrañables nietos, Alberto y Lucas. Me propuse seguir hasta el último destino en la secuencia del abuelo. El rancho de su hija Cristina, mi tía, hermana de madre.

Cristina es de lejos mi tía favorita. Mis admiraciones y cariños por ella son tan cercanos como los que siento por mamá. Ambas son mujeres berracas, todas unas guerreras que sacaron adelante a sus hijos a pesar del abandono que sufrieron casi por el mismo tiempo y con la misma dureza. Fue una oportunidad para expresarle mis sentimientos con toda sinceridad, aunque ella estuvo fue inquieta por lo de la demora del abuelo. Había estado con ella y hacia más de dos horas que había salido casi corriendo a cumplir la cita del almuerzo.

— Qué raro que no te hayas cruzado con él — dijo Cristina, sin abandonar su semblante de preocupación. — Aunque conociéndolo seguro que tomó atajos para llegar a tiempo y por eso no te lo encontraste—, continuó la tía sin mirarme.

— Tía ¿y tú me podrías indicar qué camino tomar para ver si me lo topo. Espero que no le haya pasado nada, pero…

Dejé al hilo el final de la frase porque caí en la cuenta de lo impertinente de la idea que iba a expresar. La tía tomó un papel de una de las mesas y plasmó con un lápiz una nerviosa cartografía que yo tomé en las manos. Pese a mi aprehensión, prometí seguir la nueva ruta e informarle lo más pronto cualquier novedad.

El ruido de las gotas de lluvia que caían sobre el techo de zinc del rancho se hizo intenso y pese al consejo de la tía de dar un poco de espera, yo tomé el paraguas y el poncho, eché una mirada al mapa y salí en busca del abuelo.

Para sorpresa mía, topé a mi abuelo a unos quince minutos del recorrido que no había resultado tan difícil de seguir. Estaba sentado sobre un tronco caído, con su cabeza mirando al suelo, el poncho terciado y la mirada extasiada.

— ¡Abuelo! — Grité emocionado. —Estábamos muy preocupados ¿qué fue lo que pasó?

Él levantó la mirada. Yo sentí miedo por esos ojos que nunca le había visto, pero insistí en indagar por lo acontecido.

— Daniel, nieto, esto volvió a suceder —, dijo con un tono extraño y continuó:

Los arrojan al río, los esconden en la maleza, los tiran como basura. Cuerpos de hombres, casi siempre muchachos, a veces mujeres. Solos, nunca más de uno. Los he visto desde siempre, desde que era como tú o incluso antes. Es aterrador, sobre todo cuando se los encuentra uno sin esperarlo y, como a éste, desmembrado.

— ¡¿Qué, qué dices abuelo?! —Acerté apenas a decir, totalmente horrorizado por sus palabras, por su voz, por sus ojos.

Y el siguió con su retahíla: Y no hay nada qué hacer, no conviene denunciarlo, no vale la pena hacer nada, Daniel, no se te vaya o ocurrir. Nada que hacer, pero ya no podrás borrar la visión, tendrás que vivir con ella de por vida. Pensé que no volvería a ocurrir, pero esto no termina, nunca, una y otra vez, una y otra vez.

El abuelo comenzó a llorar, me acerqué para consolarlo y entonces lo vi, un muchacho de unos veinte años, moreno y bello a pesar de la desfiguración en la frente que le rompía en dos el tupido cabello.

Nos miramos y lo supimos todo. No hubo necesidad de más palabras. La lluvia intensa arropó el sentimiento que ahora nos unía, nos uniría para siempre.

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¿Puede ser la palabra del novelista una palabra política?
¿Hay alguna forma específica de artivismo que pueda emprender la literatura?

Palabras iniciales

Este texto tuvo una versión inicial como presentación en el marco de las llamadas «clases libres» de la Universidad Nacional de Colombia, hermana de otra iniciativa similar en la Universidad Javeriana en la que también participé, llamada «clases abiertas». Estos escenarios y otros similares emergieron como resultado del impacto que tuvo el llamado «estallido social» que vivió Colombia en las últimas semanas del mes de abril del 2021. En el ámbito universitario, la actividad que se vivió tuvo manifestaciones muy interesantes, como ésta de las clases no formales, pero también la reacción de los distintos estamentos, desde el directivo hasta el profesoral y sobre todo el estudiantil, que fue el que movió, gestionó y desarrolló la actividad informal orientada a una reflexión sobre los acontecimientos sociales y políticos del momento.

El texto que presenté y leí como aporte a la pregunta sobre los alcances políticos del artivismo (un arte que se involucra y cobra sentido en el activismo político) se ha venido enriqueciendo con ideas que se presentan al final de este post, y que constituyen una ampliación de las posibilidades que una literatura expandida podría ofrecer como estrategia y metodología para lo que he querido llamar el ágora re configurada.

He querido publicar ahora el texto ampliado del que vengo hablando en este momento, movido por dos acontecimientos simultáneos y contradictorios que se han producido recientemente en latinoamérica: la elección en Chile de Gabriel Boric como presidente de la república (leída como expresión de la esperanza por superar los alcances autoritarios de la derecha política) y la promulgación en Colombia de la Ley de seguridad ciudadana (leída como un jadeo agónico de esa misma derecha que intenta reprimir la protesta social y acotar violenta y autoritariamnete el derecho a la movilización ciudadana).


1. La trampa fatalista
Una de las principales aportaciones de la literatura, se sabe, consiste en nombrar los problemas de manera diferente a como lo hacen los discursos oficialistas (léase medios de información, discursos del gobierno), y en su capacidad de mostrar posibilidades para redefinir los marcos cognitivo y relacional de la vida social. Y esto de alguna manera, es cierto, ayuda a configurar el sentido de la acción individual y colectiva, pero ¿esta configuración de sentido de la que es capaz la literatura debe reducirse a un dato político? O de otra forma: ¿Tiene el discurso novelístico la capacidad para transformar efectivamente la vida social?
Sabemos también que la literatura, y la ficción en general, pone en juego la potencia de la creación de mundos posibles. Pero mundos posibles los hay de todos los géneros y pelajes. ¿no hay en el discurso político la promesa de mundos posibles? ¿No nos han impuesto por ejemplo la idea de un mundo seguro y libre de castrochavismos? ¡Y de qué manera nos han estructurado esa narrativa, de qué manera esa narrativa ha sido efectiva para ajustar una visión de mundo favorable a los intereses de los poderosos! Lo estamos sufriendo hoy, eso nos tiene reunidos hoy. ¿Pero los anuncios de cambio no son otra promesa de mundos posibles? ¿No son estas y otras promesas de corte político, formas o manifestaciones del intenso poder de la ficción?
Pareciera que sí, que estamos encerrados por el poder de la ficción, pero yo afirmo contundentemente, NO.
Los mundos posibles del discurso oficialista o de las promesas políticas son de corte fatalista, quieren imponer la idea de que su mundo posible (y a veces dramáticamente real) es el mejor de los mundos posibles, es el único mundo posible. Está prefabricado no ofrece ninguna heurística, ninguna participación, como no sea la adhesión incondicional. El mundo de las ficciones, y ahí el novelístico, en cambio, ofrece funciones y efectos que buscan la re-figuración constante y dinámica de las visiones de mundo. Busca justamente lo contrario a la idea fatalista del mundo: abrir posibilidades moldear la realidad para reconocerla, cuestionarla, intervenirla si es posible. El modo cognitivo de la novela y de la ficción es heurístico, consiste en la capacidad para simular y moldear la realidad, abrirla, no cerrarla, como solo es posible, a partir de la imaginación personal y del imaginario colectivo. Es también un juego compartido, participativo gracias a su función estética que permite la inmersión, el goce y la implicación del usuario en esos mundos. Pero no se trata de adherir a UN mundo posible, a una utopía, sino de poner en dinámica la capacidad que todos tenemos de imaginar, configurar y actuar en función de la diversidad de mundos, de una cierta pluralidad ontológica que se pone a tono con las condiciones de la libertad, al menos la individual.
Y digo esto último porque si bien la novela, la ficción novelística, es capaz de un hacer saber (el saber de la elasticidad ontológica del mundo), de un hacer hacer (la novela, la lectura y la creación de novelas nos otorga y nos refuerza la capacidad de ir más allá de los mundos actuales, de crear y recrear mundos posibles, así, en plural) y de un hacer ser (incorporar y si se quiere acumular y enriquecer nuestra visión de mundo y nuestros horizontes de experiencias y expectativas), también es cierto que su alcance (diríase político) es limitado, a veces puramente individualista. No ha habido una novela que produzca una revolución o si se quiere, no ha habido una novela que produzca una transformación social.
O tal vez sí, pero en el ámbito de la ficción.
Hay un ejemplo bello y contundente de los límites del alcance de la transformación (social) que puede producir una novela. Me refiero a la obra del nobel turco Omar Pamuk, La vida nueva, una novela que narra la experiencia de un joven que se siente tan impactado por la lectura de una novela que empieza a ver, sentir, actuar de una manera muy distinta a como lo venía haciendo hasta antes de su experiencia literaria, es decir, se transforma. Y hasta ahí lo normal, lo consabido, lo que ya hemos explicado.
Pero en la novela ocurre algo singular. El joven empieza a notar por los gestos, por las palabras, por las acciones de otras personas que ellas también han leído la novela, que se han transformado Y entonces, contacta a estas personas que él detecta como lectores de la novela que ha leído y se desarrolla una aventura tan extraña como sugestiva: la de identificar primero, compartir después, “reclutar” enseguida posibles adherentes que pudieran realizar colectivamente las condiciones de la vida nueva para que dejara de tener ese alcance limitado de la transformación individual.
El asunto no termina bien, pero me ha dejado dos lecciones importantes. La primera es que el alcance colectivo, general, extendido, de una ficción solo se da en otra ficción (en este caso la novela de Pamuk). Y la otra es que el mensaje que hacen suyo el joven y su colectivo está mal interpretado políticamente, pues no se trata de llevar a una realización de tipo social la propuesta de UN mundo posible (en este caso una utopía), por el peligro de homogenización y de totalitarismo que un radicalismo como este (y por extensión otros derivados de la adhesión incondicional a un mundo posible), conlleva. ¡La de Pamuk es una novela que nos advierte de los alcances y también de los peligros de una novela! Su alcance, para usar una palabreja de moda, es molecular, no molar. Querer darle cuerpo y organización a un mundo posible es caer en la trampa fatalista.

2. Heurística de la ficción
Ahora, he dicho antes que la novela es también un juego compartido: el juego de la implicación con la lógica de los mundos posibles, el cual exige asumir como verosímil y útil sus “haceres” cognitivos, estéticos y trascendentes. Y aquí aparece otra limitación de la novela que me podría ayudar a entender y a explicar su relatividad artivista.
Cuando salió la serie televisiva El cuento de la criada (no he escogido este ejemplo por casualidad como se verá después), basado en la novela de Margaret Atwood, se produjo algo que sucede con este tipo de experiencias de expansión en medios de las obras literarias: pude compartir mejor la posibilidad de conversación sobre el contenido y mensaje de la obra. En efecto, la conversación sobre una novela se da sobre la base de que cada uno, en un ambiente solipsista, la haya leído previamente. Es un acto de comunicación “en diferido”; en cambio, podemos ver las imágenes y escenas de la serie simultáneamente y simultáneamente hablar y discutir sobre ellas. La historia se ha objetivado en el dispositivo audiovisual y podrá decirse que pierde algo de la magia que implica la intimidad de la lectura y de la construcción personal de las imágenes que ahora un director nos pone enfrente, según su propia interpretación audiovisual de la obra original. Y es cierto, pero también lo es que ganamos en participación en colectividad, en comunidad.
El juego se hace más evidentemente compartido y, en ese grado, más potente. Lo que se esperaba de la novela: poner en evidencia el carácter complejo de una situación (en este caso, el totalitarismo y crueldad de una relación machista y patriarcal llevada al extremo), se expande, en el caso de la serie, a una nueva experiencia en la que la magia de la palabra escrita cede su protagonismo y se produce esta otra magia, la de la percepción audiovisual del acontecimiento como si fuera real. Se mantiene, eso sí, la condición de la ficción: el juego de lo inverificable (asumo que no debería ostentar si lo que se cuenta es cierto, y lo asumo como posible e incluso como probable), pero la ficción, por esa condición de juego compartido, multiplica las posibilidades de tratamiento de la complejidad propia de la realidad, de las criadas del relato en este caso.

El narrador de ficción (ya no solo el novelista, también el director de cine, el director teatral, el ilustrador del cómic, el diseñador del videojuego, el equipo productor de transmedias) están todos, desde su situación narrativa específica, comprometidos con la complejidad de la realidad. No es solo, ya no es tanto verificar si algo se está dando, si puedo constatar lo que sucede o ha sucedido (como se lo propone el cronista periodístico o el historiador) sino que juego el juego heurístico de la ficción, me hago preguntas: ¿esto pasó, esto podría pasar, esto pasaría sí?
Pero ojo, hay un peligro en esta pragmática de la ficción. La posibilidad de coaptación que otros discursos, que otros sujetos discursivos pueden hacer de esta lógica y potencia de la implicación. La fábula política puede jugar a la potencia de la ficción, basta que el receptor de la fábula la asuma como verdadera, basta que el receptor por pereza o incapacidad asuma la pragmática de lo inverificable para que la fábula alcance los poderes de la implicación.
Es una trampa que tiene en el concepto de la posverdad en las redes sociales de hoy una manifestación a la vez grotesca y efectiva. Lo inverificable es la condición pragmática de la ficción y el ejercicio ficcional lo pone sobre la mesa abiertamente: juguemos a pensar e imaginar que esto es posible para poder así mejor reconocer, criticar y moldear la realidad que se me presenta, para preparar mejor mi acción en la realidad. Pero el discurso del periodista, del historiador, del científico y del político implica una pragmática distinta. Implica por parte del receptor justamente la responsabilidad de la ostentación, de la “curación” del contenido, de su verificación. Cuando esta responsabilidad se diluye o se bloquea, la noticia, el evento, el hecho o la promesa se hacen falsamente ficcionales, empiezan a exigir una implicación absoluta. Y ya no solo juego a creer, sino que creo incondicionalmente en la falsa noticia, en la memoria histórica distorsionada, en resultados de investigación apócrifos o en la promesa del mejor de los mundos posibles.

3. Complejidad, inmanencia, participación, implicación.
Voy a terminar con una última reflexión. Retomo la idea del juego compartido, de la participación, como pragmática de la ficción. Si la serie televisa comentada arriba, expande y facilita la conversación sobre los mensajes proyectados desde la ficción, ¿qué pasaría si esa participación fuera aún más efectiva: no solo jugar a creer en la posibilidad de la ficción, no solo conversar sobre ella y compartir ampliamente sus efectos sobre mi visión de mundo, sino poder enriquecerla yo mismo. Claramente las bases semánticas de la novela o de la serie no tienen esa posibilidad, pues su lógica es más bien del tipo broadacasting: mensaje de unos para muchos; pero los medios digitales en un ambiente de convergencia cultural como el de hoy sí, facilitan la comunicación muchos para muchos.
Y en ese ambiente, la posibilidad de complejizar el tratamiento de la realidad se hace mucho más potente. Se trataría de usar todos los medios disponibles para no solo llegar a muchas más sensibilidades (juntando ya no solo palabras, también imágenes, sonidos, juegos, interactividades e incluso algoritmos), sino de disponerlos a una participación creativa. Se trataría de llevar la novela a su vocación performativa, se trataría de hacer que el mensaje, en su contenido, pero también en su forma, sea inmanente, construido por todos; llevar la literatura al performance, como se hace ya en los hipermedias colaborativos, en los ejercicios de creación colectiva, en las instalaciones literarias o en los ejercicios de literaturas participativas, todos estos géneros literarios emergentes, favorecidos por la convergencia cultural digital que intentan llevar la literatura a su máxima inmanencia.
En Colombia hoy por hoy existen en la creación de contenidos digitales que buscan convergencia y participación, ejemplos muy interesantes de producción transmedia que desarrollan discursos ficcionales y no ficcionales alrededor de temas culturales y políticos. La memoria colectiva ha sido uno de los aspectos mejor aprovechados para este tipo de producciones. Un ejemplo fundamental es el proyecto 4 Ríos sobre el conflicto armado en Colombia. 4 Ríos en un trabajo sostenido desde hace más de 10 años que presenta y dispone en distintos medios y plataformas versiones de nuestra realidad marcada por la violencia con lo que desarrolla un tratamiento complejo de esa realdad que además se abre a la participación de los usuarios, quienes pueden incluir sus testimonios y comentarios como formas de expansión de ese relato tan dramático de nuestra historia y singularidad nacionales. Ese es solo un ejemplo de la capacidad narrativa que se abre a la inmanencia a la complejidad y a la participación generando efectos de implicación, cuatro aspectos que he destacado hasta aquí y que ahora me atrevo a formular como los espacios propios de lo que sería el artivismo literario.

4. Primera coda. El poder no lee. Un principio de realidad.
En la novela sobre Perón, de Tomás Eloy Martínez, hay una afirmación que el dictador hace cuando su director de prensa le comenta que en las calles se ha empezado a hablar mal de él y que hay varias novelas y relatos que lo retratan de manera negativa: “Yo no leo eso”. El poder no lee, tampoco escucha, ni juega, ni interactúa, es decir, no atiende nada que no sea afín a su juego narrativo. Eso explica el poco y reducido conocimiento de la realidad, pero también las exageradas medidas de represión que toma cuando una narrativa contradictora crece.
El poder no lee. Cuando en España en 2008 me dieron el premio internacional a la literatura digital por mi obra Golpe de gracia, recibí de manos del asesor cultural de la embajada colombiana en Madrid (un conocido mío que me llamó con una emoción que consideré exagerada) una carta firmada por Avaro Uribe Vélez, entonces presidente de la República, en la que escuetamente me enviaba un mensaje de felicitación y me agradecía por “hacer patria”. Cuando recibí aquel folio no pude evitar reírme y por dos razones. Nunca había visto una carta firmada por Uribe y esta que ahora recibía yo, disponía espacio de medio folio a una firma gigante, absurda, innecesaria que mostraba el grado de megalomanía del personaje. La otra razón es más irónica. Si de algo habla mi hipermedia, si algo propone, si algo abre para la participación, es la crítica a los distintos sistemas autoritarios, los moleculares, los molares, los políticos. De alguna manera era un mensaje contra él, contra su autoritarismo ya entonces evidente y nefasto. Pero el poder no lee.

No obstante, la literatura, sobretodo en sus alcances expandidos, si puede molestarlo hasta su desgaste y por una manera de ser que yo llamo la algarabía. Esto abre otra línea de pensamiento: el rol de la cultura popular, para lo cual quiero poner sobre la mesa cinco ideas

5, Algunas ideas finales
Miedo al ágora.
En su análisis del diálogo entre Sócrates y Calicles (Gorgias en La República), Latour (2002) examina una situación contradictoria: por un lado, muestra cómo la mirada jurídica se contrapone a la acción del poder por la fuerza a la hora de garantizar el orden social y, por supuesto, verifica la posición de un Sócrates acerca de la conveniencia de acudir siempre a la justicia por sobre el pragmatismo de la fuerza al que, en cambio, recurre el sofista. Hasta ahí, una mirada tradicional al diálogo, pero Latour profundiza y demuestra que en realidad lo que sostiene el diálogo es que ambas miradas son formas del poder y lo que las diferencia es su operatividad. A Sócrates y a Calicles los une la “aversión al pueblo” y esa sería la condición de unidad de las dos miradas, la humanística y la técnica: garantizar (vía justicia o vía fuerza o imposición) la “vida recta”, desterrar del espacio social lo inhumano, lo caótico, lo heterogéneo, lo que no corresponde a esa idea de vida recta. Y Latour aboga por eso por una apreciación de lo diverso que incluya no sólo lo humanístico y lo técnico, sino lo cultural, lo popular.


La ciudad real de Angel Rama
En su legendario ensayo sobre la ciudad letrada como modelo urbano que quiso imponer el poder colonial español en suelos latinoamericanos, y que consistió en ordenar el espacio urbano alrededor de las instancias del poder concentradas en el centro de la ciudad (la plaza central), de modo que tuvieran cerca los servicios de los letrados (abogados, funcionarios, escritores) y más allá, en circulos concéntricos, la población que se hace cada vez más marginal en cuanto menos «utilidad» (y crecnía) a los círculos de poder tenga. Pero, simultáneamente a la existencia de una ciudad letrada está la ciudad real, la de los no letrados y entre estas dos ciudades hay encuentros (el conveniente: el de de un orden armonioso prefigurado por el esquema «natural» dominantes/dominados), pero también desencuentros, muchos desencuentros. Se trata de dos entidades que como el signo lingüístico, dice Rama, están unidas forzosa y obligadamente: “Una no puede existir sin la otra, pero su naturaleza y funciones son diferentes… Mientras la ciudad letrada actúa preferentemente en el campo de las significaciones…, la ciudad real trabaja más cómodamente en el campo de los significantes. Se consolidó así la diglosia característica de la sociedad latinoamericana, formada durante la colonia y mantenida durante la independencia; dos lenguas: una, la pública, impregnada de norma cortesana que sirvió para la oratoria religiosa, las ceremonias civiles, el protocolo y para la escritura; mientras la otra fue la popular y cotidiana, usada en la vida privada y fuertemente criticada por el habla cortesana que se opuso siempre a la algarabía, la informalidad, la torpeza y la invención incesante del habla popular, cuya libertad identificó con corrupción, ignorancia, barbarismo”

Lo popular como lucha cultural
Stwart Hall ha dicho frente a los intentos por atrapar conceptualmente la noción de lo popular que en realidad no hay manera de caracerizar lo popular por fuera de su práctica esencial: la reacción contrahegemónica. Lo popular es sobre todo una tensión continua (relación, influencia y antagonismo) con la cultura dominante. se trata menos de objetos o prácticas y más de un proceso que pone en su centro las cambiantes y desiguales relaciones de fuerza que definen el campo de la cultura: «esto es, afirma Hall, la cuestión de la lucha cultural y sus múltiples formas. Su foco principal de atención es la relación entre cultura y cuestiones de hegemonía». Y esa relaciones son bien diversas, no son tampoco homegéneas, se resuelven en forma de incorporación, tergiversación, resistencia, negociación o recuperación. Identificar la (o las) «forma (s)» en que lo popular (aquí el activismo) estratégicamente debe actuar o enfocar su práctica en un momento dado, resuta clave para el artivismo. Claramente la resistencia y la negociación son las formas más cercanas al activismo que busca transformar la narrativa oficial.

Creatividad ciudadana

En la última etapa de su vida, Jesús Martín Barbero se concentró en la posibilidades democráticas de lo digital. A esas posibilidades le dio un nombre: creatividad ciudadana. El autor afirma que (la cibercultura) se está constituyendo en el lugar desde el que se están repensando y rehaciendo la relaciones entre estética y política: una estética mucho más cerca de las sensibilidades emergentes –no sólo en los jóvenes sino entre las comunidades étnicas y las poblaciones o las sexualidades marginadas y excluidas– que el Arte con mayúsculas; y una política mucho más entretejida a los derechos culturales y las luchas ciudadanas que a las vanguardias proletarias o las maquinarias electoreras. Resuena un poco la idea de Fracisco Quesada de un ágora electrónica, un refiguración muy potente pero tambien delicada de los espacios de participación ciudadana inspirados en la fórmula ateniense del ágora. Una oportunidad que los medios interactivos están dando par re crear el debate, la práctica politica y la participación ciudadana.

Imaginación civica

A propósíto de las posibilidades politicas de las narrativas transmedia, resulta oportuno aquí mencionar el proyecto de uno de los padres intelectuales del fenómeno tansmedia (Henry Jenkins), quien ha propuesto el témino imaginación cívica para explicar la trayectoria de una generación de «internautas» que pasó de contar historias y entretenerse en la red a generar expresiones políticas y participación cívica en comunidades alrededor del mundo. Jenkins propone pensar en el poder de la imaginación en dos sentidos. La capacidad de imaginar un mundo mejor que respeta los derechos humanos, que tiene empatía con las experiencias de los otros y proyecta modos para hacer una mejor «tarea» social y política. Por cívico, Jenkins se refiere a aquellas cosas que nos conectan como ciudadanos, en vez de aquellas que nos conectan con el gobierno: las obligaciones culturales y sociales que tenemos con cada uno en contraposición a las políticas de los gobernantes que nos dividen y tienen que ver con la distribución del poder entre el gobierno y los ciudadanos. Pero la imaginación cívica, afirma Jenkins, es la que nos permite imaginar un mundo mejor, vernos capaces de cambiar, imaginar un mecanismo que puede cambiar el mundo, imaginar las conexiones que tenemos con otros ciudadanos de nuestra comunidad, la empatía con las personas de experiencias distintas de las nuestras y con gente oprimida y marginalizada del planeta. La imaginación cívica es la que nos permite imaginar libertad, justicia e igualdad. Con todo esto junto, afirma Jenkins, tenemos las herramientas para el cambio social. Así que lo que se ve en el mundo son las metáforas de la cultura popular utilizadas por los jóvenes activistas para formar un nuevo escenario para el cambio social: «No se trata siempre de la búsqueda de un mundo mejor, sino que se puede representar la oposición a otras fuerzas, como las visualizamos, cómo nos visualizamos en relación con ellas». Todo esto renueva las formas de activimo. Si caemos en la cuenta de que todo el activismo es siempre transmedia (pues busca llegar a la gente a través de diferentes medios), la lección que deja el trasnmedia como estrategia narrativa (en este caso narrativa activista o del activismos) es justamente que se piense y se diseñe como proyecto trasnmedia, es decir, que se integre como estrategia que se despliega en formatos, canales, plataformas, escenarios diversos, de modo que llegue su mensaje a una diversidad de receptores, pero codificado bajo un universo narativo común: el de la imaginación cívica.

El papel «anémico» de la lieteratura

A propósito de su última novela, Noé Jitrick, responde con esta idea a la pregunta sobre los fectos políticos de la novela: El “efecto” es un resultado inherente a todo acto humano. La literatura lo es y, por lo tanto, tiene efecto o efectos. Hay casos individuales, muy famosos: un poema, un relato, cambió una vida, pero también se puede registrar en un conglomerado o en una sociedad, algunos son directos y a veces políticos, el Libro rojo de Mao, por ejemplo, otros indirectos: de Marx se sigue hablando y, en literatura, de Proust se sigue hablando, de Borges ídem. ¿Políticos? Supongo que sí: algunos textos acolchonan, otros despiertan el espíritu crítico y, en otro registro, que parece menor, pueden incidir en el lenguaje político. ¿La literatura como vida posible? ¿Por qué no? En la actualidad la literatura parece un tanto anémica, no estremece nada, el mercado le quitó la sangre. Mi relato lo demuestra: no lo quisiera, sería deprimente.

6. Segunda coda: un llamado a la re invención del Ágora

Este último apartado del artículo, ofrece no sólo las pautas para pensar una manera de diseñar los alcances de las manifestaciones de un artivismo, sino indicaciobes para articular y a la vez potenciar cada una de las expresiones que se involucren abiertamente con el artivismo.

Si bien es cierto que la literatura como expresión política resulta, acudiendo a la expresión de Jitrick, resulta anémica en un escenario donde lo hegemónico sigue siendo el mercado y la oficialidad autoritaria, esto mismo se puede diagnosticar para el caso de cada expresión artística (danza, teatro, cine, arte digital, etc.). Aquí un primer llamado: darle tratamiento a la anemia artística exige actuar coordinadamente, de modo que sea el conjunto y no el actuar aislado lo que le de fuerza al artivismo.

¿Cómo emprender esa articulación? Propongo dos marcos: uno podría plantearse usando las ideas del apartado anterior: promover la imaginación cívica, la creatividad ciudadana, el poder resistente de la cultura popular, poner en el foco de la sinergia a la ciudad real, el ágora, construir colectivamente esa narrativa de la que nos habla Jenkins: empatías, conexiones, solidaridades, en función de los mundos posibles de la justicia y la libertad.

El segundo marco es el de la operatividad transmedia. Articular si, una narrativa común, pero desplegarla a partir del poder de cada medio, de cada expresión, de cada canal, de cada plataforma. Sobre esta operatividad tienen mucho que decir los proyectos transmedia, no solo los orientados al entretenimiento, sino los que han explorado alcances culturales, sociales y políticos.

Hoy tenemos medios para lograr esa articulación narrativa y operativa: las redes, los medios interactivos, el crowfounding, los colectivos conectados y otras herramientas y plataformas.

Pero, siempre hay un pero, este horizonte tiene como pre requisito, la necesidad de acordar agendas, ideas, modos y energías, un requerimiento para el cual no siempre y no de la mejor manera estamos preparados.

Pese a esto, estoy seguro de que el debate de las ideas presentadas aquí y el traspaso de la interfaz fáctica hacia la activista es posible.

PD.

Uno de los efectos del tremendo proceso de reflexión generado por el estallido social del 21, fue la reconfiguración del ejercicio de escritura colectiva con el que genelamente concluyo el Taller de escritura creativa. que ofrezco cada semestre en la Universidad.

No podía ser de otra manera: ese ejecicio consisitió en construir un relato interactivo muy sencillo, pero fuertemene motivado por las notocias que nos llegaban de la brutal represión policial que vivió el movimiento juvenil de protesta social en la ciudad de Cali. El ejercicio (un minúsculo pero diciente ejecicio de inteligencia colectiva), lo presento aquí a menera de post data del artículo.

En el ejercicio participamos:

Laura Daniela Rincón y Camila Cepeda (Historia base)

Paulina Mesa y Sara Rodríguez (historia de la Mujer)

Simón Molano y Sergio Peña (historia del aduto mayor)

Ana María Bautista Tafur e Isabella Herrera (historia del hombre)

Angélica Zambrano y Stephanny Avendaño. (historia del niño)

Valentina Tarsis (historia del forense)

Jaime Alejandro (historia del habitante rural)

Una Masacre sin rostro.

Acabo de terminar clases y de enviar calificaciones finales del semestre. Es primero de diciembre de 2021 y aunque oficialmente mi vida como jubilado comienza en un mes exactamente, hoy me siento felizmente en modo retiro (había pensado escribir “en estado de gracia” pero resultaría al menos patético. Dejo ahí, sin embargo, esa marca para jugar con la expresión más adelante).
Has pasado a mejor vida, dirán algunos de mis colegas. Y si, eso espero que sea la “nueva temporada”, un tiempo para mejores cosas, lo que no quiere decir que las de la temporada anterior hayan sido peores o adquieran ahora esa calidad. No, para nada.
Una mirada hacia atras solo puede confirmar que la temporada de trabajador activo ha estado llena de satisfacciones, logros, algunas decepciones y muchos hallazgos. No puedo evitar traer las emociones de algunos hitos: la alegría, por ejemplo, que causó mi aceptación, en el año 81, como tesista (acabo de corregir al corrector algorítmico que había puesto “tenista”. Dejo ahí la palabra porque de tenis tendré que hablar también en algún momento de este “Diario jubiloso”, título que se me acaba de ocurrir que podría darle a los escritos que hipertextualmente salgan de este ejercicio, lo que, en este vuelo de mosca que es mi pensamiento para esta escritura, me recuerda el poema del poeta de lo urbano, Rogelio Echevarría: En la mesa de los jubilados, a la que estoy ahora invitado) del Instituto de Asuntos Nucleares (junto con mi co-equipero el muy talentoso Oscar Villalobos, de quien hablaré inevitablemente más adelante), tras una curiosa competencia con otros dos grupos de aspirantes que tenían todos tan buenas aptitudes como las nuestras.

Nunca supe qué había llevado a los ingenieros que nos entrevistaron y que revisaron nuestros escasos currículos a decidirse por nosotros. Me enteré que hubo un grupo que estuvo a punto de ganarnos, por un plus que parecía insoslayable en ese momento: los dos integrantes eran magníficos jugadores de fútbol y su vinculación institucional habría podido ser clave para alcanzar lo que nunca había logrado el instituto: ganar el campeonato de las entidades del Ministerio de minas y energía al que pertenecía el IAN. Pero no, por alguna razón que nosotros quisimos creer siempre que fue de orden académico, fuimos los seleccionados, de modo que cuando recibí la llamada telefónica en mi casa con la que comunicaron la decisión, me puse a saltar en una pata y pese a la fría acogida de la noticia por parte de mis padres (¿y cuanto le van a pagar mijo? No, nada madre, eso creo, Ahh), yo salí a contarle a mis amigos y colegas: voy a hacer la tesis en el instituto nuclear (¿en el qué?). Un sueño entonces para cualquier pichón de ingeniero químico.

«Tesista» era entonces em el IAN casi una categoría de empleado: estabas integrado a la demás gente, con ciertos dercehos como la alimentación en la cafeteróa, la particiación en los eventos, el uso de autos oficiales y otras prerrogativas (menos la del salario, queridos padres, todo menos eso, justo, justo eso) pero eras el pollluelo (o pollluela que también las había y muy buenas) que tenía que crecer (había tecleado «creer» y también de eso se trataba, de creer que lo nuclear era un buen proyecto. Borges, con razón decía que un error es siempre unas secreta corrección) al lado de los «duros» (ingenieros, físicos nuceleares, geólogos, biólogos y otras yerbas), pero de esto (de la vida en el IAN, hablaré en otro momento y en otro lugar, asó como de otros hitos de mi vida profesional.

Por ahora paso a una últma reflexión, como para que se justifique el título de esta primera columna del diario. Es sencillo: en
Estas útimas semanas he tenido que atender reuniones muy curiosas:. cena de despedida ofrecida por el departamentode literatura, entidad a la que estuve vinculado por más de treinta años; una entrevista radial en la que me vi re contando mi ingreso a ese campo de lo literario, entrevista para una videoserie llamada Ethos, con la que archivo (si, el archivo) histórico de la universidad homenajea (que palabreja tan fea, ¿cuál me proponen como sustituta?) Y una entrevista sobre mi obra digital que por «obsoleta» ya es objeto de arqueología, en fin: despedidas, memorias, homenajes, más entrevistas, en fin, todos signos de que algo empieza a cerrarse.

Pero, siguiendo a Pamela Paul, ¿es posible cerrar algo? Según la escritora, en tiempos de Internet ya no son posibles los cierres..

Continuará…

Y solo para dejar aquí el registro de las reacciones que causó la noticia en el Face, dejo el enlace de lo ocurrido

Superman con tapabocas

El abuelo cuenta 

¿Por qué papá Joao no puede salir de su cuarto? Le preguntas a tu mami y ella te explica que el coronavirus lo ha contagiado, que está un poco enfermo y que podría contagiarlos a ellos.

¿Está enfermo como la tía mima? Vuelves a preguntarle y ella, casi con lágrimas, te dice que no, que a la tía mima también la contagió el virus, pero la enfermó más y tuvo que ir a la clínica a que la curen los doctores.

Yo quiero ser doctor y también científico, le dices a tu mami. Y hacer como con el abuelo, preparar un líquido para matar el virus, yo puedo hacerlo.

¿O sea que el virus ya no está afuera sino aquí dentro de la casa? Preguntas después de un rato en el que estuviste mirando por la ventana de la sala hacia el jardín del conjunto donde te pareció ver a Lucas.

Si, mi hermoso, está en nuestra casa, explica tu mami, y por eso debemos cuidarnos los dos mucho, no entrar al cuarto de tu papá y no salir del apartamento porque podríamos estar contagiados y enfermar a otros como a tus abuelos o a Inés.

Tu mami se concentra en la pantalla del computador y le habla a alguien que la saluda desde el otro lado de esa ventana. Has aprendido que cuando eso pasa, tu mami está trabajando y no la puedes interrumpir, así que corres a tu cuarto y sacas los muñecos de su estante y los colocas sobre la cama, algunos y otros en el suelo. Te gusta ponerlos en fila y en orden. A veces por tamaño, a veces por colores o por personajes. Esta vez lo haces por colores: los capitanes América, que son azules junto a los Cat boy, los rojos ironmans junto a flash y a las ululet, los hulks que son verdes junto a los gekos y a las tortugas ninja.  Black panter se  junta con los batmans y decides poner uno al lado del otro a los Spiderman con los superman que usan el rojo y el azul. Pones en otra fila al joker, al trooper a yoga y a otros dos muñecos que no tienen colores iguales. La cama se llena, así que miras un momento el tapete pie de cama y pones allí a los personajes de Ben diez, Ben, el cabeza de llama, él cabeza de diamante y el cuatro brazos. Por alguna razón los juntas a las dos calaveras cabeza de lámpara.

Miras a un lado y al otro y te sientes contento con el arreglo.

No me hagas desorden Martin, escuchas que dice tu mami y también oyes que tu papi tose en su cuarto.

Vas a la sala, miras de nuevo por la ventana pero no ves ya a Lucas.

Está haciendo solecito, gritas para que tu mami escuche.

Si, bebé, te responde desde el cuatro de estudio que ahora es su oficina. Y enseguida te dice:

Si termino pronto salimos.

No mami, tranquila le gritas, no veo a Lucas.

Bueno mi niño, oyes.

Vuelves a tu habitación y al pasar por la puerta del cuarto de papá vuelves a oír su tos seca.

Papá sigue enfermo le dices a tu mami asomando tu cabecita por la puerta del estudio.

Si mi amor, tenemos que cuidarlo, pero no vayas a entrar, te advierte y luego ordena: cierra la puerta que entro a reunión.

Sabes que eso quiere decir que vas a estar solo por un buen rato.

Buscas en tu pupitre los vasos de plastilina y los ordenas por colores. Sacas la azul, la amasas con tus manitas como te enseñó papá y haces varias bolas pequeñas. Pones una en la cara de uno de los capitanes américa y le instalas un pequeño tapabocas. 

El virus está ahora en la casa y tenemos que usar el tapabocas, les adviertes con compasión a tus muñecos.

No se puede ver, pero es muy peligroso y si entra por la boca o por la nariz nos puede matar, continúas explicándole a tus amigos de plástico, mientras vas poniéndole a cada uno su tapabocas azul de plastilina.

Pero con mi abuelo vamos a preparar un líquido que lo va a matar y así no nos vamos a enfermar, les dices como consolándolos.

Mami, gritas entonces. Mami, vuelves a gritar, Mami, insistes hasta que ella contesta

Si, hijo ¿qué quieres?

Extraño a mi abuelo, dices.

Y también a la Ita, vuelves a gritar.

Extraño a papá, afirmas, pero como no recibes respuesta y escuchas su murmullo al otro lado de la puerta y un nuevo ataque de tos desde el cuarto, dices quedito,

Y también te extraño a ti, mami.

Terminas tu tarea con los muñecos y vuelves a la ventana con la esperanza de ver a Lucas, pero esta tarde no ha salido. Te entretienes mirando a otros niños que han salido al patio con sus papás y a los perros que corren por los prados, mientras sus dueños se juntan para hablar entre sí. Todos llevan tapabocas y entonces se te ocurre que podrías hacer tapabocas de plastilina para los perros y piensas qué color les quedaría bien. Decides que el blanco es el color más adecuado y te devuelves a tu cuarto a buscar el vaso. Cuando vas entrando, tu mami sale intempestivamente de su oficina, tú te alcanzas a asustar, pero enseguida una sonrisa se roba tu cara completa y le dices: Hola mamiiii.

Hola hijo bello, te contesta ella y luego te pregunta, ¿qué haces?

Mami se asoma a tu cuarto y ve los muñecos, todos protegidos con tus tapabocas mágicos de plastilina. Un par de lágrimas ruedan por sus mejillas, te levanta, te abraza y te susurra

Ven mi niño.

Te extraño mami, es lo único que se te ocurre decir.

Martin responde

No abuelo, para matar el virus no hay que hacer un líquido, eso se hace mezclando plastilinas en un pocillo de plástico y se pone a calentar en mi cocina de juguete, así se hace y luego se usa una jeringa para curar a los enfermos. Hay que ponerlos sobre la cama, y el médico que puedo ser yo o puedes ser tú, le revisa la fiebre y los ojos y los oídos y le pone la inyección. Así es abuelo.

Y abuelo, los perros no usan tapabocas ni de plastilina ni de tela, porque ellos no se contagian, son más fuertes que el virus y cuando dejan caca en el pasto es por culpa de los dueños, tu no entiendes abuelo.

Abuelo: te amo

El chichón de Martín

Cuenta el abuelo

Vimos a la Ita desde la ventana de la sala, estaba con Inés, ambas sentadas en una de las bancas del jardín del conjunto y hacía sol. No lo dudaste. 

Mami, gritaste, La Ita está con Inés afuera y hace solecito, ¿podemos ir con el abuelo un rato?

Bueno Martin, escuchamos los dos, pero ya sabes, te pones tapabocas y una chaqueta porque siempre hace viento allá afuera.

Es que tengo el disfraz de Sonic, aclaraste, porque estábamos jugando con el abuelo a la fiesta de Sonic, quiero salir con el disfraz.

Bueno hijo, pero con cuidado no corras mucho que te puedes caer, advirtió tu mami.

Estuve a punto de pedirte que te cambiaras al menos de zapatos porque los del disfraz son muy blandengues y te podrías lastimar los pies con el piso rugoso de los ladrillos allá afuera, pero no diste tiempo para nada y salimos como siempre corriendo y ansiosos, pues la oportunidad de salir un rato del apartamento había que aprovecharla siempre.

Volví a callar al ver que te resbalaste un poco cuando bajamos por las escaleras, pero ya estábamos prácticamente afuera y seguí contigo tomándote la mano.

Hola Martin, escuchamos que saludaba la bisabuela.

Hola Inés, hola Ita, respondiste, estábamos jugando a la fiesta de Sonic y yo era Sonic y el abuelo era Knuckles, cuando las vimos y entonces bajamos al solecito a acompañarlas.

Eso Martin, siéntate aquí, dijo Inés y la Ita te pidió un abrazo.

No Inés, dijiste, voy a correr como Sonic y te lanzaste a una de esas carreras en la que imitas la forma de correr del personaje con el consabido aspaviento de tus abuelas.

Después de un rato, te dio por subirte al pedestal donde habían armado el pesebre de navidad y estuviste allí un rato curioseando las figuras que cada vez, desde que las vimos unos años antes, eran más escasas y estaban más ajadas.

Yo decidí dar unos pasos alrededor. Solo dar la espalda y oí el golpe, tu cabeza cayó sobre el piso resbaloso del pedestal, así que corrí hacía ti a sabiendas de que el totazo era grave. Tu tardaste en reaccionar, pero cuando te alcé mientras la Ita e Inés saltaban de sus bancas, comenzaste a llorar con ese llanto que es ya un código del fuerte dolor. Corrí contigo hacia la entrada de la torre y cuando llegamos al ascensor levanté el pelo de tu frente: un chichón grande, un huevo que empezó a crecer ante mis ojos.

Nena saca hielo de la nevera, le dije a tu mami apenas nos abrió la puerta.

¿Qué pasó? preguntó tu mami y tú entre sollozos le contaste que te habías caído cuando mirabas el pesebre y te habías hecho un chichón.

Esos malditos zapatos de Sonic, fue lo único que se me ocurrió decir.

Tu mami te puso hielo, llegaron las abuelas y te sugerimos que contactaras al médico. No había sangre, pero el hematoma era impresionante. Ita fue a buscar alguna crema y tu mami como pudo le escribió un mensaje al médico y te tomó una foto.

Eso es mejor que lo lleven, sugirió Inés y tú te negaste: no yo no quiero, yo me quedo con mi mami.

Al rato llegó el escueto mensaje de respuesta del pediatra: hielo.

Eso nos tranquilizó un poco, pero estuvimos atentos durante las horas siguientes, en las que tú recuperaste el ánimo y no tuviste ningún signo que pudiera alarmarnos.

En los siguientes días, el hematoma fue cediendo en tamaño, pero hizo el recorrido de colores de siempre, de gris a verde a negro, a rosado y nosotros finalmente lo tomamos como tu lo hiciste, con humor.

Antes de la semana ya habíamos retomado la rutina y aunque todavía tenías algo de hinchazón, salimos los dos a jugar al patio del conjunto con un balón para patear, con tan mala suerte que uno de mis lances terminó en tu cabecita y claro, vino el grito, la angustia, el dolor y el corre corre al apartamento, donde se me ocurrió la gracia de decirte que te iba a salir un chichón en el chichón. Tú lo tomaste con una risotada y se convirtió en tema y chiste de los otros días. ¿cómo está el chichón del chichón? te preguntaba, y tú te reías y me contestabas con alguna ocurrencia.

Después de varias semanas por fin el hematoma cedió completamente y fuimos olvidando el drama, no sin varias lecciones aprendidas.

Responde Martín

No abuelo, no es chichón en el chichón, es un chichón en el chichón en el chichón. Se te olvidó contar que después del segundo chichón estuvimos jugando en la sala de la casa con la pelota de tenis, yo te la lanzaba y luego tú me la lanzabas, de un sofá al otro porque todavía estaba el árbol de navidad y de pronto tú lanzaste mal la pelota y me pegó en el chichón del chichón y me salió encima otro chichón y yo salí corriendo y llorando a contarle a mi mamá y ella me puso una cremita número cuatro porque me dolía mucho y yo le dije: el abuelo me pegó en el chichón y me salió otro chichón, lo que pasa es que no te acuerdas y se te olvidó contarlo. Ese abuelo Jaime sí, es loco.

Te amo abuelo

Te miro y no dejo de sorprenderme. Has aprendido todos los códigos de la telepresencia, no solo en tus clases virtuales en las que manejas la tablet como un experto, sino en las comunicaciones con las aplicaciones móviles. 

Claro abuelo es muy fácil, solo prendes el celular o la tablet y escribes tu nombre y ya puedes entrar a los juegos, al YouTube o a los mensajes. Mi nombre para entrar es este:

Y también me sé el tuyo: uno cinco nueve cero y ok. El de la Ita no tiene ok solo dos  cero uno y seis. Y ya me aprendí el de tu aipad que es jota a ere y dos y así puedo jugar a Sonic y también a los números y un juego que me enseñó el tío Daniel, scracht que sirve para hacer paisajes, personajes y animaciones.

En tu tablet, Martín, tienes de todo, juegos, Skype, aplicaciones para ver muñecos, como dices, y aprendiste a usar el messenger para vernos y para jugar a ser muchos personajes con los efectos sobre el rostro que incluye ahora la aplicación y para viajar a países como dices tú cuando usamos los fondos.

Podemos pasar horas, tu desde tu casa y yo en la mía, jugando con esas plicaciones como las llamas, ahora que nos ha tocado separarnos por la cuarentena que tuvimos que hacer y que nos separó intempestivamente por dos semanas.

Si abuelo. Me gusta ser el gato y también el perro y poner la cara chistosa de la nariz grande y la cara de los ojos de luz morada. Al principio me gustaban las caras de goku que te pone pelo negro, azul, amarillo, rojo y blanco, pero ya me cansé de jugar con esas. Es muy chévere ponerse caras y ver las tuyas como cuando usas la de bebé o la cara china, es muy chistoso, me río mucho.

Y cuando jugamos a los países, me gusta el cielo de los gatos y el cuarto de los zombis con la calavera y ese zombi que tu llamas frankastan. A veces viajamos a la playa o al espacio o a la nieve o a unas calles grandes y después nos metemos en una casa con cuadros de luces o vamos a ese país con fuegos artificiales y al de la luna.

Es tu manera de hacerle el quite a las dificultades de no estar físicamente juntos. No te varas, no te angustias, lo resuelves sin temores, sin reparos, pasas de un mundo a otro sin dificultades, es impresionante.

Lo que ahora me gusta más de las aplicaciones son los juegos, abuelo. El juego de comer hamburguesas y el de no dejarse pegar de los bloques. A veces me ganas tú, pero casi siempre soy yo el que te gano abuelo, es muy chévere.

Quizá lo que más me sorprende es verte en tus clases virtuales. Interactúas súper bien con los profesores, abres y cierras el micrófono cuando es necesario, saludas a tus amiguitos a quienes no conoces físicamente, y aunque te distraes un poco porque terminas muy rápido las actividades, las hace todas bien y con mucha soltura. Bailas, haces ejercicios, respondes a las preguntas, haces preguntas, todo con una naturalidad increíble. Sabes los horarios, aunque no pocas veces te aburres, pero aún así reconoces el valor de esos contactos.

Si, abuelo, me gustan mis clases, pero me gustaría que jugáramos más. Me gusta cuando hay que pintar o cuando toca decir las cosas en inglés y también jugar con los números

No sé qué consecuencias tendrá para ti y para tus amiguitos esta situación en la que las interacciones se reducen a lo virtual, pero tengo la sospecha y la esperanza de que será para bien, que cuando ya puedas ir al colegio, tus interacciones presenciales serán muy ricas, más ricas que si no hubieras tenido esta experiencia. En eso soy muy optimista. Solo basta verte, interactuar y transitar de un lado a otro para saber que serás, y serán tus amiguitos, personas muy especiales.

Abuelo quiero ir al colegio y jugar con Dieguito, pero me gusta mucho cuando nos vemos por el cuadrado.

Te amo abuelo.

Cuenta el abuelo

¿Éstas llorando abuelo?, me preguntas y yo, evadiendo la respuesta que debería darte, te contesto: no hermoso, es que me entró algo en el ojo. Entonces sales corriendo al cuarto de tus padres y regresas con un pequeño frasco gotero y me dices: ponte estas gotas, las usa mi papá cuando le arden los ojos. Gracias, mi amor, le digo y le explico que no se pueden utilizar medicamentos que usan otras personas. Tu aceptas a regañadientes mis razones y entonces me lanzas una de las preguntas que siempre haces para romper una situación aburrida: ¿jugamos abuelo? (la otra es todavía más retante: ¿bailamos abuelo?)

Así eres Martin, atento, te gusta complacer a otros, ofreces café o cerveza a las visitas como has aprendido de tus padres y cuando estás de ánimo hasta preparas “comida” en tu cocina de juguete, desde hamburguesas hasta helados, y luego llegas con platitos de plástico y pocillos y nos dices hay que compartir. Y ay de nosotros si no aceptamos el juego, debemos comer y agradecerte y tomar el café o el té que vienen después y todo lo que se te ocurra hasta que te cansas y cambias de actividad.

Tu eres Vegeta y yo Goku, me dices y entornas tus manos para hacer el famoso, temible y escandaloso kame kame ha con el que se supone que logras vencerme. Pasamos media hora haciendo variaciones a esa lucha en la que siempre sales ganador a excepción de algunos momentos en los que me concedes alguna victoria insignificante. Las reglas son estrictas y te molestas si no las sigo, pero a veces, lo confieso, no son fáciles de descifrar. Cambiamos cada tanto de juego: la competencia en las pistas de hot wheel, las batallas épicas entre spiderman y batman, la lucha con las tortugas ninja, los juegos con plastilina o la recreación de las actividades de papá, mamá y el bebé.

Martin, la época de reclusión que hemos sufrido en estos años de la pandemia tú la has logrado convertir en un gran escenario para el juego y la otredad, una habilidad en la que eres un maestro. No solo es jugar a, es jugar a ser otro, ser Goku, ser Sonic, ser Ben 10, ser Spiderman, ser papá, ser el bebé, con toda la interiorización y exteriorización que solo un buen actor logra desarrollar. No es nada fácil seguir esa exigencia, pero poco a poco he logrado algunos pinitos y por momentos alcanzo un grado mínimo de histrionismo que de todos modos no llega ni a los talones de tu capacidad. Y a veces, cuando logro acercarme a la personificación requerida en el juego, tú cambias el escenario.

Ahora eres Knuckles y yo Sonic, o ahora eres Batman y yo black panther. Ups

No abuelo, tú no puedes hacer el kame kame ha, eso solo lo hace Goku. Ah, perdón, digo entre avergonzado y frustrado, me equivoqué. Siempre te equivocas, reprochas, pero no te quedas ahí, te lanzas, me lanzas a otra película a otro país a otro planeta a otro paisaje a otro juego. Y yo apenas si puedo seguirte.

Pienso en la película de Roberto Benigni La vida es bella y me doy cuenta de que, en esta otra guerra, en este otro momento totalitario al que nos ha conducido el coronavirus y los intentos de vencerlo, no es Guido (no soy yo, claro) el que convierte la vida en juego, sino que es Giosuè (tú, el niño) el que lo logra. Y todo se invierte, pues eres tú, mi bello Martín, eres tú quien hace soportable para mi y para todos los que te rodean esta guerra, este tiempo extraño y por momentos triste y oscuro.

Eres una especie de Rey Midas: todo lo que tocas lo conviertes en juego

Dice Martín

¿Otra vez llorando abuelo? Estamos jugando, pero si quieres vamos a ver muñecos, me ofreces como alternativa con cierta consideración.

Te amo Abuelo.

Escribe el abuelo

No fui capaz de responderte con la verdad, hermoso, por eso mejor la escribo. No era una mugre en el ojo lo que me hizo llorar, no: fue pensar en ti, en lo que has tenido que vivir en estos años de la pandemia. Tengo una certeza, casi la única: sin tu presencia, sin tu capacidad para volver todo juego, sin la oportunidad que me da la vida de acompañarte en estos tiempos, no sé si habría soportado o de qué manera lo que nos ha tocado vivir. Por eso lloro, pero es más de alegría que de tristeza. ¡Juguemos!